Lucha contra narcotráfico en México, ¿guerra de baja intensidad?

por Guillermo Alvarado
Numerosas interrogantes despiertan los acontecimientos vividos el fin de semana en el estado mexicano de Jalisco, con el derribo incluido de un helicóptero gubernamental por medio de un lanzacohetes operado por bandas de narcotraficantes, y otras acciones propias de un conflicto armado de baja o mediana intensidad.
La ciudad de Guadalajara, segunda urbe en importancia en el país latinoamericano con cuatro millones y medio de habitantes, sufrió en pocas horas 39 bloqueos en diferentes vías de comunicación, incendio de vehículos y agencias bancarias, así como balaceras que dejaron más de una decena de muertos, varios desaparecidos y numerosos heridos.
Hechos similares ocurrieron en los vecinos Colima, Michoacán y Guanajuato y también de Veracrúz y Guerrero y pusieron en evidencia la capacidad de fuego de las bandas criminales y las dificultades de las fuerzas del orden y los aparatos de defensa para mantenerlas bajo control.
Lo curioso es que, al menos en el papel, el Estado mexicano parecía ir ganando la guerra contra los traficantes, tras la captura en los últimos meses de 93 de los 120 jefes más buscados en el país, entre ellos Joaquín González, conocido como “el chapo” y los cabecillas del grupo denominado Los Zetas, Miguel Ángel y Omar Treviño Morales; así como de Servando Gómez Martínez, alias "la tuta", jefe del cartel de “Los caballeros templarios”.
Según la lógica, estas detenciones debieran haber desarticulado a estos grupos pero, igual que la mitológica Hidra de Lerna, parece que cada vez que les arrancan una cabeza, surgen dos más.
Analistas advirtieron hace tiempo que el narcotráfico requiere de un enfoque integral y multidisciplinario, con una activa cooperación internacional que incluya a los países productores y, en particular, a la nación que alberga el mercado de consumo más grande del mundo, Estados Unidos.
La vía exclusivamente militar, privilegiada por México a instancias de Washington, no sólo es insuficiente, sino que a todas luces resulta contraproducente porque conduce a un enfrentamiento sin salida, donde los muertos los pone el pueblo, mientras las drogas continúan su camino hacia el norte y engordan los bolsillos de los vendedores de armas, que pertrechan a todos los bandos en disputa.
El uso de lanzacohetes de nueva generación es una novedad. Se supone que estas armas están sujetas a rigurosos controles, pero tras el alegre reparto de arsenales hecho por occidente a cuanto grupo pareció servir a sus intereses en África, Asia y el Oriente Medio, no resulta raro que aparezcan también en este lado del Atlántico.
Lo ocurrido este fin de semana en México es un llamado de atención general sobre verdades elementales. Los pueblos y los gobiernos son vulnerables ante los narcotraficantes por la miseria y la ignorancia. Ya lo dijo Álvaro Obregón durante la revolución mexicana: en un ambiente de pobreza “no hay general que resista un cañonazo de 50 000 pesos”. Agréguese a ello una ley elemental del mercado: desaparezca la demanda, y desaparecerá también la oferta.

















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