Agenda pródiga de los CDR en un país en lucha

Por: Roberto Morejón

Los rigores ante la pandemia por el nuevo coronavirus evidenciaron en Cuba, reiteradamente, la utilidad de los CDR, Comités de Defensa de la Revolución.

A seis décadas de surgir esas agrupaciones de vecinos en el fragor de los atentados contrarrevolucionarios, los Comités enclavados en calles y comunidades campesinas se adaptan a las nuevas circunstancias.

El respaldo a la educación, jornadas voluntarias y patrióticas, recogida de materia prima, protección del medio ambiente y fomento de la solidaridad asumieron protagonismo en la agenda de los conocidos aquí por sus siglas CDR.

Con la fibra vital aportada por más de ocho millones de miembros, los Comités tienen papel permanente a jugar en bien del barrio.

Ahí está la disposición a ponerse en sintonía con la compleja situación epidemiológica del país.

Si bien las autoridades sanitarias con el apoyo de la ciencia mantienen a Cuba muy por debajo de la incidencia de la COVID-19 en comparación con países de América Latina y el Caribe, ha sido necesaria la conjunción de impulsos. 

Y ahí estaban los CDR, cuyos integrantes respaldaron quehaceres de los trabajadores de la salud, detectaron personas vulnerables y acompañaron a estudiantes de Ciencias Médicas en pesquisas.

También emprendieron reconocimientos a los médicos cumplidores de misiones en otras tierras pertenecientes al contingente Henry Reed.

Ante las dificultades económicas por las huellas de la pandemia y el bloqueo estadounidense, afiliados a los Comités cubanos formaron parte de grupos de apoyo para organizar el acceso a establecimientos comerciales y neutralizar a acaparadores.

También comienza a recobrar nervio el movimiento para fomentar el Programa de la Agricultura Familiar.

Es decir, la cotidianidad en Cuba exige acopiar fuerzas y recursos para ensayar respuestas integrales a desafíos del presente, y es lógico contar con los CDR.

A lo interno, esas células de barrio liman insuficiencias localizadas en cuadras donde el empuje de las tareas recae mayoritariamente en adultos mayores. 

Por fortuna, NO se trata de la tendencia nacional, pues más de 35 por ciento de los dirigentes de base de los CDR tenían menos de 40 años en 2019.

Las múltiples ocupaciones de Cuba de hoy y del futuro demandan la mayor armonización posible entre los bríos juveniles y la experiencia de los veteranos.

Editado por Maite González Martínez



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