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98 aniversario del nacimiento de Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez

El 24 de agosto de 1919 nace en el  barrio Pueblo Nuevo del poblado de Santa Isabel de las Lajas perteneciente a la jurisdicción de Cienfuegos uno de los más trascendentales músicos cubanos, Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, más conocido como Benny Moré.

Sus padres fueron Silvestre Gutiérrez. y Virginia Moré,  apellido que provenía de Ta Ramón Gundo Moré (esclavo del Conde Moré), quien según la tradición de los congos, fue su primer rey en Santa Isabel de las Lajas.

Esto ejerció una influencia determinante para su futura carrera como músico, con ellos no solo aprendió a tocar el insundi, los tambores de yuka, los de Makuta y Bembé, invocadores de deidades (Orishas), con los cuales cantaba y bailaba a la perfección, sino también a interpretar el son, la guaracha y la rumba.

Desde pequeño descollaron en él aptitudes para el canto y la improvisación, lo que demostró cuando apenas con siete años escapaba para amenizar Guateques y fiestas en las cercanías y quedarse entonando notas junto a la madre para evitar que durmiera mientras planchaba hasta altas horas de la noche. A medida que fue creciendo, fue  perfeccionando la manera de tocar el tres y la guitarra.

Participó en serenatas, enamoró mujeres y se aficionó a los tragos de ron y aguardiente de caña. Sin abandonar su labor como carretillero en el Central Vertientes, integró de forma un poco más profesional, con varios jóvenes, el Conjunto Avance. Más tarde, y como un desprendimiento del mencionado conjunto, se organizó un trío con Cheo Casanova (voz prima y guitarra segunda), Enrique Benítez (voz falsete y guitarra prima) y Bartolomé Moré (voz segunda y maracas).

Con casi veinte años de edad, en 1940 Bartolomé se despidió de su madre en el Hotel Ritz del Central Vertientes, donde ella trabajaba, y viajó escondido, indistintamente, en un tren y en un camión, a la Ciudad de La Habana.

Desde entonces se le vería por el célebre barrio de Belén, con una guitarra comprada en una casa de empeños, deambulando por cafés, bares, hoteles, restaurantes, y hasta prostíbulos. También actuaba para los turistas, en los muelles de La Habana Vieja.

En esa época, en la emisora CMQ comenzó a radiarse la Corte Suprema del Arte. Bartolomé Maximiliano Moré se presentó a aquel programa que animaban Germán Pinelli y José Antonio Alonso. Después de presentarlo y al momento de iniciar su presentación, le tocaron la campana. Más tarde volvió Bartolomé a Monte y Prado a la Corte Suprema y en esta segunda ocasión ganó el primer premio.

Poseedor de una voz fresca, de hermoso timbre, sensual y evocadora, de campesino negro, no obstante su miseria, Bartolo seguía cantando con toda la fuerza nterior que le reclamaban los ritmos cubanos. Para suerte de él y de la música nacional, en una de sus correrías Siro Rodríguez, integrante del famoso Trío Matamoros, lo escuchó cantar en el bar del restaurante El Templete, de la Avenida del Puerto, y quedó muy impresionado por la voz y afinación del muchacho.

Más tarde Bartolomé entra al conjunto de Miguel Matamoros se puede considerar su verdadero debut como cantante profesional, y realizó sus primeras grabaciones en discos de 78 revoluciones por minuto, entre ellas las tituladas Penicilina, de Alberto Valdés; Malos vecinos y Ofrenda criolla, de Miguel Matamoros, y Mexicanita, de Nené Enrizo. Oír por primera vez su voz grabada le causó a Bartolo una rara impresión. Se dice que se paseaba por todo el estudio de grabaciones con las manos sobre la cabeza, llorando y riendo como un niño. A partir de ese momento, la carrera como cantante de Bartolo se puede catalogar de vertiginosa. No solo tuvo un trabajo duradero, sino también realizó ese mismo año 1945 su primer viaje a México, país en el que se consagraría como cantor popular.

En sus inicios en la capital mexicana se presentó con el Conjunto Matamoros en salones de baile, cabarets, teatros, y en varios programas de la radio emisora XEW, actuó además en centros nocturnos.

