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Una pajarita de papel

“Sola en su jaula mínima, dormitando, la pajarita de papel” Nicolás Guillén

Radio Habana Cuba la acercó a una patria que le enseñó a ser libre, según refiere. Las ondas de esa emisora le permitieron escuchar los discursos de Fidel Castro, aquel hombre gigante que conoció María Mercedes Lecuna el 23 de enero de 1959, durante una visita del líder revolucionario a Venezuela. “La cercanía con el comandante yo creo que es uno de los regalos más hermosos que he recibido en mi vida”

Por aquel entonces cursaba el tercer año de economía y la nación sudamericana conmemoraba el primer aniversario del derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

En conversaciones posteriores cuando tuvo la oportunidad de visitar La Habana como parte de una delegación, Fidel le confesó que conoció una primera Venezuela en 1948 cuando el asesinato del político colombiano Jorge Eliecer Gaytán, “había una cerca en el Ávila para que no pasaran los animales, me dijo, llegué a un hotelito en el centro ya era caro todo; los choferes manejaban como locos por la carretera de la Guaira con unos precipicios enormes. Gobernaba Acción Democrática. Era un gobierno popular, nacionalista. Los estudiantes lo apoyaban y había un progreso económico”.

Las palabras del dirigente cubano, no solo quedaron plasmadas en la mente de la  entonces joven María Mercedes. A su regreso a la habitación del Hotel Riviera transcribió lo que recordaba de la conversación, sin orden cronológico. Quiso inmortalizar también palabras sueltas que la hicieran evocar después aquellos encuentros.

 “La segunda Venezuela, expresó, fue en 1959. Infortunadamente los venezolanos votaron por Rómulo Betancourt y vino la represión. Esa fue la oportunidad, el momento de Venezuela de hacer su Revolución. Que bella hubiese sido paralela con la nuestra. El hermano pobre con el hermano rico. Nosotros no teníamos nada que darles, nada que aportar a la Revolución de ustedes, sangre sí, porque sangre si tenemos los cubanos dispuesta siempre”

La tercera que conoció fue en la izquierda venezolana, en el pueblo heroico con sus defectos y virtudes. “La cuarta son ustedes, aseguró, los que aman a Cuba, los que nos acompañan, están con nosotros sin ninguna clase de chovinismo porque la consideran una causa justa, una tierra que lucha por ser menos burguesa”

Un pedacito de la vida de Fidel en la cual yo estuve”

En 1973, viajó a la nación caribeña acompañando a su esposo y a otro funcionario del Instituto de Comercio Exterior, adscrito a la cancillería. El objetivo de la visita fue comenzar formalmente la preparación para restablecer las relaciones Cuba-Venezuela que se habían interrumpido en noviembre de 1961 cuando Cuba se retiró de la Organización de Estados Americanos.

Hubo varios intentos anteriores de encontrarse ambos cancilleres en países como Chile, recuerda María Mercedes en la sala de su casa donde atesora numerosos objetos de su segunda patria, mapas, fotos junto a Fidel, jarras con la bandera de la estrella solitaria, platos de cerámica, cofres, llaveros con la imagen del Comandante. Retazos de una existencia de amor a la Mayor de las Antillas que hace pensar a los visitantes que no están en el estado venezolano de Miranda sino en cualquier hogar de la nación caribeña.

“Desde México llegué a La Habana el 12 de marzo de 1973. Mi vida era muy triste. Cuando conocí a Fidel esa realidad no escapó de su observación. Una de las primeras preguntas que me hizo fue ¿qué experimenta una mujer reprimida cuando llega a Cuba y se siente libre? Para mí la pregunta más exacta hubiese sido ¿qué experimenta una mujer triste cuando llega a Cuba y se siente viva? ”

Durante ese recorrido se reunieron con Carlos Rafael Rodríguez, el entonces Viceprimer Ministro para el sector de Organismos Exteriores. No obstante, afirma, la agenda no fue tan extensa porque los deseos de restablecer las relaciones con el país caribeño no estaban aún bien consolidados.

En octubre de 1973, regresaron a la capital cubana porque el Ministro de Ciencia y Juventud de Venezuela iba a inaugurar un busto de Simón Bolívar en el Palacio de los Capitanes Generales.

