Rachel Carson, pionera del movimiento ecológico mundial
Por Pedro M. Otero Cabañas
Rachel Carson murió en 1964 en medio de un discreto reconocimiento de un sector ligado a la investigación marina, de instancias del gobierno y de contados medios de prensa. Pero por sus méritos a la humanidad, esta bióloga norteamericana, que nació el 27 de mayo de 1907, debería ser hoy una de las figuras más relevantes entre aquellas que han contribuido al mejoramiento del conocimiento de las relaciones entre el Hombre y la Naturaleza.

Rachel Carson fue pionera en el estudio de estos vínculos y la figura que levantò la primera bandera en defensa del medio Ambiente y por tanto en la creación de la moderna conciencial ambiental.
Bastaría uno solo de sus libros para inmortalizarla: Primavera Silenciosa. Este título, publicado en 1962, cumple este año medio siglo, abrió un abanico de conocimientos para el hombre común acerca del daño provocado por el empleo de sustancias químicas en la agricultura y por transferencia en el propio hombre.
El libro provocó un tsunami en la opinión pública y contribuyó a que se prohibiera el empleo del plaguicida conocido como DDT, así como otros pesticidas similares. Tras su salida a la luz pública, se creó en Estados Unidos la Agencia para la Protección del Medio Ambiente.
En sus investigaciones, la bióloga norteamericana llamó biocidas a esas sustancias químicas, pues sus efectos no solamente se limitan a los parásitos que combate, sino que se expanden y multiplican a otras especies. En tal sentido advirtió en su libro Primavera Silenciosa que los insectos se harían resistentes a los químicos, al tiempo que estos afectarían a los ecosistemas y dañarían a muchas más especies de animales y plantas.
Al llamar la atención sobre tan dramática perspectiva, Carson aseguró que de no ponérsele fin de inmediato a tal situación, viviríamos una primavera silenciosa, sin pájaros, reptiles, mamíferos y otras especies.
A pocas semanas del inicio en Rio de Janeiro de la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible, vale recordar a esta figura, ícono del movimiento ecologista mundial, y sobre todo el contenido de sus textos. En Primavera Silenciosa nos dejó esta advertencia:
Aún no hemos madurado lo suficiente para vernos como la parte infinitésima de un universo increíblemente vasto. La actitud del ser humano hacia la naturaleza es de fundamental importancia, simplemente porque hemos adquirido el poder funesto de alterar y destruir a la naturaleza. Pero el ser humano es parte de la naturaleza y su guerra contra ella es, inevitablemente, una guerra contra sì mismo.












Especiales 


