Trump se rodea de halcones

Editado por Jessica Arroyo Malvarez
2018-03-14 12:21:55

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Foto: Internet

Por Guillermo Alvarado

El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de la destitución del magnate petrolero Rex Tillerson como secretario de Estado no causó sorpresa alguna porque se sabía que sólo era cuestión de tiempo, dadas las contradicciones notorias entre ambos funcionarios en temas clave de la política internacional de esa potencia.

Lo que debe llamar a una profunda reflexión a la comunidad internacional, es el reordenamiento que el jefe de la Casa Blanca aprovechó para hacer, habida cuenta del historial de quienes llegaron a puestos donde tendrán una gran capacidad de decisión.

Para sustituir a Tillerson, que entraba en contradicción con la política estadounidense hacia la península de Corea, el acuerdo nuclear con Irán y otros asuntos delicados, el presidente nombró al hasta ayer jefe de la Agencia Central de Inteligencia, la tenebrosa CIA, Michael Richard Pompeo, más conocido como Mike Pompeo, cuyo pensamiento está en línea con su ahora jefe directo.

Si haciendo un esfuerzo de imaginación a Tillerson se le podría considerar una “paloma”, no cabe la menor duda de que ahora estamos en presencia de un “halcón” de la más pura estirpe.

Pompeo es graduado con honores en la academia militar West Point, esa misma donde obtuvieron sus grados personajes como Anastasio Somoza Debayle, el dictador nicaragüense de ingratos recuerdos; su antecesor en el cargo, Alexander Haig; o el general Wesley Clark, quien dirigió los bombardeos de la OTAN que despedazaron a Yugoslavia.

Aunque luego hizo estudios de derecho en la universidad de Harvard, eso no modificó su pensamiento ultraconservador, lo que demostró al alistarse al ala más a la derecha del partido Republicano, esa corriente denominada “Tea Party”.

Con amplia experiencia en asuntos de inteligencia, seguridad nacional y militar, fue un crítico del expresidente Barack Obama por firmar el acuerdo nuclear con Irán. Cuando se difundió el informe del comité de inteligencia del Senado sobre las torturas perpetradas por la CIA contra algunos prisioneros, defendió esas políticas y calificó de “patriotas” a los torturadores. Es también un firme activista porque se mantenga abierto el campo de prisioneros de Guantánamo y son públicos sus comentarios contra el islam y sus líderes religiosos.

Respeto a su sucesora en la dirección de la CIA, Gina Haspel, no tiene nada que envidiarle al que fue su patrón. Se trata de una agente de campo con gran experiencia en operaciones clandestinas.  La primera mujer en dirigir el mayor aparato de espionaje del mundo trabajó encubierta en Londres; después dirigió una prisión clandestina en Tailandia donde se torturaba a los prisioneros y se sospecha que en 2005 ordenó destruir todas las cintas donde estaban registrados esos abusos.

En su hoja de servicios figura que fue directora adjunta del Servicio Nacional Clandestino de Inteligencia Extranjera y Acción Secreta, jefa de Gabinete del director del Servicio Nacional Clandestino, y en el Centro Contraterrorista.

Sería de una gran ingenuidad pasar por alto estos datos y no hacerse la pregunta de ¿para qué se está preparando Donald Trump? Ciertamente no es para la paz. Recuerden amigos oyentes y lectores que “guerra avisada, no mata soldados”



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