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La indeleble presencia del Che Luz María Martínez La figura del comandante Ernesto Guevara, con un brazo en cabestrillo durante la batalla de Santa Clara, del Ministro de Industrias en la inauguración de fábricas o de su andar por las calles citadinas, resulta imagen familiar en esa ciudad cubana del centro del país.
A 35 años de la desaparición física del Che y a un lustro de la llegada de sus restos, junto a los de un grupo de sus compañeros en la guerrilla boliviana, se refuerza esa permanente presencia en esa provincia, en cuya capital se erigió un Mausoleo en honor de él y sus seguidores en la contienda sudamericana. El legendario jefe, que emergió triunfante de una batalla desigual con fuerzas concentradas de la tiranía batistiana, en último mes de 1958, está latente en el conjunto escultórico que recuerda la temeraria acción contra el tren blindado del ejército gubernamental. Allí, en la fría noche del 28 de diciembre del 58 se desbarató la última esperanza militar del gobierno dictatorial con la maniobra de los rebeldes de descarrilar el convoy y rendir al fuerte destacamento de soldados y oficiales que, en un esfuerzo desesperado, trataba de llegar al oriente del país. Sitio céntrico de la localidad, lleno de simbolismo, es visitado por niños, jóvenes, pueblo y turistas extranjeros y en sus áreas se realizan ceremonias patrióticas que muestran el respeto y amor por los héroes, fundamentalmente, por el médico argentino-cubano. Después, lazos de trabajo mantuvieron al entonces Ministro de Industrias cerca de Santa Clara: inauguró fábricas y creó centros de capacitación para la formación de personal que pudiera asimilar las nuevas tecnologías. Por eso cuando
otras tierras del mundo reclamaron el concurso de su quehacer
guerrillero, su aliento quedó en el bregar cotidiano de hombres y
mujeres. Este ocho de octubre se cumple el XXXV aniversario de la desaparición física de Ernesto Guevara, pero como quienes aguardaran el retorno, los villaclareños construyeron en 1988 en Santa Clara una plaza con su nombre. Largas jornadas populares de labor voluntaria requirió la obra, que cuenta con un conjunto escultórico, en forma de pirámide escalonada, donde se halla una estatua del jefe guerrillero, con 23 metros de altura. En su base se destaca un friso con momentos de la invasión que él dirigió de Oriente a Occidente. En 1997 Santa Clara recibió los restos de su libertador, en unión de los de otro grupo de héroes. Aquellos días de octubre fueron de silencio, respeto, solemnidad, reafirmación de principios y demostración de amor de todo el pueblo cubano, representado por los villaclareños.
Sobrio y sencillo como el Che y sus compañeros de lucha, el recinto fue concebido a semejanza de un campamento guerrillero, con paredes de mármol de caras quebradas, muy rústicas, que simulan un farallón y donde flamea una llama eterna. Más de un millón de personas han visitado ese lugar en cinco años, período en que se completó el Destacamento de Refuerzo y se vuelve cada vez más histórica esta presencia indeleble, en la medida que el pueblo comprometido con los héroes lleva, junto a las flores, resultados de su quehacer revolucionario. |