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Hermanos de sueño, de bala y de empeño

Vladimir Ilich Lenin. Imagen de Archivo

Vladimir Ilich Lenin. Imagen de Archivo

Por Alina Martínez

“Liborio en peligro. El bolshevismo en Cuba”. Fue el alarmante mensaje de la caricatura aparecida en la portada del semanario satírico La política Cómica.

Y la imagen apoyaba con fuerza esa idea: un hombre malencarado, de barba y pelo hirsutos, vestido con un largo batón, descalzo, con un morral al hombro del que asomaba una bomba encendida, tenía atenazado por el cuello al indefenso y sufrido representante del pueblo cubano.

El conjunto podría tomarse a chanza, pero en realidad formaba parte de la campaña de descrédito en torno a lo que desde el 7 de noviembre de 1917 estaba ocurriendo en Rusia, que no era más que una Revolución por y para los desposeídos de siempre.

La matriz de opinión impuesta a Cuba desde Washington intentaba presentar a Lenin y al Partido Bolchevique como una banda de criminales desalmados, enemigos de la civilización y la cultura, entre otras calumnias, reforzadas con la falta de información de lo que verdaderamente estaba ocurriendo en la lejana Rusia.

El dirigente obrero gráfico Antonio Penichet lo denunció en el semanario sindicalista Vía Libre: “Tienen que darse cuenta los capitalistas y los gobernantes de que ya no es posible contener a los pueblos y que mientras más traten de desfigurar los hechos, más se agrandarán, y más claros se verán por los que en ellos tienen puesta su atención.

Es pues, ridícula, la dieta que la censura ha impuesto, porque al fin, la verdad se trasluce, la verdad se abre paso, la verdad se impone”.

Y enfatizaba: “Existe un lazo espiritual entre todos los trabajadores del mundo y como todos tienen ahora puesto su pensamiento en el triunfo del bolchevismo, nadie podrá desalentarlos”.

A pesar de tan adverso contexto, fueron numerosas las manifestaciones de apoyo a la Revolución de Octubre.

Sus ecos comenzaron a sentirse en 1918 con el aumento de huelgas y protestas proletarias en distintos sectores laborales y localidades del país. El 1º de mayo de 1919, numerosos trabajadores reunidos en el capitalino teatro Payret manifestaron su solidaridad con el triunfo socialista en Rusia, y condenaron el envío de tropas extranjeras para sofocar la Revolución.

El líder proletario Alfredo López se convirtió hasta su muerte en un defensor del Estado soviético. Ejemplo temprano de ello fue el envío a nombre de la organización que presidía, la Asociación de Tipógrafos, de un cable de felicitación al Comisionado del Soviet Ruso en Nueva York, por el segundo aniversario de la Revolución.

En el Primer Congreso Nacional Obrero efectuado en La Habana en 1920, se acordó enviar un saludo fraternal “a los hermanos que en Rusia han establecido la República Socialista del Soviet”.

Bajo la dirección de Carlos Baliño, defensor y divulgador desde un inicio de las luchas en Rusia, la Agrupación Socialista de La Habana acordó en 1922 identificarse con la Revolución de Octubre y adherirse a la Internacional Comunista.

Fue él quien promovió la creación en marzo de 1923 de la primera organización en nuestro país basada en los principios leninistas, la Agrupación Comunista de La Habana, germen del futuro Partido Comunista.

Empeñados en contribuir a la consolidación de la república soviética, los trabajadores cubanos crearon los Comités Pro Rusia, que entre 1921 y 1922 enviaron recursos a los “necesitados del Volga”, región terriblemente castigada por el hambre.

El Primer Congreso Nacional de Estudiantes efectuado en 1923, cuyo principal inspirador y guía fue Julio Antonio Mella, se declaró contrario a todos los imperialismos, especialmente el yanqui, y reclamó al Gobierno el reconocimiento de la Unión Soviética.

La muerte de Lenin, al año siguiente, conmovió a miles de cubanos. El alcalde de Regla, Antonio Bosch, decretó la paralización total en el ultramarino municipio habanero de toda actividad para rendir homenaje al fundador del Partido Bolchevique, a la misma hora de sus honras fúnebres en Moscú.

Como homenaje de admiración y respeto promovió la siembra de un olivo en la colina que desde entonces adoptó el nombre del líder soviético y se convirtió en escenario de combativas manifestaciones obreras.

Son algunas muestras iniciales, entre muchas otras que se prolongaron en el tiempo, de la solidaridad con hermanos “de sueño, de bala y de empeño”, que el 7 de noviembre de 1917 abrieron para los oprimidos del mundo las puertas de la esperanza.

(Tomado del periódico Trabajadores)

Editado por Martha Ríos
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