Cocina erótica de Cuba
Por: Fernando Fornet Piña
Comúnmente, la cocina erótica se asocia más con las de latitudes tropicales que con las de climas templados y fríos. Y aunque esto es solo un supuesto, el hecho cierto es que el archipiélago cubano se encuentra ubicado precisamente en esa franja geográfica, lo que matiza de manera favorable la opinión con respecto a su cocina sensual.
Las inquietudes gastronómicas afrodisíacas criollas han abonado un terreno donde se insertan muchas conjeturas popularmente aceptadas. No faltan por tanto, platos variados con productos procedentes del reino animal o del reino vegetal, o ambos en conjunto. Y como es un tema que denota de manera excepcional la idiosincrasia nacional, se mezclan parejamente, aspectos de otras manifestaciones como, la música, la danza, el teatro, el vocabulario, la gesticulación o el refranero. Presente siempre la insinuación, elemento más que probado en la mística que rodea el hecho afectivo.
Cuando indagamos sobre los productos del reino animal habituales en la leyenda culinaria popular, tenemos que no faltan el carey con su afamada «picha» -órgano sexual masculino— y las huevas de la hembra, el tiburón y sus aletas, los crustáceos refinados como langosta y camarones, los testículos y la cola del toro, los huevos de pato, el cobo, los ostiones y ostras en general, la jicotea, la codorniz y sus huevos, los cangrejos, el erizo blanco, el cocodrilo, la jalea real y la miel, peces de carne suculenta; aunque no faltan recetas de animales con carnes nobles —pollo, por ejemplo— que asociadas con «proyectiles» afrodisíacos, lleven al ansiado estado de excitación sexual.
Los productos vegetales son también apreciables. En su libro, Plantas medicinales, aromáticas y venenosas de Cuba, el destacado botánico Juan Tomás Roig, establece una clasificación de un numeroso grupo de plantas que crecen en la Isla y precisamente identifica como afrodisíacas no menos de 20 de ellas: aguacate, bija, caña brava, cocotero, cola, culantro cimarrón, cúrbana, eucalipto, jengibre, macío, mangle prieto, marañón, mate colorado, palo boniato, ortiguilla, picapica, pimienta, pino, puente de mono, raíz de indio, rompe camisa macho, sterculia foetida y vainilla. Pero la creencia general identifica muchas otras: maní, ajonjolí, menta, pétalos de rosa, cebolla, ajo, el cacao y su chocolate secular, la fresa húmeda y melosa, la papaya —mandrágora exuberante por su aspecto físico y doble sentido—. Y si de pociones de amor se trata, dos humildes ejemplares cargan con la fama: el guarapo y el prú.
La cocina erótica cubana no es una excepción,tiene reglas que deben seguirse puntualmente para obtener resultados satisfactorios. Para comenzar, las recetas escogidas deben ser estudiadas. En un segundo escalón, escoger los ingredientes con cuidado. En el caso de aquellos ingredientes que a la larga se exhibirán como tales, sin mayores transformaciones externas aparentes, deben mantener las características que los identifiquen con el lenguaje amoroso. Las texturas serán suaves, húmedas y gelatinosas; evitando en todo momento la apariencia reseca, agresiva o vulgar. Trabajar la recreación teniendo presente el receptor o la receptora. Potenciar los sabores sin necesidad de exagerar, pero a toda costa impedir que queden desabridos. Intercalar, en una amalgama agradable, un conjunto de colores sugestivos, favoreciendo el espectro que forma el rojo hacia el amarillo, evitando aquellas tonalidades difusas o confusas. Impida dar la impresión de que la comida preparada vino de alguna parte preelaborada, como sucede con los platos que nos entregan a domicilio.
La presentación, unida a la decoración, requiere un cuidado especial. Preparar la mesa de forma que sugiera una ingenua complicidad. El mantel, la loza, la cubertería, la luz tenue, la disposición, la introducción al servicio —recordar que es solo para dos—; así se lograráque la elaboración se dirija de formaineludible hacia el fin deseado.
PAVO EN SALSA DE GUAYABA, MENTA Y JENGIBRE
600 gramosde pechuga de pavo
30 mililitros de aceite
2-3 dientes de ajo
1 cebolla grande
Sal pimentada al gusto
60 gramosde zanahoria
60 gramosde ajo puerro
150 mililitros de caldo de ave
30 mililitros de vino blanco
200 mililitros salsa de guayaba con menta y jengibre
Dore en aceite la pechuga del pavo, añádale ajo machacado, cebolla cortada a la juliana y sal pimentada al gusto. Coloque la pieza en una tartera montada sobre una cama de zanahoria, cebolla y ajo puerro, cortados en medallones finos. Rocíe la pechuga con caldo de ave e introdúzcala en el horno durante 30-40 minutos. Perfúmela con vino blanco 5 minutos antes de terminar la cocción. Extraiga la pieza, cuele el jugo que liberó en el proceso de horneado e incorpórelo a la salsa de guayaba. Tronche la pechuga asada y báñela ligeramente con la salsa. Sirva la pechuga en lonjas, acompañadas con el resto de la salsa, en un recipiente aparte, para que cada comensal la utilice a su gusto.
Para elaborar la salsa:
Mezcle 100 gramos de pulpa de guayaba, 60 mililitros de caldo clarificado, 30 mililitros de miel de abejas y el zumo de 1 limón pequeño. Póngalo al fuego unos minutos y, después, agréguele 3-4 tallitos de menta, macerados junto con sus hojas, y 10 gramos de raíz de jengibre machacada. Déjela que tome cuerpo ligeramente. Adiciónele una cucharada de harina de trigo y cocínela, sin dejar de revolver, unos 10 minutos más.
SEPA QUE...
Según la leyenda popular haitiana, Erzulie, es la diosa vudú de la belleza y el amor. Esta tradición ha acompañado a los emigrantes de aquel país que emigraron hacia Cuba.





























