La “democracia libia” flota en el caos
Por Oliver Zamora Oria
Libia fue noticia este fin de semana, al celebrar unas elecciones parlamentarias en medio de un contexto nacional complicado que abre dudas sobre el futuro político del país. Con la fanfarria mediática, la gran prensa pudo mostrar, con algunos matices, los “logros democráticos” de los invasores extranjeros a favor del pueblo libio.
Se entiende entonces que el Consejo de Seguridad de la ONU, el secretario general de Naciones Unidas, los líderes europeos y el presidente estadounidense Barack Obama, se congratulen por la realización de los comicios, sin embargo, al interior de Libia el festejo es a medias, pues las elecciones podrían ser un elemento que agudice los enfrentamientos internos entre las tribus y las milicias, las cuales en la práctica son el verdadero poder en el país.
Las parlamentarias no pueden ser un éxito político real en una nación tan fragmentada y con instituciones apenas constituidas. Si vamos a los números veremos más claro el fenómeno, por ejemplo, participaron alrededor de 150 partidos políticos, lo cual es el reflejo de las enormes divisiones en la base y una gran cantidad de puntos de vista divergentes. Un elevado número de agrupaciones políticas no es muestra de madurez democrática, sino de la falta de consenso nacional.
La propia asignación de cuotas en el Parlamento es un problema que incrementará las tendencias federalistas, para no decir secesionistas. El ente legislativo contará con 200 escaños, 100 para la región occidental, donde se encuentra la capital, Trípoli; 60 para la oriental, con la cuna de la revuelta a la cabeza, Bengasi, y solo 40 para la zona septentrional. Ese esquema fue asumido como injusto y discriminatorio para muchos pobladores de Bengasi, quienes decretaron hace meses una profunda autonomía y sabotearon los recientes comicios con hechos de violencia, e incluso, el asesinato de un funcionario que transportaba material electoral.
Pero ojalá los problemas de Libia fueran solo la falta de consenso. Las divisiones en la cúpula política (si existe) es el reflejo de las grietas en la base. Medios de prensa recogen anécdotas y ejemplos de un verdadero caos. Es común que las milicias armadas pidan enormes sumas de dinero a las empresas para proteger sus propiedades y los campos petrolíferos, estos asaltos pueden ser mensuales y protagonizados por grupos diferentes.
Alrededor de 60 milicias gobiernan al país y los políticos locales cuentan con las mismas para lograr un poco de orden en sus regiones, sin embargo, se teme que esas “alianzas” desemboquen en señores de la guerra. Según los analistas, muchos políticos intentarán ganarse el favor de las instituciones y gobiernos internacionales cediendo a la privatización de los recursos petroleros; si eso ocurre sería una bomba política, pues los libios desean mantener el control de la industria para asegurar los beneficios sociales de la era Gadaffi. Aunque poco se conoce, los trabajadores del sector petrolero ya han organizado docenas de huelgas contra este tipo de medidas.
El conflicto en Libia es un libro que no se cierra. Las elecciones parlamentarias no serán la solución a los problemas, tan solo aparentan avances que distan de la realidad.












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