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El difícil acercamiento entre el pan y el hambre

por Roberto Morejón

América Latina y el Caribe crean la única región del mundo que alcanzó la meta del Primer Objetivo del Milenio de reducir a la mitad la proporción de personas con hambre para el año 2015, aunque queda mucho por hacer y la CELAC es un ámbito para propiciarlo.

La tercera cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños discutió entre sus temas fundamentales cómo reducir la cifra de personas con hambre.

El índice está estrechamente ligado a la pobreza, fenómeno que también ocupó a los gobernantes congregados en Costa Rica, sede del magno foro.

Un punto de partida esencial para amortiguar la cifra de latinoamericanos y caribeños subnutridos es el plan presentado a la CELAC por la FAO, Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.

La propuesta ayudará a diseñar planes nacionales para concretar el compromiso de erradicar el hambre y la pobreza extrema.

Por supuesto, sería prudente que cada gobierno se plantee la premisa de que el hambre es la expresión más brutal de la desigualdad y América Latina y el Caribe es la región en condiciones más adversas en ese sentido.

El presidente cubano, Raúl Castro, ofreció en San José cifras impresionantes. En promedio, el 20% de los hogares con menores ingresos capta el 5% de los ingresos totales.

La presidenta chilena Michelle Bachelet evocó acertadamente hace unos meses a la poetisa Gabriela Mistral porque la ilustre Premio Nobel de Literatura 1945 resumió el drama en una sentencia irrefutable: “el pan y el hambre se buscan y no se encuentran”.

La CEPAL anota que 68 millones de latinoamericanos y caribeños sufren pobreza extrema y los gobiernos tienen el reto de encontrar cómo se mueven “de la cultura del privilegio a la cultura de la igualdad”, como señalara Alicia Bárcena.

La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica de la ONU para América Latina es una incansable defensora de la meta de erradicar la pobreza extrema en el área en 2030.

Si se lograra, podría afrontarse en mejores condiciones el hambre en América Latina y el Caribe, donde la proporción de individuos que la sufre bajó de 15,3% en 1992 a 6,1% en 2014, o sea, todavía es un flagelo latente.

En ese escenario son dignas de estudio experiencias positivas como las de Brasil y Bolivia.

Desde el primer gobierno de Luiz Inacio Lula Da Silva hasta el de Dilma Rousseff se erogaron cerca de 35 000 millones de dólares para los programas de seguridad alimentaria y nutrición, entre ellos el denominado Hambre cero.

El caso de Bolivia es ejemplo al enfatizar en políticas de seguridad alimentaria que generaron una rápida disminución del hambre, indicador que cayó 7,4% entre 2009 y 2014.

La CELAC debe tener presentes esas experiencias así como la de Cuba, cuyo gobierno considera acertadamente que hacer frente a la inseguridad alimentaria requiere una fuerte voluntad política y un enfoque multisectorial que conlleve cambios en los sistemas alimentarios, de salud y educación.

Editado por Maria Calvo
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