Celia de Media Luna

Su nombre nos habla de plazas, museos, hospitales y escuelas y su Celia de apenas cinco letras también va perpetuado en niñas que hoy nacen. O en pequeñas que ya corren y juegan en los parques. O en esas jóvenes que ahora cumplen 25 años como su muerte callada, como quien no quiere molestar, el 11 de enero de 1980.

Así se marchó Celia Sánchez Manduley, Celia de su Media Luna natal, del Pilón de la juventud, de prestezas revolucionarias en las zonas orientales de Niquero, Campechuela y Manzanillo, y de los días fatigosos y de victorias de la Sierra Maestra. Celia, de quien no podrá hablarse sin que se le recuerde entre mariposas y helechos, como la flor autóctona de la Revolución.

Este año, en mayo de flores, cumpliría 85 años la inagotable revolucionaria, la luchadora clandestina, la guerrillera. Esa mujer que fue leyenda en los días de la Sierra Maestra y en los avatares del llano y quien, cual orfebre, conservó desde el más pequeño hasta el más importante documento de la Revolución y fundó la Oficina de Asuntos Históricos en 1964.

Al recuerdo de Celia va permanentemente unida una virtud mayor: el humanismo. Así le rememoran los cientos de guajiros de las lomas orientales a quienes ayudó, los de la Ciénaga de Zapata que compartieron alguna vez un encuentro imprevisto, la gente buena y humilde que le escribía en los primeros años de la Revolución para que su hijo estudiara en una beca "en La Habana".

Y es que ella es también un viaje por la historia de la Revolución. Recuérdese su ayuda a los expedicionarios del yate Granma, fue la primera mujer en incorporarse al Ejército Rebelde, y trabajó callada, sencilla y humildemente junto al Comandante en Jefe Fidel Castro por 23 años.

Era también miembro del Comité Central del Partido, diputada al Parlamento cubano y secretaria del Consejo de Estado.

Esa es la Celia que evocan los cubanos. Mujer delgada que vistió telas crudas con anuncios de industrias nacionales; la de trenza larga, echada al lado; la martiana por convicción y la cuidadora de la naturaleza. Ella era la permanente guardiana de lo bello.

Es esa evocación permanente de Celia Sánchez Manduley, mujer hecha de voluntad y ternura, la que nos lleva a recordarla en tiempos de presente. Entre colegas, es curioso cómo la representa la memoria afectiva. Marta Rojas la define como soldado de la noticia e impulsora de proyectos. Katiuska Blanco la trae desde las estanterías, libros, fotografías, cerámicas, bailarinas españolas, pisapapeles y pequeños detalles de su apartamento.

Vladia Rubio simboliza en la C de Celia, la de Cuba y la de Coraje. Y Roger Ricardo describe a Celia Sánchez en la urgencia de quien marcha al combate, en la hora difícil, con el primer fusil, haciendo dianas en la esperanza y realidad la victoria.

 
  Fuentes: RHC, AIN, GRANMA, TRABAJADORES, JUVENTUD REBELDE, PL, REUTER, EFE, IPS, FP.