Covid: Esperanzas y dificultades

 Por: Guillermo Alvarado

Todas las esperanzas están puestas en la fabricación de vacunas efectivas.

De acuerdo con datos recientes la pandemia de covid-19 ha infectado en todo el mundo a más de 56 millones de personas, de las que cerca de un millón 350 mil perdieron la vida, y todas las esperanzas están puestas en la fabricación de vacunas efectivas, que podrían estar listas en unos meses.

En la carrera por lograr este inmunizante participan hasta el momento 48 candidatos registrados en la Organización Mundial de la Salud, muchos de ellos impulsados por el afán de obtener cuantiosas ganancias y sólo unos pocos con objetivos verdaderamente humanitarios.

Figuran en esta clasificación los dos proyectos cubanos, Soberana I y II, únicos desarrollados por un país latinoamericano y que mantienen los principios de solidaridad que caracterizan este sistema de salud, basado en salvar vidas, no en obtener dinero.

Algunos otros candidatos están en pugna por demostrar su potencial eficacia y algunos consorcios ya lograron cerrar contratos para la potencial venta de millones de unidades. Me refiero, por ejemplo, a los laboratorios germano-estadounidenses BioNTech/Pfizer, o el británico Oxford-AztraSeneca.

Para transnacionales de este tipo la pandemia se convirtió en una oportunidad de hacer jugosos negocios.

Para que se tenga una idea de los costos que implican estas operaciones, la Organización Panamericana de la Salud, OPS, anunció que para vacunar al 20 por ciento de la población en esta área se necesitan 2 mil millones de dólares, cifra que muchos países no tienen.

Además del dinero, quedan pendientes otros temas espinosos, como es el caso de los refugiados y emigrantes concentrados en campamentos fuera de sus países y a los cuales no está claro quién se encargará de inmunizar.

Esta semana el director de la Oficina Internacional para las Migraciones, Antonio Vitorino, recordó a los miembros de la Unión Europea que tienen la obligación de garantizar el acceso a futuras vacunas a todas las personas que están en su territorio, y no sólo a sus propios ciudadanos.

Con particular crudeza advirtió que no se trata nada más de un asunto humanitario, sino también de una cuestión de seguridad sanitaria de la población general de los países de acogida de migrantes.

Causa una particular preocupación lo que ocurre en las costas del norte de África, como en Libia, que además de ser un punto de partida alberga en condiciones desastrosas a decenas de miles de personas de ese continente.

A punto de cumplirse el año del descubrimiento de los primeros casos de esta enfermedad, se combinan esperanzas, frustraciones y más preguntas que respuestas sobre su curso y su eventual final.

Editado por María Candela



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