Paraguay, golpistas y embusteros
El material audivisual presentado por el régimen paraguayo de Federico Franco, en el que se pretende involucrar a Venezuela con una supuesta instigación a los militares para apoyar al destituido Fernando Lugo, padece la misma fragilidad argumental y chapucería que el juicio celebrado a la carrera en el Congreso.
Después del contundente portazo lanzado a los golpistas parlamentarios paraguayos por los gobiernos de América del Sur y parte de los caribeños y centroamericanos, el otrora vicepresidente Franco, hoy investido como Jefe de Estado, actúa con desesperación.
Bajo la fachada del médico que imperturbablemente conduce a su paciente enfermo por los procesos de curación, el galeno Franco y su Partido Liberal Radical Auténtico comienzan a percatarse de su soledad diplomática en el subcontinente.
Mientras saboteaba o simplemente NO colaboraba con parte de los proyectos del hoy depuesto presidente Fernando Lugo, Franco apenas podía frenar sus ansias de poder.
A la postre ejecutó, junto a su partido, la traición al Primer Mandatario, a pesar de integrar la coalición gobernante.
La meteórica celebración del juicio contra Lugo para impedir su defensa gracias al contubernio con el Partido Colorado en el Congreso, puso al desnudo la orfandad conceptual de la oligarquía derechista que controla importantes resortes de poder en Paraguay.
Ni los colorados son demócratas, pues sostuvieron la dictadura de Alfredo Stroessner por décadas, NI Franco y sus correligionarios son lo que dicen, o sea, los “salvadores” de un país conducido a un alegado caos.
El miedo a una posible organización de las fuerzas populares, que por demás NO llegó a concretarse, y el persistente reclamo de Lugo y sectores campesinos para la celebración de transformaciones agrarias, espolearon a los traidores.
Las consecuencias están a la vista. Justificadamente la UNASUR, Unión de Naciones Suramericanas, y el MERCOSUR, Mercado Común del Sur, suspendieron la participación de Paraguay en esas organizaciones y además la nación guaraní fue excluida del Banco del Sur.
El aparentemente impasible Federico Franco sabe que tarde o temprano las relaciones comerciales con sus vecinos se reducirán y ya no podrá Asunción mantener un nexo económico que representa el 70 por ciento del total.
Los oligarcas y empresarios paraguayos unidos a políticos renegados se han sumido en el deshonor y sufren impotencia por las acusaciones internacionales, al haber quebrado el curso de un gobierno electo en las urnas.
La prensa privada de América Latina, la misma que exacerba los ánimos contra los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, de Venezuela, Hugo Chávez, de Bolivia, Evo Morales, y de Argentina, Cristina Fernández, ha voceado el embuste antivenezolano.
Los pueblos deben percatarse de que los golpistas de Asunción quieren que la atención se desvíe hacia Caracas para impedir que sigan acusándolos de lo que son, una falange de antidemócratas. Fin












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