Masacre en 1912

Editado por Martha Ríos
2017-05-25 16:41:11

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Foto tomada de Archivo

Por Silvio Castro Fernández *

Hace 105 años, entre mayo y julio de 1912, se produjo en Cuba uno de los hechos más bochornosos de la República neocolonial; la masacre de más de 3 000 negros y mestizos. El ejército gubernamental solo tuvo 12 heridos.

La protesta armada se debió a que la mayoría de los militantes del Partido Independiente de Color (PIC) lo decidió, a pesar de la posición de su líder, Evaristo Estenoz, imbuidos por la mentalidad de que los alzamientos eran la vía para lograr objetivos.

Muchos de los antiguos mambises mantenían como herencia  de la contienda libertadora terminada apenas tres lustros antes, la tesis del movimiento armado.

¿Acaso no había estallado en la corta vida republicana el alzamiento de  1905 y la llamada Guerrita de Agosto contra la reelección de Estrada Palma?

No debemos obviar la irritación causada por la represión contra el movimiento de los Independientes de Color que se había desatado desde principios de mayo de 1912, llevada a cabo por Gerardo  Machado, entonces Secretario (ministro) de Gobernación.

Los orígenes de PIC se remontan a los primeros años de la República, debido a la condición preterida  de los negros y mestizos.

Los gobiernos de Estrada Palma y José Miguel Gómez, no tuvieron en cuenta el aporte masivo de negros y mestizos a las guerras de independencia  y el hecho de que en la del 95 habían ido a ella no en calidad de esclavos sino como hombres libres, a luchar por Cuba.

El objetivo del PIC era combatir contra la discriminación y la marginación que durante 400 años de colonialismo, cuatro de ocupación norteamericana y diez de República habían sufrido. El PIC era la expresión de un factor disruptivo para el contubernio entre  la burguesía criolla y sus amos yanquis.

La costra racista que secularmente había visto a los negros como seres  inferiores, visión alentada por la presencia de los intervencionistas norteamericanos, coadyuvó al crimen.

Faltando a la predica unitaria de Martí y Maceo; los racistas masacraron a ciudadanos negros y mestizos. En Yarayabo, por ejemplo  el brigadier Pablo Mendieta  utilizó artillería, ametralladoras y fusiles de tiro rápido contra tercerolas, machetes y algún que otro Springfield empuñado por los insurrectos.

También la ola de sangre llegó al llamado puente de los ahorcados en Santiago de Cuba, a Songo-La Maya, Los Monitongos y otros sitios de la geografía oriental que fue la más castigada, sin obviar otras provincias como la antigua provincia de Las Villas.

En carta de Pedro Ivonet, uno de los líderes del alzamiento, al presidente José Miguel Gómez de fecha 22 de mayo de 1912 le expresaba:

"El Partido Independiente de Color ha empuñado las armas para protestar de los errores cometidos contra el expresado partido (...) por tanto puede deducir sí estaré armado, pues sin estarlo no me hubiera dispuesto a librar combate. A mi mando tengo cuatro mil Independientes de Color; y que no son todos Independientes de Color, ni  son todos negros, pues también hay blancos...".

En la República dependiente la prensa burguesa creó desde los primeros años  dos estereotipos para los no blancos: brujos y delincuentes. Uno de los representantes más activos de esta corriente y que posterior a 1912 escribió un libro alabando la masacre, fue el por ese entonces afamado periodista Valera Zequeira, que militó en el autonomismo.

Él se caracterizó, ya en la república, por sus artículos con ataques racistas a la población negra. Periodista sensacionalista, mucho tuvo que ver con los reportajes sobre «negros brujos, actos criminales rituales, supuestamente cometidos por ellos».

Un senador negro de la corriente miguelista, Martin Morúa Delgado  se prestó a presentar la enmienda al código electoral donde se prohibía  la creación de partidos políticos por motivo de raza, nacimiento, riqueza o título profesional.

A lo anterior se opusieron  entre otros, Salvador Cisneros Betancourt en el Senado y el teniente coronel Lino D' Ou, en la Cámara de Representantes, al plantear este una propuesta más ampliada: "No tendrán vida legal en Cuba ningún partido, asociación o institución política, de enseñanza religiosa, social o de recreo, en que no quepan en igualdad de circunstancias  todos los cubanos, cualquiera que sea la raza a que pertenezcan".

Esta propuesta, que atacaba la discriminación existente en las escuelas católicas y asociaciones regionales, que no admitían negros ni mestizos, no fue siquiera discutida.

Según el jefe del Ejército general José de Jesús Monteagudo, en telegrama a  Gómez, las operaciones en el monte habían devenido en una verdadera carnicería. Los muertos según el gobierno de José Miguel fueron 2 000, otros participantes de la oposición hablan de 3 000, fuentes  norteamericanas de más de 5 000 muertos.

La masacre tuvo su colofón con los asesinatos de Evaristo Estenoz, el 20 de junio, y de Pedro Ivonet, el 12 de julio.

Muchos años después de estos hechos de 1912 subsistía en Cuba una realidad que llevó a la Generación del Centenario, liderada por el joven abogado Fidel Castro a asaltar el cuartel Moncada (26 de julio de 1953).

*Escritor. Miembro de la Comisión Aponte, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

(Tomado del Periódico Granma)



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