Cuando terminó el contrato, el conjunto Matamoros retorna a La Habana, pero Bartolomé, decide probar fortuna solo en México. Al comunicarle su decisión al famoso  Miguel Matamoros le respondería: «Está muy bien, pero tienes que cambiarte el nombre de Bartolo, que es muy feo. Con él no vas a ir a ninguna parte. Tiene usted razón le contestó Bartolo, desde hoy me llamaré Benny, sí, Benny Moré.»

De 1945 a 1950 canta con las orquestas de Arturo Núñez, Rafael de Paz y Mariano Mercerón. Cada día se consolidaba más el nombre de Benny Moré. Formó a dúo con Lalo Montané y el resultado fue magnífico, era el mejor dúo de música antillana, se denominaban "El Dúo Fantasma" y por razones comerciales "El Dúo Antillano". Benny Moré grabó para la RCA Víctor con las orquestas de Mercerón, Arturo Núñez y Rafael de Paz. Con Lalo, grababaron con la orquesta de Arturo Núñez, la actuación con las orquestas era invariablemente por contratación.

La entrada de Benny Moré en 1948 como primer cantante de la que sería posteriormente la célebre gran orquesta de Dámaso Pérez Prado, con la que graba más de 60 discos entre ellos: Bonito y Sabroso, Mucho corazón, Pachito e´che, Ensalada de mambo, etc., resultó de suma trascendencia para su vertiginosa carrera, pues le sirvió de puente para su consolidación definitiva como mítico cantor. Popularizó los temas Francisco Guayabal creado por Pio Leyva y Mulata, los cuales fueron éxitos en su voz.

Con este encuentro se reunieron dos genios: en Benny Moré estaban el talento y la intuición natural; en Pérez Prado, además de todo eso, el dominio de la técnica y una enorme facilidad para hacer música. Con Pérez Prado conquistó al noble pueblo azteca en giras por distintos estados de ese país hermano. Debido al éxito alcanzado por el Benny, el pueblo le otorgó el título de "Príncipe del mambo" y a Pérez Prado el de "Rey del mambo"

A pesar de toda esta fama adquirida, el Benny no olvidó a su pueblo natal, Santa Isabel de las Lajas, mérito que quedó demostrado cuando lanza una de sus composiciones musicales donde manifiesta el orgullo de ser lajero.

El sonero mayor se encontraba definitivamente en Cuba, había dejado atrás comodidades, satisfacciones materiales y espirituales, amigos y hasta los amores que no suelen faltar a los triunfadores.

Benny partió a Santiago de Cuba en los inicios de 1951. Actuó por contrato para un programa llamado "De fiesta con Bacardí", que salía al aire por la Cadena oriental de radio con la orquesta de Mariano Mercerón. Sus actuaciones en la cadena oriental, le proporcionaron su primer triunfo en Cuba y de ahí en adelante fue ascendiendo los peldaños de la fama.

Como Benny Moré era artista exclusivo de la RCA Víctor, esta firma reclamó su presencia en La Habana para hacer distintas grabaciones. Para cumplimentar este compromiso daba viajes alternos a La Habana y así mantenía su compromiso con la cadena oriental de radio. En uno de esos viajes a la capital, se produciría su reencuentro con el inolvidable Miguel Matamoros.

Finalizado el compromiso en la Casa Bacardí y el maestro Mercerón, en 1952 Benny Moré regresó a La Habana, contratado Benny por la popular emisora Radio Progreso, la que con justicia llamaban “Onda de la Alegría”. En estas transmisiones diarias en vivo y con público que colmaba el estudio–teatro de la planta, era donde se podía entender la genuina identificación del artista con su pueblo.

Era tan admirado por el pueblo que cuando Benny cantaba en el Centro Gallego de la capital, se desbordaba las aceras y los jardines del Capitolio Nacional para escucharlo. Debido a su sensibilidad musical Benny Moré podía abarcar en sus canciones todos los matices; lo patético, socarrón, dicharachero, lánguido, amoroso, satírico, franco, irónico, altanero, arrullador, estallante e idílico. De hecho, sus grandes cualidades más su afán de dar al pueblo lo mejor de su arte y de sí, desarrollaron en él el cantante completo, que interpretaba a la perfección con dominio absoluto las combinaciones armónicas y formas musicales.

