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Tragedia en Guatemala: no es la naturaleza, es la miseria

por Guillermo Alvarado

Un deslizamiento de tierra sepultó más de 120 viviendas en una colonia cercana a la capital de Guatemala, un hecho que podría convertirse en una de las peores tragedias ocurridas en los últimos tiempos en el país centroamericano, donde decenas de miles de personas son obligadas por la miseria a vivir en lugares de alto riesgo y carentes de servicios básicos.

Hasta el momento los socorristas han descubierto unos 130 cadáveres, pero la cifra crece por momentos pues hay entre 300 y 500 desaparecidos desde que la ladera de un cerro se derrumbó sobre las precarias viviendas edificadas en un terreno, a todas luces inhabitable.

Si bien no faltan quienes achacan este tipo de accidentes a los caprichos de la naturaleza, la verdadera causa radica en otras cosas: la indolencia de las autoridades, la corrupción, las enormes desigualdades en un país rico en recursos, pero donde sólo unos pocos pueden disfrutar de ellos, mientras la inmensa mayoría permanece en una feroz pobreza.

No existe una cifra exacta de cuántos asentamientos humanos hay en Guatemala, pero según la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres son unos 600 sólo en la capital, una urbe rodeada de cerros donde el paisaje de los bosques ha dejado paso al espectáculo de miles de casas elaboradas con todo tipo de materiales, desde láminas, cartones, trozos de plástico y hasta concreto, que se aferran casi por milagro a las laderas de los barrancos.

El común denominador de estos lugares es el peligro y la falta de servicios elementales, como agua potable, drenajes y electricidad. Tampoco hay, por supuesto, centros de salud ni escuelas.

A principios de junio de este año, cuando apenas asomaba la época de lluvias, ya se contabilizaban 60 mil afectados por inundaciones y correntadas, por lo que se avizoraba una temporada difícil.

Lo ocurrido hace unos días vino a darle la razón a los más pesimistas, pero también a confirmar los reclamos de los sectores más lúcidos del país que exigen una reestructuración a fondo del Estado y del concepto del servicio público. ¿Cómo es posible que en una nación donde miles de niños, mujeres y ancianos viven en riesgo las 24 horas, un presidente y su vicepresidenta hayan aprovechado el poder para organizar, junto con funcionarios y empresarios corruptos, una red para robar millones de dólares que, bien utilizados, podrían salvar gran cantidad de vidas?

¿Qué hacen -o dejan de hacer- los legisladores, alcaldes y otras autoridades para que la miseria, en lugar de disminuir, crezca cada año?

¿Cuántos deslaves hacen falta para que las dormidas conciencias de muchos ciudadanos despierten y exijan, no un cambio de figuras, sino de pensamiento?

Es bueno que la ex dupla presidencial, Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, estén en la cárcel y ojalá la ley sea implacable con ellos, pero será mejor si las estructuras que les permitieron robar se eliminen para siempre, se limpie el Congreso, devenido centro de todas las iniquidades, y los gobernantes guatemaltecos, como dijo el papa Francisco en La Habana, sirvan, y no se sirvan del pueblo.

 

 

Editado por Maria Calvo
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