A pesar de todo, China florece

por Roberto Morejón
Demasiada prisa evidencian instituciones internacionales y el poder mediático al presentar como un gran descalabro el ligero decrecimiento de la economía de China, aunque aún así tuvo un alza por encima de 7%.
En efecto, en 2014 la segunda economía mundial creció 7,4 por ciento, comparado con la previsión de 7,5% y con 7,7% del año previo.
Un país que habituó al mundo a prosperar cerca de 10% anual, aparece ahora con el menor aumento en 24 años, suficiente para que en Occidente emitan lúgubres pronósticos sobre su futuro.
Expertos más serenos recordaron que las circunstancias de China tienen similitud con la de los restantes miembros del grupo BRICS, al que también se afilian Rusia, Brasil, India y Sudáfrica.
Si bien hasta las propias autoridades chinas aceptan la influencia nociva de la crisis financiera global, problemas de la vivienda, una débil inversión y bajo crecimiento de las manufacturas, el gigante asiático está lejos de abandonar la senda del florecimiento.
Otros indicadores calzan esa aseveración como la creación de 13 millones de empleos en 2014, por encima de 2013, y la inversión en el exterior superó al ingreso de capitales foráneos en su mercado.
“La economía china no sufrirá un aterrizaje abrupto”, afirmó el primer ministro Li Keqiang, quien aseguró que su gobierno mantendrá la estrategia de lograr un crecimiento medio-alto a largo plazo.
Para conseguirlo, Beijing continuará con lo que llama reformas y apelará a un manejo más certero de la política fiscal, el tipo de cambio y los mercados financieros.
Además, será menos dependiente de la industria pesada y el comercio para favorecer el consumo interno.
A pesar de caer el año pasado, la tasa de expansión de la economía china prevalece sobre la de otros países y a su favor gravita la merma de los precios del petróleo, del cual es importador.
El estatal Banco de Desarrollo de China respalda las previsiones optimistas al revelar un plan de préstamos del equivalente de 96 000 millones de dólares para proyectos de infraestructura locales en 2015.
Por otra parte el número de empresas chinas recién fundadas subió casi 46% en 2014 en relación con el año anterior y siguen teniendo eco los acuerdos de la cumbre ministerial con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.
En la próxima década, China aspira a alcanzar un comercio bilateral de 500 000 millones de dólares con esa área y una inversión directa de 250 000 millones de dólares.
Para latinoamericanos, caribeños y africanos China es un socio confiable y fuerte.
Mucho más cuando nadie ha osado apartar a esa gran nación de las previsiones para 2030, cuando se convertiría -según los augurios- en la primera economía mundial.

















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