La corrupción corroe a América Latina

Foto: IMCO

Por: Guillermo Alvarado

América Latina pierde cada año miles de millones de dólares como consecuencia de la corrupción, lo que significa una sangría considerable y el desperdicio de la oportunidad de poner fin a problemas graves que azotan a la población, entre ellos la pobreza, la insalubridad, carencia de vivienda digna o de posibilidades de superación.

De acuerdo con un estudio realizado por la organización Integridad Financiera Global, publicado por el diario mexicano Excelsior, el costo económico de esta plaga desde México hasta Chile fue el año pasado de nada menos que 142 mil 920 millones de dólares, lo cual equivale al tres por ciento de su Producto Interno Bruto regional, una cifra colosal.

Ante la conciencia de la magnitud del problema, que el papa Francisco definió como una gangrena, en muchos lugares la gente se ha lanzado a las calles e incluso ha conseguido éxitos parciales, como sucedió en Guatemala donde un presidente y su vicepresidenta, hablamos de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, perdieron sus cargos y fueron a la cárcel donde esperan juicio.

No obstante, al ojear los principales diarios de ese país centroamericano, son cotidianos los titulares sobre millonarios desvíos de dinero realizados por funcionarios públicos, diputados o empresarios, lo que significa que no basta con cortar algunas cabezas si no hay cambios estructurales que impidan el saqueo de las arcas estatales, que son, en realidad, de la población que es la que produce con su trabajo la riqueza.

En toda la región México encabeza el listado de los que más pierden por la corrupción, pues en la década de 2003 a 2012 vio volatilizarse por esta vía alrededor de 500 mil millones de dólares, que habrían bastado y sobrado para generar desarrollo en las zonas más pobres de esa extensa nación.

El caso es que los escándalos se multiplican por todos lados, lo mismo en Colombia que en Perú, o en el pequeño El Salvador, donde el expresidente Antonio Saca confesó que desvió al menos siete millones de dólares del Estado hacia las arcas de su partido político, la derechista Alianza Republicana Nacionalista, ARENA.

Pero la corrupción no sólo cuesta dinero, sino que en muchos casos también se cobra vidas, como sucedió en Guatemala donde un grupo mafioso compró medicinas de mala calidad para el Instituto de Seguridad Social y afectó, entre a otros miles de personas, a pacientes con trasplante renal varios de los cuales fallecieron.

Este flagelo también afecta la cohesión social y mina considerablemente la confianza de la población en sus gobernantes y en los políticos tradicionales, lo que por otra parte contribuye a acelerar algunos cambios y lo sucedido en México con la aplastante victoria de Andrés Manuel López Obrador es un buen ejemplo de ello.

Hay un evidente descontento entre los pueblos, que cada vez con mayor fuerza toman las calles, como se ha visto en Brasil y Perú y que nos hace recordar aquel viejo refrán de que “lo bueno que tiene todo esto, es precisamente lo malo que se está poniendo”.

Editado por Lorena Viñas Rodríguez



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