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Septiembre: un duro capítulo de la guerra económica contra Cuba

Imagen tomada de Razones de Cuba.

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Tomado de Razones de Cuba

Septiembre fue un mes difícil para nuestro país. El Departamento del Tesoro de EE.UU. modificó el Reglamento de Control de Activos de Cuba para imponer nuevas sanciones a la isla, como resultado del apoyo de Cuba a la nación venezolana y al legítimo gobierno del presidente Nicolás Maduro.

En un comunicado de Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, se responsabilizaba al “régimen cubano” por “el apoyo de otras dictaduras en toda la región, como el régimen ilegítimo de Maduro», por otra parte señalan la ya consabida “opresión del pueblo” en la isla, la falta de libertades y la violación de derechos humanos.

Las nuevas sanciones iban dirigidas a evitar que Cuba tuviera acceso a divisas. Mnuchin agregó, literalmente, en su comunicado:

“(…) estamos frenando el mal comportamiento del Gobierno cubano mientras continuamos apoyando al pueblo de Cuba que tanto sufre.” A la verborragia habitual que intenta vindicar el bloqueo como una herramienta para “ayudar” a la población de nuestro país, se le sumaba un “espíritu paternal” de intentar detener un “mal comportamiento”:

A estas sanciones le habían antecedido otras que conforman el corpus jurídico de la Administración Trump contra Cuba: prohibición de los viajes grupales educativos, cancelación de las autorizaciones para barcos de recreo y de pasajeros (incluidos los cruceros y los yates; así como los aviones privados); restricción de mil dólares estadounidenses por trimestre, en materia de remesas, que un remitente puede enviar a un ciudadano cubano, a su vez prohibiendo las remesas a familiares cercanos de varios funcionarios cubanos y miembros del Partido Comunista de Cuba y eliminando la autorización para remesas donativas.

La persecución financiera a escala global se mantuvo y arreció durante el noveno mes del año. Es archiconocida la imposibilidad de nuestro Estado de usar el dólar en transacciones, así como las enormes multas impuestas a instituciones bancarias de terceros países por su relación con la nación caribeña. La ley del mundo, impuesta por el Imperio más poderoso en la historia de la humanidad, nos intenta convertir en un país ilegal, aislado de todos, incapaz siquiera de utilizar la “divisa internacional” de este mundo aún unipolar.

De ejemplo de la efectividad de estas medidas podemos citar el hecho de que durante 2018, decenas de bancos en todas las regiones del mundo decidieron cerrar sus relaciones con empresas cubanas o extranjeras, para eliminar cualquier vínculo de su actividad con Cuba, incluso operaciones relacionadas con ciudadanos cubanos solo por el hecho de tener esa nacionalidad.[1]

Durante 2019 y, en particular, tras las nuevas medidas “septembrinas” del gobierno de Donald Trump, el cerco se ha ido cerrando. El banco suizo PostFinance anunció que dejaría de realizar transacciones de pago con Cuba por temor a las sanciones. Aunque es un hito más en una larga historia de dificultades con las cuentas bancarias en Suiza[2], este caso en concreto impide los suministros a Cuba de equipos médicos y materias primas para producir medicamentos por parte de la ONG suiza MediCuba, que desde hace muchos años promueve solidariamente el intercambio de conocimientos entre profesionales de la salud suizos y cubanos.

El bloqueo no solo impide que MediCuba envíe a Cuba el dinero necesario para gestionar los proyectos en la isla caribeña, sino que también afecta a ciudadanos privados. El portal digital Swissinfo.ch  hizo un llamamiento en Facebook, invitando a sus lectores a informar sobre las dificultades a las que se enfrentan los ciudadanos suizos residentes en Cuba tras la decisión de PostFinance. Y así se hizo público el caso de un jubilado suizo en La Habana que no puede acceder al dinero de su pensión, depositado en una cuenta de ese banco.

Pero además de las sanciones y la persecución financiera, septiembre también nos trajo una nueva y problemática arista de la guerra económica contra Cuba: el desabastecimiento de combustible. En abril de este año, la administración Trump se decidió por un bloqueo naval selectivo para dificultar la llegada al país del petróleo necesario para la economía y el desarrollo social. Estas medidas se tomaban contra buques y entidades que, en la opinión de los burócratas estadounidenses, fungían como “salvavidas para mantener a flote al ilegítimo régimen de Maduro”, y gracias a los cuales Cuba continuaba beneficiándose y apuntalando “la dictadura de Maduro” a través de “esquemas de petróleo por represión”.

