Régimen paraguayo corta medidas populares de Lugo
El régimen paraguayo, emergido de un golpe de estado parlamentario contra el presidente constitucional, sufrió un nuevo revés diplomático en el seno del MERCOSUR, pero trata de buscar oxígeno en otras esferas, a la sombra de la OEA y Estados Unidos.
El Tribunal Permanente del Mercado Común del Sur cortó los impulsos del gobierno de facto de Federico Franco, el que demandó establecer un procedimiento de urgencia a fin de anular la suspensión de Paraguay en ese bloque.
El Partido Liberal Radical Auténtico, en el poder después de traicionar al presidente Fernando Lugo en la coalición que integraban, pretende con el apoyo del Partido Colorado recurrir a otras instancias para quebrar su aislamiento.
Las autoridades espurias de Asunción tienen esperanzas de hallar resquicios en la OEA porque la condena al golpe ha sido allí ambigua, sin dictar la separación de Paraguay.
Además, la OEA se asienta en Washington y está habituada a recibir señales de Estados Unidos, país que también se replegó entre los que condenaron el fulminante e infundado juicio contra Lugo.
Las huestes políticas de derecha que han dominado históricamente el escenario político paraguayo siguen plantadas en su gastada arenga de que el proceso contra el Presidente era justificado.
NO ofrecen pruebas y ni siquiera pueden argumentar la brevedad de la vista oral y del tiempo otorgado al acusado para su defensa.
Franco y sus cómplices de la oligarquía insisten en sus diatribas y torpezas porque están inspirados en una arcaica cultura política, forjada bajo la feroz dictadura de Alfredo Stroessner.
El Partido Colorado que acompañó al régimen militar durante décadas es el mismo confabulado ahora con el Partido Liberal Radical Auténtico, de Federico Franco, para ultimar el golpe contra Lugo.
Ambas formaciones pretenden que los vecinos latinoamericanos y más allá calcen sus argumentos y aprueben el ultraje contra el gobierno electo en las urnas.
Pero al menos en América Latina se aprecia una mayoría de gobiernos que rechazan el escarnio.
Esas autoridades y el pueblo paraguayo saben que la destitución de Lugo respondió a un plan y nunca a un hecho violento ocurrido en el país, como alegan los golpistas.
El objetivo era poner fin a un proyecto que a duras penas se abría paso y aunque NO pudo aplicar reformas en la esfera agraria, al menos brindó acceso a la salud a los sectores populares de forma gratuita, en tanto los niños recibían alimentos en las escuelas.
Se trata de logros que Franco NO podrá borrar del imaginario popular ni con la represión selectiva que ya aplica contra trabajadores estatales y simpatizantes de la experiencia política mutilada en Paraguay.















