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A 70 años del primer ataque nuclear de la historia, la humanidad rechaza ese crimen

foto: María Calvo

foto: María Calvo

por Guillermo Alvarado

Este jueves a las 8.15 de la mañana, hora local, una joven y un escolar japoneses hicieron vibrar la campana colocada en el Memorial de la Paz de la ciudad de Hiroshima, para recordar el momento exacto en que 70 años atrás una bomba atómica estadounidense borró del mapa esa urbe y mató en un segundo a más de 80 000 personas, cifra que en pocos años se elevó a 200 000 por las heridas, quemaduras y el efecto nocivo de las radiaciones.

Tres días después, el masivo asesinato se repitió de nuevo en el puerto de Nagasaki, lo cual convierte a estos bombardeos en el genocidio más grande de la historia perpetrado en apenas 72 horas.

Muchas son las justificaciones que políticos, académicos y militares estadounidenses han esgrimido en las últimas siete décadas para tratar de explicar al mundo el por qué de esta barbarie.

Figuran entre los argumentos que se evitó así la muerte de medio millón de jóvenes norteamericanos en una eventual invasión militar a Japón; que si era la única manera de poner fin a la II Guerra Mundial porque no había otra alternativa viable; que si se advirtió a la población civil japonesa antes del ataque; o que si fue la forma de encarar una política firme ante la entonces Unión Soviética tras el fin del conflicto.

Todas estas justificaciones son falaces y no resisten el análisis de la historia y de los hechos, pues a esas alturas ya el imperio japonés estaba táctica y estratégicamente derrotado, su abastecimiento de petróleo cortado, sus puertos bloqueados, sus principales centros militares y ciudades cercanas bombardeadas y su principal aliado, Alemania, se había rendido casi tres meses antes.

Es verdad que sobre varias urbes se lanzaron octavillas presagiando una lluvia de fuego, pero eso no ocurrió sobre los blancos escogidos durante una reunión celebrada el 31 de mayo de 1945 en el Departamento norteamericano de Guerra en la ciudad de Washington, donde se acordó cometer el crimen.

Lo que muchos callan es que el primer mandatario estadounidense en ese momento, Harry Truman, y sus principales asesores, entre ellos Robert Oppenheimer, padre de la bomba, James Conant, presidente de la universidad de Harvard, y el Secretario de Guerra, Henry Lewis Stimson, estaban muy bien informados de la capacidad destructiva de los artefactos, y aún así decidieron utilizarlos contra civiles.

Este crimen de guerra, que constituye un delito contra la humanidad, todavía permanece impune y más aún, aunque Japón después se convirtió en un aliado cercano de Estados Unidos, la Casa Blanca jamás ha pedido perdón a las víctimas.

Para quienes viven angustiados sobre la eventualidad de una guerra nuclear, el periodista y economista mexicano Alejandro Nadal les recuerda que ésta, en efecto, ya ocurrió. Tuvo lugar los días 6 y 9 de agosto de 1945 cuando Estados Unidos se convirtió en la primera potencia en utilizar estos arsenales.

De entonces para acá se han realizado más de 2 000 ensayos, es decir explosiones atómicas, de ellas medio millar en la atmósfera que han esparcido gratuitamente radiaciones sobre el planeta entero, convirtiéndonos a todos en víctimas de esta alocada carrera armamentista.

Un pequeño grupo de países, no más de 8, entre ellos algunos de una pésima conducta en la comunidad internacional, como Israel, poseen en total 16 400 cabezas nucleares, una cuarta parte listas para utilizarse en pocos minutos.

Como dijo el Héroe de Cuba, Fernándo González, quien participó este jueves en el acto celebrado en Hiroshima, es urgente iniciar un desarme atómico completo, transparente, verificable e irreversible.

Es la única manera de evitar otro crimen masivo como el ocurrido hace siete décadas, cuando la humanidad entera sufrió una merma extraordinaria, si vamos a creer al poeta inglés John Donne, quien hace unos 400 años nos recordó que ninguna persona es una isla, que la muerte de cada hombre me disminuye y que, en su repique funerario, las campanas también doblan por ti.

Editado por Maria Calvo
Comentarios
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Ramiro Helmeyer dijo:

Esto jamás debió haber pasado, no era necesario causar tanto daño.. Ramiro Helmeyer Quevedo!!!

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