O sea, y en buen cubano, Estados Unidos “nos cortaba el agua y la luz” porque apostaba a una transición a la democracia en Venezuela; y el régimen cubano era un obstáculo para ello.

En un primer acto fueron “bloqueados” 34 barcos utilizados por PDVSA y el tanquero Despina Andrianna, propiedad registrada de la compañía Ballito Bay Shipping Inc, asentada en Monrovia, Liberia, y operada por Proper In Management Inc. Esto incluía además la congelación de los activos financieros bajo jurisdicción estadounidense y la prohibición de transacciones financieras.

La medida fue aplaudida de inmediato por Marco Rubio y todos los “siniestros personajillos” de la política anticubana, yendo desde entonces in crescendo. Se incluirían luego en la lista de sancionados a la compañía italiana PB Tankers por haber contratado su tanquero Silver Point para trasladar combustibles de Venezuela a Cuba: la medida se extendería a los 6 barcos de esta naviera.[3]

La lista se iría ensanchando: Jennifer Navigation, Lima Shipping, Large Range, Monsoon Navigation, Serenity Maritime. El 3 de julio se sancionó a la empresa Cubametales para impedir que Maduro usara “el petróleo venezolano como moneda de cambio para ayudar a que sus apoyos compren protección de Cuba y de otros actores extranjeros perversos». La cosa seguía siendo con Venezuela, principalmente, pero nosotros éramos sus “perversos protectores” así que…

Las presiones y sanciones no se limitarían al petróleo. Un tweet del senador Marco Rubio, publicado el 17 de julio, amenazaba sutilmente a Trinidad y Tobago para impedir el arrribo a Cuba de un cargamento de Gas Licuado GLP, utilizado por 1 millón 700 mil familias cubanas para la cocción de los alimentos. ¿Será que la dieta de los cubanos también era un reducto de la tiranía en Venezuela?

Un artículo de Cubadebate cita a un funcionario de alto rango de la administración de Donald Trump que, desde el anonimato, declaró en julio pasado: “Cada acción que hemos tomado contra el gobierno cubano ha sido específicamente dirigida a sus redes financieras, a sus ingresos, a su comercio de petróleo».

Estas fueron las condiciones de acecho que nos llevaron al anuncio de la crisis de abastecimiento con el combustible, durante una alocución del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros Miguel Díaz-Canel Bermúdez, el pasado 11 de septiembre. El Presidente insistió que esta era una “situación coyuntural” y que no volveríamos al Período Especial, pero que el aumento de la agresividad en la guerra económica contra Cuba nos obligaba a tomar medidas especiales para enfrentar estas nuevas dificultades.

Según Iroel Sánchez, el plan del enemigo está claro:

“La guerra económica crea problemas, la subversión multimillonaria la encubre, el sistema mediático a su servicio propone su solución envenenada y culpa a la Revolución por negarse a seguir por propia cuenta el camino inexorable hacia el capitalismo que sería la solución a todos los males cubanos, como puede verse con solo mirar alrededor de la Isla, donde el plan de Estados Unidos y su prensa «independiente» para Cuba se aplica con éxito resonante en cuanto a males nada coyunturales y sí estructurales como violencia, narcotráfico, trabajo infantil, insalubridad y desnutrición”.

Pero como diría Martí, en una frase muy recordada por estos días:

“Plan contra plan”.

Los que vivimos en Cuba y hemos apostado por construir una sociedad mejor, los que en el mundo luchan por el bando de los que aman y fundan, nos seguiremos oponiendo a las arrogantes, cínicas e inmorales acciones del gobierno estadounidense. Y resistiremos, como lo hemos ya por más de sesenta años. Donald Trump podrá haber logrado dividir y polarizar al pueblo estadounidense, pero Cuba es y será siempre un hueso muy duro de roer.

No será este el último septiembre de la Revolución cubana.

Editado por Maite González Martínez
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