Los costos del fracaso
Por Oliver Zamora Oria
Los enemigos de Siria se salieron con la suya; tras la sospechosa matanza en Hula, los cabecillas antigubernamentales pidieron al antiguo secretario general de la ONU, Kofi Annan, que declarara el fracaso de su Plan de Paz de seis puntos… y el diplomático ghanés no tuvo más remedio que aceptar la ineficacia de su propuesta. Aunque no se reconozca a todas luces y sea triste admitirlo, fue un punto a favor de las potencias extranjeras, las monarquías del Golfo y las bandas violentas opuestas al mandatario sirio Bashar Al- Assad.
El plan de Annan nunca fue bien visto y aceptado del todo. La propuesta fue asumida en palabra (no en hechos) por la oposición porque puso contra la pared a estas fuerzas; de no hacerlo en su momento hubiera sido como rasgarse las vestiduras y mostrarle a todo el mundo sus pocos deseos de llegar a un acuerdo político; por lo tanto, luego de aceptarlo aparentemente, era necesario llevarlo al fracaso y vieron entonces una mayor campaña contra el gobierno sirio, actos terroristas a todo lo largo del país y, para rematar, las sospechosas matanzas de civiles en Hula y Hamas, de las cuales se culpa a Damasco pero los mayores beneficiados son sus enemigos.
¿Por qué el rechazo a la iniciativa pacificadora de Kofi Annan? Sencillo, no incluía la retirada del presidente Bashar Al-Assad, la petición número uno de sus opositores. Como en muchos gobiernos árabes, la personalidad es un factor determinante en la política y en el caso de Siria, Bashar Al-Assad es la cabeza de un sistema. Mientras él desempeñe una función dentro del país ese sistema estará vivo y las opciones políticas de sus enemigos serán limitadas.
También es una cuestión de orgullo, la caída o permanencia del líder sirio será el símbolo de la derrota o el fracaso de occidente. Si se llega a un acuerdo pacífico sin el mandatario no importa lo que suceda al interior del país, sería un proceso político muy complejo y poco abordado en la prensa como es hoy el polvorín de Libia. Pero Bashar Al-Assad fuera del poder ya sería un titular sencillo y contundente para mostrar a la opinión pública.
Cuando digo que la oposición está en franca ventaja no me refiero solo a haber logrado el fracaso de dicho Plan de Paz, sino al poder obtenido para negociar. Annan debe presentar otro proyecto ante Naciones Unidas y los opositores serán ahora más exigentes a la hora de decidir dar el visto bueno. Si conquistó el sí de ambas partes con enormes dificultades hace algunos meses, ahora el negociador requerirá un esfuerzo triple.
Por su parte, Rusia sigue desempeñando un papel fundamental y está casi obligada a asumir una postura radical. Hasta ahora la condición principal es la no intervención extranjera armada, pero en los pasillos y oficinas del Kremlin se sabe que eso no es suficiente. Aunque se llegue a un acuerdo político, una Siria inestable, sin un gobierno aliado como el de Al-Assad, es una pieza ganada por aquellas potencias interesadas en colar conflictos dentro del gigante euroasiático.












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