Arquitectura trinitaria: el secreto de la Ciudad Museo del Caribe

Trinidad es un destino idóneo para conocer las características arquitectónicas heredadas de la colonización española. Foto: Archivo

Por Elizabeth Borrego Rodríguez

Los miles de turistas que llegan cada año a Trinidad, de Cuba, confirman los encantos de la tercera villa fundada por los españoles en la mayor isla de Las Antillas, considerada hoy una suerte de museo arquitectónico testigo del tiempo.

El empedrado de sus calles sinuosas, las aceras con ladrillos o losas bremesas, los altos ventanales y la uniformidad de las tejas acanaladas que cubren los tejados parecen detenidos en los siglos XVIII y XIX, cuando el desarrollo azucarero convirtió a la ciudad en una de las más prósperas de la nación caribeña.

Aquí se levantaron opulentos palacetes neoclásicos, iglesias y torres de estilo europeo y otras viviendas de fachadas sencillas, pero con techos colmados de atributos como estribados y moldaduras que dan fe de la pericia alcanzada por los artesanos trinitarios.

Gracias a la conservación y rescate de esos elementos y la adaptación de la vida cotidiana en medio de edificaciones de más de 300 años, Trinidad es considerada un destino idóneo para conocer las características arquitectónicas heredadas de la colonización española.

Inscrita desde 1988 en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco, la tercera villa cubana resguarda las claves de arquitectura tradicional hispanoamericana, influenciada por la transculturación, el mestizaje y la criollización de las construcciones.

Ya desde el siglo XVIII el trazado urbano de la villa impresionaba por su exuberancia, llegando a compararse con La Habana y otras urbes cubanas de importancia en la época, como escribió J. B. Rosemond de Beauvallon en 1841.

“Ninguna ciudad de la isla da una impresión visual más encantadora que Trinidad; sus calles trazadas a cordel, sus viviendas regulares, sus empedrados y sus amplias aceras le dan un aire de limpieza no característico de las otras ciudades cubanas”, apuntó en su libro La Isla de Cuba.

Sin embargo al decir de Alicia García, estudiosa del patrimonio arquitectónico cubano, Trinidad constituye un excepcional testimonio de la época, particularmente por la manera en que se conformó su arquitectura doméstica.

Aun cuando existen edificios religiosos, civiles e inclusive militares de interés, estos constituyen ejemplos aislados que toman sentido dentro del conjunto de sus homólogos en toda Cuba, señala.

Las viviendas, sin embargo, componen un conjunto singular, mezcla de dos modelos aportados por España: la casa de patio y la traza regular que se fusionan en un solo resultante, la ciudad indiana, explica la especialista en su texto Las primeras villas cubanas.

Como resultado, la evolución de la arquitectura en Trinidad revela con toda claridad la incidencia de dichos procesos y el resultado en una casa distintiva, trinitaria y cubana, una “bella cubana”, insiste.

Miles de visitantes llegan actualmente a la Ciudad Museo del Caribe a disfrutar de secreto privilegiado que guardan sus calles y edificios: el conjunto arquitectónico trinitario, que resulta un sorprendente viaje al pasado, un regalo a la vista escondido en la cotidianidad.

(Tomado de PL)

Editado por Martha Ríos



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