Guatemala: Tragedias anunciadas

Editado por Maite González Martínez
2018-06-04 10:06:57

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Amiran White / www.globallookpress.com

Por: Guillermo Alvarado

Por lo menos 25 muertos, decenas de heridos, miles de evacuados y un millón 700 mil afectados dejó la violenta erupción del volcán de Fuego, ubicado a unos 35 kilómetros al oeste de la capital de Guatemala, una tragedia que se incrementa por la falta de previsión y el abandono en que viven muchas comunidades en el interior del país más desigual de nuestra región.

Se trató de un fenómeno natural de singular potencia, pues las columnas de humo, vapor de agua y cenizas se elevaron por encima de los seis mil metros de altura y al ser dispersadas por el viento obligaron a cerrar el aeropuerto internacional La Aurora y afectaron el tráfico en las dos principales carreteras del suroccidente.

Es verdad que no siempre se puede prever un hecho de esta naturaleza, si bien en muchos países se ha invertido en investigaciones para medir la actividad volcánica que precede a una gran erupción, no así en Guatemala.

Además ya sea si se ha vivido o no en las inmediaciones de un coloso, casi todo el mundo sabe que esto ocurrirá tarde o temprano, más aún si se trata de uno que está en actividad constante, junto a sus semejantes Santiaguito y Pacaya, ubicados en el llamado “cordón de fuego” que atraviesa la nación centroamericana.

Entonces, ¿por qué no adoptar las medidas pertinentes y proteger a la población? En 2012 este mismo volcán obligó a evacuar a más de diez mil personas que, una vez terminada la emergencia, volvieron a sus poblados porque es el único recurso que tienen ante la falta de una oferta mejor por parte de las autoridades.

 

Decenas de miles de personas viven en Guatemala en las faldas del volcán de Fuego y otros de su especie, así como en las márgenes de ríos caudalosos o laderas de montañas e incluso en los cerros que rodean la capital, conscientes de que al menor desequilibrio de la naturaleza su vida corre inminente peligro.

Para ellos no es una opción habitar en esos lugares, como tampoco lo es ser pobres o extremadamente pobres. Están allí porque no les queda más remedio, porque son el resultado de un sistema injusto, que está diseñado para privilegiar a los más ricos y abandonar a los desposeídos, porque de ellos los políticos sólo se acuerdan cuando a cada cuatro años van a pedirle su voto a cambio de promesas siempre incumplidas.

El actual gobierno que preside Jimmy Morales no es el responsable total de esta tragedia. El es sólo uno de ellos en esa larga cadena de iniquidades que eternizan a las mismas víctimas una y otra vez, porque cuando usted hace un recuento de los daños, descubre que siempre son los pobres los que pagan los platos rotos.

En estos días las imágenes impactan a todo el mundo, pero poco a poco se irán diluyendo y al final, dentro de semanas, a lo más unos pocos meses, nadie estará en los poblados destruidos esperando con cámaras el retorno de los sobrevivientes.

Como solía decir con amargura un buen amigo mío, los guatemaltecos tenemos memoria de quincena, olvidamos pronto y por eso caemos siempre en la misma trampa.

Es momento, en mi opinión,de repetir una vez más aquella sentencia de que los fenómenos son naturales. Las tragedias las ponemos los seres humanos. FIN



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