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El hambre se abalanza sobre el Sahel

Tal y como ocurrió en el Cuerno de África, en el Sahel también se extiende la hambruna mientras que los países ricos se mantienen casi indiferentes, atareados algunos de ellos en intervenir en conflictos que pueden explotar a su favor, y en la espiral armamentista.

altEn las llanuras del Sahel, plagadas de arena y rocas, cerca de 12 millones de personas están en emergencia alimentaria a causa de la inclemente sequía, otra de las consecuencias del cambio climático.

La aridez destruyó las cosechas en una región tradicionalmente poco fecunda extendida entre el desierto del Sahara, en el norte de África, y las sabanas de Sudán en el sur.

Bajo la amenaza de quedarse sin comida están muchos habitantes de Burkina Faso, Chad, Malí, Níger, Mauritania y zonas del norte de Camerún, Nigeria y Senegal.

Los expertos albergan temores pronunciados sobre Mauritania, el país con menores reservas de agua potable del mundo, de ahí que posea escasas alternativas para contrarrestar la sequía y la pérdida de cosechas.

Lo peor es que la temporada de lluvias se iniciará dentro de seis meses y NO es difícil suponer que hasta ese momento millones de personas más se sumen a las que ya están en emergencia alimentaria.

Como siempre ocurre, los niños son los más vulnerables y en este caso pudiera morir hasta 60 por ciento de los que estaban desnutridos antes de llegar la sequía a su punto culminante.

Posiblemente muchas de las víctimas que hoy en el Sahel arañan la tierra en busca de algún fruto o vegetal que escapara a la calamidad NO estén informados de los apremios, por la misma causa, en otra región de África.

En el cuerno de África murieron miles de personas por la falta de lluvias y las consecuencias de los conflictos armados y si bien llegó allí una parte de los recursos financieros demandados, el monto total necesario nunca se acopió.

Lo mismo pudiera ocurrir en el Sahel porque con frecuencia se pierden en el viento los llamados a cooperar con África lanzados por funcionarios de la ONU y entidades humanitarias.

Países industrializados como Estados Unidos, Canadá y algunos de Europa parecen más ocupados en cambiar gobiernos allí donde NO siguen los requerimientos de Occidente, como ocurrió en Libia, y ahora se aprecia en Siria.

Es más, los ricos NO abandonan la carrera armamentista que distrae recursos que serían más efectivos en el combate contra la pobreza.

El personal militar de Estados Unidos se reducirá en casi seis por ciento, pero el presupuesto para el año 2013 se en niveles astronómicos, 525 mil millones de dólares.

Más al norte, el gobierno canadiense comprará seis aviones militares de control remoto, los conocidos “drones”, servidos por el Pentágono estadounidense.

Mientras Ottawa abona por cada avión autómata 30 millones de dólares, en el Sahel proliferan a la intemperie los esqueletos del diezmado ganado, víctima de hambre y sed.  FIN 

EL HAMBRE SE ABALANZA SOBRE EL SAHEL

Tal y como ocurrió en el Cuerno de África, en el Sahel también se extiende la hambruna mientras que los países ricos se mantienen casi indiferentes, atareados algunos de ellos en intervenir en conflictos que pueden explotar a su favor, y en la espiral armamentista.

En las llanuras del Sahel, plagadas de arena y rocas, cerca de 12 millones de personas están en emergencia alimentaria a causa de la inclemente sequía, otra de las consecuencias del cambio climático.

La aridez destruyó las cosechas en una región tradicionalmente poco fecunda extendida entre el desierto del Sahara, en el norte de África, y las sabanas de Sudán en el sur.

Bajo la amenaza de quedarse sin comida están muchos habitantes de Burkina Faso, Chad, Malí, Níger, Mauritania y zonas del norte de Camerún, Nigeria y Senegal.

Los expertos albergan temores pronunciados sobre Mauritania, el país con menores reservas de agua potable del mundo, de ahí que posea escasas alternativas para contrarrestar la sequía y la pérdida de cosechas.

Lo peor es que la temporada de lluvias se iniciará dentro de seis meses y NO es difícil suponer que hasta ese momento millones de personas más se sumen a las que ya están en emergencia alimentaria.

Como siempre ocurre, los niños son los más vulnerables y en este caso pudiera morir hasta 60 por ciento de los que estaban desnutridos antes de llegar la sequía a su punto culminante.

Posiblemente muchas de las víctimas que hoy en el Sahel arañan la tierra en busca de algún fruto o vegetal que escapara a la calamidad NO estén informados de los apremios, por la misma causa, en otra región de África.

En el cuerno de África murieron miles de personas por la falta de lluvias y las consecuencias de los conflictos armados y si bien llegó allí una parte de los recursos financieros demandados, el monto total necesario nunca se acopió.

Lo mismo pudiera ocurrir en el Sahel porque con frecuencia se pierden en el viento los llamados a cooperar con África lanzados por funcionarios de la ONU y entidades humanitarias.

Países industrializados como Estados Unidos, Canadá y algunos de Europa parecen más ocupados en cambiar gobiernos allí donde NO siguen los requerimientos de Occidente, como ocurrió en Libia, y ahora se aprecia en Siria.

Es más, los ricos NO abandonan la carrera armamentista que distrae recursos que serían más efectivos en el combate contra la pobreza.

El personal militar de Estados Unidos se reducirá en casi seis por ciento, pero el presupuesto para el año 2013 se en niveles astronómicos, 525 mil millones de dólares.

Más al norte, el gobierno canadiense comprará seis aviones militares de control remoto, los conocidos “drones”, servidos por el Pentágono estadounidense.

Mientras Ottawa abona por cada avión autómata 30 millones de dólares, en el Sahel proliferan a la intemperie los esqueletos del diezmado ganado, víctima de hambre y sed.  FIN 

 

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