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Martí en Playitas, camino a la inmortalidad

Ilustración de archivo

Ilustración de archivo

Por Jorge Wejebe Cobo

Ya en abril de 1895, José Martí había concluido una parte importante de la obra de su vida, desarrollada en la emigración con el propósito de llevar a cabo la Guerra Necesaria, como él mismo llamó a la contienda con la cual concibió lograr los anhelos del pueblo cubano de constituirse en una República libre e independiente.

Tres años antes, el 10 de abril de 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano (PRC) y fue elegido su Delgado, con el apoyo  de todos los patriotas, con lo cual se logró una forma superior de organización política que hizo posible la unidad  entre los cubanos y dejar atrás las divisiones que condujeron a la claudicación del Pacto del Zanjón en 1878.

En enero de 1895, Martí tenía preparado en el Puerto de Fernandina, en la Florida, armas y pertrechos que serían llevados a suelo cubano en una flotilla de barcos también adquiridos con los recursos obtenidos principalmente por los aportes de los trabajadores tabaqueros emigrados de Tampa, para equipar a centenares de combatientes comandados por Antonio Maceo, Máximo Gómez y otros importantes jefes militares.

Una delación frustró el intento y todos los recursos fueron incautados por las autoridades estadounidenses a instancia del espionaje español. Pero el revés, lejos de contener a los independentistas, avivó la decisión de lucha y renovó el entusiasmo y apoyo a los planes del PRC y de su Delegado, quien demostró que además de un genio político era un extraordinario y decidido organizador práctico.

A pesar de las grandes dificultades provocadas por este fracaso, el Delegado no desistió, fue más admirado entonces por los patriotas y mantuvo sus planes de llegar aunque fuera en “una cáscara de nuez” a Cuba para iniciar la guerra, con lo cual  coincidieron Maceo y Gómez.

De una gran expedición de cientos de hombres concebida inicialmente de acuerdo con el Plan de la Fernandina, Maceo se embarcó en la Goleta Honor y arribó a la Playa de Duaba el primero de abril de 1895, junto a más de 20 expedicionarios, entre los que se encontraban José Maceo y Flor Crombet.

Martí y Gómez, en Santo Domingo, dieron a conocer el Manifiesto de Montecristi el 25 de marzo de 1895, proclamando la razón de la guerra de independencia; pocos días después alquilaron una goleta, pero el llegar a la isla de Inagua en Las Bahamas, el capitán y la tripulación, por cobardía la abandonaron.

El propio Martí tuvo que enfrentarse  al desertor y hacerle devolver el dinero que le pagó por adelantado. Con esa suma contrataron al capitán de un barco alemán -dedicado a transportar frutas- quien accedió a dejarlos cerca de las costas de Cuba, junto a Francisco Borrero, Ángel Guerra, César Salas y Marcos del Rosario, este último dominicano.

En su diario de campaña, el Apóstol recogió ese acontecimiento  “(…) y el 11, a las 8 de la noche,  negro el cielo del chubasco, vira el vapor, echan la escala, bajamos con gran carga de parque, y un saco con queso y galletas; y a las dos horas de remar, saltábamos en Cuba”.

Y agrega, “Se perdió el timón y en la costa había luces . Llevo el remo de proa. La dicha era el único sentimiento que nos poseía y embargaba. Nos echamos la carga arriba y cubiertos de ella, empapados en sigilo, subimos  los espinares  y pasamos las ciénagas. ¿Caímos entre amigos  o entre enemigos? Tendidos por tierra esperamos a que la madrugada entrase más y llamamos  a un bohío: decir  ahora más fuera imprudencia”.

Habían llegado a Playitas de Cajobabo en la zona de Imías, Guantánamo, y tras subir la cuesta de unos altos farallones  e
internarse en el lomerío, siempre con la ayuda de los campesinos, los expedicionarios se reunieron sanos y salvos con las tropas mambisas.

De aquellos primeros días en Cuba Libre, escribió Martí, a la sombra de un rancho de yaguas: “Es muy grande mi felicidad… puedo decir que llegué al fin a mi plena naturaleza… Hasta hoy no me he sentido hombre. He vivido avergonzado y arrastrando la cadena de mi patria toda mi vida (…)”

El Generalísimo Máximo Gómez anotó en su diario “A pesar de su carga que llevaba pude contemplar lo radiante de orgullo y complacencia que iba Martí por andar metido en estas cosas con cinco hombres duros.”

Pero el promotor de la Guerra Necesaria poco disfrutaría de su éxito revolucionario y de la dicha de hombre libre bajo la campiña cubana.

Desde que embarcó rumbo a Playitas había trazado su camino a la inmortalidad. A poco más de un mes de su arribo, cayó en combate en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895.

(Tomado de la ACN)

 

Editado por Martha Ríos
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