Paraguay, leyes torcidas
Después de un relampagueante proceso legislativo en el que se recortaron las posibilidades de defensa, la derecha en Paraguay destituyó al presidente electo, Fernando Lugo, un ex obispo cercano a las aspiraciones de las masas, imposibilitado de actuar por las maniobras de la oligarquía y los políticos tradicionales.
Con ningún apoyo en América Latina, el ambicioso Federico Franco, hasta ahora vicepresidente, logró posesionarse de la máxima investidura del país, después de ayudar a arruinar las gestiones del Primer Mandatario.
Franco tiene que refugiarse en los grandes hacendados y el omnipresente Partido Colorado, el mismo que cohonestó la dictadura de Alfredo Stroessner y goza de mayoría en ambas cámaras del Congreso.
El nuevo régimen paraguayo, impuesto en los salones del lujoso Congreso y NO en las urnas, sólo ha contado con el saludo de los embajadores de Estados Unidos y Alemania en Asunción y del alto clero.
La posición crítica de Brasil genera dolor de cabeza en los políticos conservadores que orquestaron el juicio sumarísimo y repentino contra Lugo, dado que hacia el gigante sudamericano se envía el 60 por ciento de las exportaciones paraguayas.
A pesar de que juran y perjuran que NO hubo golpe, los exponentes del nuevo régimen instaurado con rapidez inusual en Asunción, deberían comprender que la farsa con visos legales desplegada en los corrillos legislativos carece de solidez.
A ningún presidente electo constitucionalmente se le echa del poder en 24 horas, con sólo 120 minutos de defensa y menos se prescinde de investigar las acusaciones.
Atinadamente calificado de parodia de justicia, el meteórico proceso contra Fernando Lugo es una afrenta a la democracia representativa que los partidos opositores paraguayos, de oscuras raíces derechistas, dicen defender.
Entre los argumentos empleados resaltan algunos insostenibles como aquel que apunta al Primer Mandatario por firmar la cláusula democrática del MERCOSUR y otro por permitir una reunión política de jóvenes.
Incluso un incidente con campesinos utilizado en contra de Lugo parece ser un acto provocado desde los predios de quienes buscaban una detonante para consumar el juicio político.
Para muchos analistas, los sucesos en Asunción guardan coincidencias con el zarpazo en Honduras contra Manuel Zelaya, en 2009.
Allá como aquí se confabularon las fuerzas políticas más retrógradas en contra de lo que intuyeron como ansias de cambios, si bien en la práctica las gestiones correctamente intencionadas de Lugo y Zelaya fueron obstaculizadas y cosecharon pocos resultados.
Como señalara Cuba en una declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores, “después de décadas de sangrientas dictaduras militares que asesinaron cientos de miles de personas (…) esta estrategia violenta y antidemocrática ha sido retomada con métodos clásicos o nuevos”. FIN












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