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Poniatowska sobre Juan Goytisolo

Por Elena Poniatowska

Juan Goytisolo, el más reciente premio Cervantes, es un hombre singular como singulares son sus libros. Helen Lane, la traductora del Conde Julián, como yo lo llamo, porque nunca puedo decir de un jalón su verdadero título: Reivindicación del conde don Julián, lo quería entrañablemente.

También lo quisieron Carlos Fuentes y sus hijos, Carlos y Natasha Fuentes Lemus, que en alguna época vivieron con él en Marrakech.

Si nuestro Carlos Fuentes leía a Cervantes al comenzar cada año de su vida, Goytisolo reivindicó su nacionalidad cervantina. Y la de Fuentes y la nuestra. Me gustó que dijera: “Cervantear es aventurarse en el territorio incierto de lo desconocido, con la cabeza cubierta con un frágil yelmo bacía”.

México también es un gran adicto a Goytisolo, tanto a sus reclamos políticos como a su conducta humana. Goytisolo denuncia la corrupción y se ocupa de los que nada tienen.

En 2002 Juan Goytisolo ganó el Premio Octavio Paz de Literatura, y Paz ya no alcanzó a verlo.

En 2004, México puso en sus manos el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, que entrega la Feria del Libro de Guadalajara, y ya no lleva el nombre de Rulfo, sino el de Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

Cuando Goytisolo visitó México por primera vez, lo hizo con su mujer, Monique Lange, con quien trabajaba en Gallimard. Fuimos a las pirámides de Teotihuacán.

Ya Carlos Fuentes lo quería entrañablemente y Goytisolo no había escrito sino sus primeros libros Señas de identidad y La isla, entre otros.

Recuerdo que Monique Lange –fallecida en 1996– me dijo que era malsano tener una adoración por Simone Weil, a quien yo veneraba: “Esa mujer es la antítesis de la felicidad”, exclamó.

Juan la escuchaba con devoción –desde entonces se consideraba un aprendiz de escribidor–, y cuando alegué que Simone se había muerto en un hospital en Londres, en 1943, con tal de no comer sino lo que comían los que combatían contra los nazis, me dijo que yo era demasiado joven para empecinarme en lo que Monique consideraba morboso.

Ahora, al recibir el Premio Cervantes 2014, Goytisolo reconoció a Podemos y a Pablo Iglesias, aunque fuera con mayor sutileza que la mía en la Complutense, ante el noble rector José Carrillo, y eso me dio alegría.

Goytisolo criticó al gobierno de la España actual: “El panorama a nuestro alcance es sombrío: crisis económica, crisis política, crisis social. Las razones para indignarse son múltiples y el escritor no puede ignorarlas sin traicionarse a sí mismo”.

Cervantear con Juan Goytisolo significa, tal como él nos lo pide, “no resignarse ante la injusticia”. A los “aprendices de escribidor” nos espera en México y en toda América Latina una inmensa tarea: la de no “distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre”.

*Periodista y narradora mexicana. Premio Cervantes de Literatura 2014.

(Tomado de La Jornada)

Editado por Martha Ríos
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