Punto de no retorno

Por: guillermo Alvarado

Nada debería volver a ser igual en Estados Unidos después del bochornoso espectáculo de una turba, con elementos armados entre ella, irrumpiendo por la fuerza en el Capitolio, sede del poder legislativo, para impedir la certificación de la victoria del presidente electo, Joe Biden.

Para empezar, el todavía jefe de Estado, Donald Trump, instigador de este vandalismo, debería renunciar a su cargo lo más rápido posible porque en su afán de mantener el poder a toda costa, violó la Constitución y todo el ordenamiento jurídico y social que tenía la obligación de proteger.

En efecto, todos los caminos conducen a responsabilizar al magnate inmobiliario, porque él convocó a una manifestación de fuerza en Washington, arengó a los participantes con sus denuncias sin pruebas de un fraude electoral y prácticamente los instó a dirigirse hacia la sede del Congreso.

Trump, asimismo, debería someterse a los tribunales de ese país, porque con su conducta, no sólo la de este miércoles sino que antes, durante y después de los comicios del 3 de noviembre se puso al margen de la ley.

Chantajeó a un alto funcionario del estado de Georgia con el propósito de que “le consiguiera” los votos que le hacían falta para proclamarse ganador en ese lugar, actitud a todas luces ilegal.

Luego emplazó públicamente al vicepresidente Mike Pence para que ignorara la Constitución e impidiera la certificación de Biden, algo para lo que su segundo a bordo no está mandatado, porque su papel en la ceremonia de la víspera en el recinto legislativo era totalmente protocolar.

Sin duda alguna la sangre de una joven mujer, fallecida tras recibir un disparo durante los disturbios, cae sobre las manos de Trump, porque ella estaba allí obedeciendo a su petición.

La toma del Capitolio significa un punto de no retorno en ese país, que insistía en ser la primera democracia del planeta y ahora mostró la profundidad de las fracturas sociales y políticas que lo habitan.

Estos acontecimientos han causado repudio y preocupación en varios países del mundo, que expresaron su firme condena al accionar de los grupos de extrema derecha, que una vez más demostraron ser un peligro para la tranquilidad y seguridad de la sociedad.

A propósito, en estos momentos no puedo menos que preguntarme ¿Pedirá Luis Almagro, el cabecilla de la Organización de Estados Americanos, OEA, la aplicación de la “Carta Democrática” contra el país de sus amores?

Trump no es, por supuesto, el único responsable del futuro derrumbe del imperio estadounidense, como Calígula no lo fue del romano, pero ambos pusieron notable empeño en precipitar el final.

Editado por Maite González Martínez



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