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Aida
Díaz Chang
¿Alguna
vez se ha preguntado por qué
un alumno que fue muy aventajado
en clases no alcanzó el éxito
esperado en su vida profesional
y privada?
Para responder a esta pregunta,
debemos analizar el concepto de
inteligencia.
El
significado más generalizado
de este término se refiere
a la capacidad que tiene el hombre
para entender, asimilar y elaborar
información, a la vez que
relacionarla y utilizarla. Se compone
de la inteligencia racional y la
emocional.
La
primera considera el concepto de
inteligencia como un potencial que
cada ser humano posee en mayor o
menor grado y se vincula al volumen
de conocimientos que una persona
puede adquirir. Howard Gardner,
psicólogo norteamericano
de la Universidad de Harvard, escribió
en 1983 que la inteligencia es la
capacidad para resolver problemas
o elaborar productos que puedan
ser valorados en una determinada
cultura.
La
inteligencia emocional fue descrita
en 1995 por Daniel Goleman, psicólogo
norteamericano, como la capacidad
para reconocer sentimientos propios
y ajenos, y la habilidad para manejarlos.
Distinguió que es importante
conocerse a sí mismo, distinguir
sentimientos y capacidades propias
y de otros, cultivar motivaciones
y manejar las relaciones interpersonales
en el sentido de “ponerse
en el zapato del otro”. Considera
que esta combinación es la
clave del éxito de muchas
personas.
Cuando
estamos emocionalmente perturbados,
solemos decir que “no podemos
pensar bien” y permite explicar
por qué la tensión
emocional prolongada puede obstaculizar
las facultades intelectuales.
Las
emociones son importantes para el
ejercicio de la razón. Entre
el sentir y el pensar, la emoción
guía nuestras decisiones.
Estados emocionales negativos pueden
bloquear decisiones importantes.
El pensamiento racional es el substrato
material de las emociones, pero
en aquellos momentos en que las
emociones se desbordan, asumen por
completo el control de la situación,
quedando la razón supeditada
a ella.
Cuando
se quiere sobresalir en el trabajo,
el coeficiente intelectual, aunque
es valioso, pasa a un segundo plano,
siendo la inteligencia emocional
el factor a tomar en cuenta para
proponer o promover a una persona
para un puesto importante, encargarle
determinados proyectos o colocarlo
en puestos estratégicos.
Muchas de las prácticas gerenciales
que ahora están en boga tienen
su origen en estudios que se centran
en el modo en que cada uno se conduce
y se relaciona con quienes lo rodean.
Los resultados del trabajo del hombre
dependen en gran medida de sus estados
emocionales.
No
basta con almacenar conocimientos
en la memoria, lo importante es
saber cómo, cuándo,
dónde, y con quién
utilizarlos. Percibir dónde
está la oportunidad y aprovechar
su aparición para actuar.
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