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Celia de Media Luna
Por: Iraida Calzadilla
Rodríguez
Colaboradora de Rebelde
Enero 11 del 2005, 9:00am
Su nombre nos habla
de plazas, museos, hospitales y escuelas y su Celia de apenas cinco
letras también va perpetuado en niñas que hoy nacen.
O en pequeñas que ya corren y juegan en los parques. O en
esas jóvenes que ahora cumplen 25 años como su muerte
callada, como quien no quiere molestar, el 11 de enero de 1980.
Así se marchó
Celia Sánchez Manduley, Celia de su Media Luna natal, del
Pilón de la juventud, de prestezas revolucionarias en las
zonas orientales de Niquero, Campechuela y Manzanillo, y de los
días fatigosos y de victorias de la Sierra Maestra. Celia,
de quien no podrá hablarse sin que se le recuerde entre mariposas
y helechos, como la flor autóctona de la Revolución.
Este año,
en mayo de flores, cumpliría 85 años la inagotable
revolucionaria, la luchadora clandestina, la guerrillera. Esa mujer
que fue leyenda en los días de la Sierra Maestra y en los
avatares del llano y quien, cual orfebre, conservó desde
el más pequeño hasta el más importante documento
de la Revolución y fundó la Oficina de Asuntos Históricos
en 1964.
Al recuerdo de Celia
va permanentemente unida una virtud mayor: el humanismo. Así
le rememoran los cientos de guajiros de las lomas orientales a quienes
ayudó, los de la Ciénaga de Zapata que compartieron
alguna vez un encuentro imprevisto, la gente buena y humilde que
le escribía en los primeros años de la Revolución
para que su hijo estudiara en una beca "en La Habana".
Y es que ella es
también un viaje por la historia de la Revolución.
Recuérdese su ayuda a los expedicionarios del yate Granma,
fue la primera mujer en incorporarse al Ejército Rebelde,
y trabajó callada, sencilla y humildemente junto al Comandante
en Jefe Fidel Castro por 23 años.
Era también
miembro del Comité Central del Partido, diputada al Parlamento
cubano y secretaria del Consejo de Estado.
Esa es la Celia que
evocan los cubanos. Mujer delgada que vistió telas crudas
con anuncios de industrias nacionales; la de trenza larga, echada
al lado; la martiana por convicción y la cuidadora de la
naturaleza. Ella era la permanente guardiana de lo bello.
Es esa evocación
permanente de Celia Sánchez Manduley, mujer hecha de voluntad
y ternura, la que nos lleva a recordarla en tiempos de presente.
Entre colegas, es curioso cómo la representa la memoria afectiva.
Marta Rojas la define como soldado de la noticia e impulsora de
proyectos. Katiuska Blanco la trae desde las estanterías,
libros, fotografías, cerámicas, bailarinas españolas,
pisapapeles y pequeños detalles de su apartamento.
Vladia Rubio simboliza
en la C de Celia, la de Cuba y la de Coraje. Y Roger Ricardo describe
a Celia Sánchez en la urgencia de quien marcha al combate,
en la hora difícil, con el primer fusil, haciendo dianas
en la esperanza y realidad la victoria.
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