¿Historias paralelas?

Simpatizantes de Trump asaltan Capitolio de EE.UU./ Reuters

Por: Guillermo Alvarado

La ocupación del Capitolio de Estados Unidos por grupos violentos, instigados por el presidente Donald Trump para impedir la certificación de la victoria de Joe Biden en las elecciones del 3 de noviembre pasado, da lugar a muchas interpretaciones, algunas muy preocupantes.

Una primera interrogante tras estos acontecimientos es ¿qué buscaba verdaderamente el magnate inmobiliario al lanzar sus hordas contra el emblemático edificio, donde sesionaban las dos cámaras del Congreso?

Se cae de la mata que si Senadores y Representantes no lograban certificar los resultados de los comicios en ese momento, lo harían más tarde o en otro lugar, pero lo harían de todos modos, a menos que….

Pues sí, a menos que la acción iniciada en Washington y replicada en numerosas ciudades de ese país desencadenara un movimiento de tal fuerza que trastornara y rompiera por completo la institucionalidad, interrumpiera definitivamente el traspaso de poderes y abriera oscuros caminos.

Sé que puede parecer una hipótesis disparatada, pero en la cabeza de Trump cualquier idea es factible, incluso la de perpetuarse en el poder por los métodos más inesperados. Personalmente no creo que haya convocado en Washington a personas de todo el país sólo para hacer un poco de ruido.

Ven ustedes la cantidad allí presente de banderas confederadas, que hace rato dejaron de ser un símbolo nostálgico de los estados sureños derrotados en la Guerra de Secesión, para convertirse en emblema de los supremacistas blancos, intolerantes, racistas y violentos.

O el personaje aquel medio vestido con pieles y cuernos de búfalo en la cabeza que se hace llamar QShaman, uno de los líderes de la amorfa, pero numerosa secta QAnon, que considera a Trump el elegido para derrotar a un  imaginario gobierno mundial corrupto y satánico.

Pueden parecer un grupo de locos, pero además de Estados Unidos ya tienen millones de seguidores en Europa y algunos países de América Latina y se multiplican como bacterias en las redes de Internet.

Y no pude menos que recordar el incendio el 27 de febrero de 1933 del Parlamento Federal alemán, el Reichstag, provocado por el partido nazi para afincar el poder de Adolfo Hitler en ese país europeo, preámbulo de una de las tragedias más grandes sufridas por la humanidad en tiempos recientes.

No estoy muy seguro de que los conocimientos de historia de Donald Trump lleguen hasta allí, pero sí de que, en su personalidad y la del furibundo líder nacional socialista, hay notables e inquietantes paralelos.

No echemos en saco roto sus palabras cuando aceptó una transición ordenada el 20 de enero y agregó: ¡es apenas el inicio de nuestra lucha!    

Editado por Maite González Martínez



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