Un debilitado gobierno interino de Brasil busca sobrevivir

Editado por Maria Calvo
2016-06-09 10:52:12

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por Guillermo Alvarado

Con la pérdida de tres ministros en menos de un mes y la solicitud de detención de cuatro de sus principales aliados, el gobierno del presidente interino de Brasil, Michel Temer, se encuentra en un profundo estado de debilidad y su prestigio está prácticamente por los suelos, tanto a nivel interno como exterior.

Apenas unos días habían transcurrido cuando el mandatario debió deshacerse de uno de sus hombres fuertes, el ahora extitular de Planificación, Romerio Jucá, y poco después le siguió el jefe de la cartera de Transparencia, Fabiano Silveira, tras la filtración de una grabación donde aconsejaba a otros políticos como evadir a la justicia en el caso de corrupción en la estatal empresa Petrobras.

El tercer defenestrado fue el Abogado General de la Unión, Fabio Osorio, quien tenía rango de ministro y fue despedido por el presidente por exigir favores al ejército para asuntos estrictamente personales.

Las malas noticias le llueven a Temer, toda vez que el Supremo Tribunal Federal solicitó la captura de cuatro allegados al gobierno, entre ellos el líder del Senado, Renán Calheiros, y el actualmente suspendido como jefe de la cámara de Diputados, Eduardo Cunha, ambas figuras consideradas esenciales para el ejecutivo.

De manera particular, la eventual detención de Calheiros sería un golpe casi mortal para la intención de la derecha y del mismo presidente interino de lograr la separación definitiva de su cargo de Dilma Rousseff, y sacar por completo al Partido de los Trabajadores del poder.

Recordemos que hace falta el voto de 54 senadores para condenar a Dilma y que de esta manera Temer continúe su mandato hasta 2018.

Medios de prensa brasileños señalaron que el presidente interino está bajo una intensa presión de senadores que han anunciado su intención de cambiar su postura y apoyar a la presidenta electa en comicios generales, mientras otros ejecutan un vulgar chantaje y exigen favores políticos al gobierno a cambio de su voto.

Así pues, lo que al principio se anunció con bombos y platillos como una campaña contra la corrupción, se ha convertido en un sucio mercado negro de la política más baja y desprestigiada de que se tenga noticia.

Los brasileños y la opinión pública internacional se dan cuenta con mayor claridad de que las acusaciones de corrupción contra Dilma Rousseff eran falsas y, en realidad, constituyeron una jugada de los verdaderos corruptos para hacerse con el poder y encubrirse con más facilidad.

Las caretas van cayendo de una en una y Temer está en camino de convertirse en un hombre muy solitario porque después de traicionar al Partido de los Trabajadores, del que era aliado en el gobierno, se rodeó de personas con moral dudosa y estas, como se sabe, abandonan el barco al menor atisbo de tormenta.

Por otra parte, todos los indicios indican que la cacareada votación del proceso contra Dilma en el Senado brasileño a mediados de agosto será una subasta de almas podridas y la incógnita es si Temer todavía estará allí para ofrecer regalos políticos a cambio de votos.



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