Era un creador audaz y se transformó en director si por tal entendemos a aquel que lleva dentro de sí, junto al sentido del tiempo y del ritmo el valor de los sonidos y el sentido de los timbres. A pesar de no haber cursado estudios académicos, poseía condiciones naturales excepcionales, unido a su gran experiencia auditiva, ya que desde niño se había familiarizado con todos los géneros musicales de nuestro país.

Con fama y prestigio bien ganado, decidió formar su propia orquesta. Su primera banda gigante con él como director, compositor y cantante, su querida tribu, como solía llamarle, con percusión cubana. Con su fama y el prestigio de su nombre, no le fue difícil a Benny agrupar, por los meses de julio y agosto de 1953, algunos de los mejores instrumentistas del país, con el fin de formar su primera Banda Gigante.

El esperado debut se produce el 3 de agosto de 1953, en el conocido programa Cascabeles Candado, de la antigua CMQ Radio. La orquesta era de las llamadas Jazz Band ( saxofones, trompetas, trombones y ritmo), pero interpretando música cubana. Con ella canta sus boleros, guarachas, sones montunos, en su estilo único y se sitúa en la cima de nuestros cantantes populares. Por la alta audiencia de la emisora, la nueva orquesta de Benny Moré fue conocida de inmediato en toda Cuba.

Por esta época, asimismo, realiza frecuentes presentaciones en emisoras nacionales como CMQ Radio y Radio Progreso; y en la televisión, en el Show del mediodía y el Cabaret Regalías, del canal 6. También en los famosos shows de variedades de los fastuosos teatros Warner, de El Vedado, y América, de la calle Galiano, entre otros. Por supuesto, reanuda sus comprometidas y esperadas grabaciones con su firma discográfica, las cuales pronto se ponen a la venta en toda América.

Demostró que era capaz de interpretar, independientemente de la música cubana cualquier ritmo latinoamericano

Por estos años actuó en Liceos, en las sociedades de blancos y negros y en la colonia española de Pinar del Río. Realizó fatigosos viajes a las provincias orientales  y en su amado pueblo de Vertientes.

Como era habitual en él, estos lugares fueron escenarios de grandes triunfos, especialmente en los tradicionales bailables de los jardines de las cervecerías Tropical y Polar, en el Salón Mambí de Tropicana, y en las monumentales fiestas organizadas por el Periódico Revolución y celebradas a todo lo largo del Paseo del Prado, en la Ciudad de La Habana, donde se agrupaban los mejores conjuntos y orquestas, junto a bailadores de toda Cuba.

Y como si esto fuera poco, su criollísima voz no faltaba en la vida nocturna habanera: los cabarets Alí Bar Club, Sierra, La Campana, Night and Day; los hoteles Habana Libre y Riviera, y el fabuloso Tropicana, lo reclamaban una y otra vez.

El Benny estaba extenuado, pero no descansaba: se le veía también anunciando en los teatros América, Martí y Tosca, y fue invitado de honor al Primer Festival de Música Popular Cubana, efectuado en 1962 en el Teatro Amadeo Roldán (antiguo Auditórium).

El agotado y enfermo Benny Moré tenía tantos compromisos con su pueblo, que por esos años cobró fuerza el mito de su informalidad. Pero su público y quienes lo conocieron bien, sabían que esa informalidad circunstancial no fue lo más representativo de su valiosa vida artística. Muestra de ello es que estuvo ofreciendo lo mejor de su arte a la tierra que lo vio nacer, hasta los últimos días de su agitada existencia.

Triunfa la Revolución, y a pesar de encontrase ya enfermo, el Benny tuvo una mejoría y no dejaba de trabajar afanosamente, siempre actuando para su adorado pueblo hasta los últimos días de su vida.

 

(ecured)

 

 

Editado por Maria Calvo
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