La mala salud de la "city" londinense
En una prueba más del descontrol de las instituciones financieras del mundo capitalista, uno de los mayores bancos británicos, Barclays, admitió recientemente la manipulación de las tasas de interés que rigen los intercambios en la “city” londinense, el más famoso escenario financiero de Europa.
NO se trata de una alocada jugarreta de adolescentes sino de una bien pensada estratagema de empleados de cuyo duro, entre los que sobresale uno de los directivos de Barclays, Roberto Bob Diamond.
La rápida y profunda investigación ordenada por el Parlamento británico pone de relieve la gravedad de la manipulación, toda vez que el Libor es la tasa que rige los préstamos y otros intercambios entre los bancos nativos.
Para que se tenga una idea del alcance de la treta en torno al Libor admitida por los directivos de Barclays, es oportuno señalar que esa tasa se fija diariamente en Londres para 10 divisas a partir de los datos procedentes de entre 8 y 20 bancos.
El hecho de que las pesquisas iniciales involucren también al subgobernador del Banco de Inglaterra Paul Tucker, provoca que los clientes británicos duden aún más de la credibilidad de las instituciones financieras representantes del gran capital.
Una vez más se comprueba que en tiempos de crisis global los ejecutivos bancarios tratan de salvar a cualquier precio a las firmas que representan y engordar sus bolsillos, por si sobreviene la catástrofe, como ocurrió en Estados Unidos con Lehman Brothers.
De nada valen ahora las precipitadas acciones de las autoridades estadounidenses y británicas para tratar de aminorar el escándalo, para lo cual multaron a Barclays por una suma millonaria, al acusarlo de aportar datos falsos para fijar el Libor.
Lo cierto es que en plena crisis crediticia del 2008, oportunidad en la que se enmarca la manipulación, Barclays trató de dar una falsa imagen de fortaleza financiera frente a sus rivales.
Sería ingenuo pensar que sólo esa entidad recurrió a tamaña bribonada.
Obligados por el escándalo, las autoridades hurgan en los entretelones de otros bancos británicos y de varios países, todos ellos columna vertebral del sistema financiero local, que aporta el 10 por ciento del Producto Interno Bruto del Reino Unido.
Los adulones del gran capital, en especial del neoliberalismo, saben que el paso en falso de una entidad que se inserta en la aparentemente sólida “city” londinense, pone una vez más en entredicho la decisión de la época de Margaret Thatcher de dejar que el mercado funcione sin control.
Además de incidir en la crisis financiera global, los mercados sin regulación amparan la codicia de banqueros como Bob Diamond, un ciudadano nacido en Estados Unidos y nacionalizado británico.
Jerarcas como Diamond se han atribuido jugosos bonos como recompensa aunque fuera de sus lujosas oficinas el soporte de las finanzas crujiera como una madera podrida.
Mientras una claque de privilegiados amasan fortunas, millones de consumidores en el mundo se preguntan si ellos también han sido víctimas de un gran fraude, el de Barclays, insertado en la atildada y ascética “city” londinense. FIN












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