“El acto central se caracterizó por un concierto de música de la colonia protagonizado por la Orquesta del Instituto Cubano de Radiodifusión. Fue de 8 a 9 de la noche, y una vez concluida la ceremonia apareció Fidel, sacó su tarjeta de invitación y dijo que él no había llegado tarde porque su tarjeta decía a las 9. Entonces Eusebio Leal se dirigió al director de la Orquesta y le dijo «maestro comience» y repitieron el concierto”

Rememora que esa noche caminaron por el museo hasta el busto de Simón Bolívar. Belarmino Castilla, primer vicepresidente del Ministerio de Educación, cuenta, la agarraba por la cintura para colocarla al lado de Fidel cuando la multitud la separaba de él.

“Al día siguiente nos invitaron al Museo de Artes Decorativas. Yo estaba sentada con otras compañeras y me mandó a buscar. Quería que le comentara sobre las elecciones en Venezuela y le contara sobre la visita del presidente de Rumanía a mi país”

Una vez finalizado el intercambio los representantes de la nación sudamericana invitaron al líder cubano a tomarse un “cafecito”. “Un café no. Pero un mojito si se los aceptó”, manifestó Fidel.

“De ese encuentro han quedado muchas fotos que con el transcurso del tiempo han perdido color y se han ido deteriorando. Ya llevan 41 años. Pero para mí son un sacramento porque es un pedacito de su vida en la cual yo estuve. Muchos de mis recuerdos, vestidos, joyas que hoy conservo…son porque Fidel reparó en ellas”

Nunca me había sentido un ser humano”

Un año más tarde, el Ministerio de Relaciones Exteriores invitó a las dos parejas a pasar un mes de vacaciones en la Mayor de las Antillas. “Solo fui yo. Todavía me siento abrigada por la ternura que recibí en esa oportunidad”

Una noche Carlos Amat, encargado del Departamento América del Minrex la invitó a ir con su esposa Elvira a Tropicana pues ellos acompañarían a una representación de Argentina a ese lugar. Sin embargo, cuando descubrió que Fidel estaba en el Hotel Riviera donde ella se hospedaba, señaló “Yo no voy a Tropicana voy a esperar que él salga de la conferencia y me firme unas fotos”

“Cuando concluyó el encuentro caminó hacia mí. Se interesó por mi permanencia en La Habana y le comenté de todas las muestras de cariño que había recibido. Nunca había sido tratada así ni me había sentido un ser humano. Antes era como la pajarita de papel de Nicolás Guillén, de su obra El Gran Zoo, sola en su jaula mínima, dormitando, la pajarita de papel. Cuba me hizo una mujer libre, y eso se lo agradezco también a Fidel”

Ese año, 1974 y hasta mayo de 1975 cuando se abre la embajada en Caracas se dio un intercambio muy grande entre ambos países desde el punto de vista político, cultural, deportivo, social. Se firmaron convenios. Arribaron muchos artistas y se organizó en Venezuela un festival de cine cubano con las películas de la época.

En 1979, se reencuentra María Mercedes con La Habana. Viaja para asistir a una reunión del Movimiento de Países No Alineados como parte de una delegación del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Posteriormente, en la década del 80 recorrió varias provincias del país y en el año 1999 asistió con su mamá a los festejos por el aniversario 40 de la Revolución. “Ella fue el ser más feliz. Cuando vio a Fidel se emocionó mucho y le mencionó todas las veces que él había estado en Venezuela. Fue una experiencia bellísima”

María y Barrio Adentro Deportivo”

Desde el umbral, la casa de María Mercedes es una oda a Cuba. Cada pieza revela una historia. Algunas de ellas, se han construido en la última década con la incorporación de la anciana septuagenaria en un proyecto social ideado por Fidel Castro y el Comandante Eterno Hugo Chávez: la Misión Barrio Adentro Deportivo.

“El mapa que está colgado me lo mandó el papá de una doctora. Siempre en los cumpleaños de los colaboradores hago una torta y la compartimos entre todos. Yo guardo esas cosas como un tesoro, son las cosas que más quiero”

A la Virgen de la Caridad del Cobre, le pide por la salud de su gato Mediodía, la fiel mascota que nunca la abandona.

“Cuando recorro los pasillos del Centro de Diagnóstico Integral los sábados en la tarde, los médicos me preguntan si me siento bien. Yo les digo que necesito Cuba. Porque para mí esa es la felicidad más grande que Cuba está en Venezuela”

María Mercedes es fundadora de la Misión Barrio Adentro Deportivo. “Al principio solo éramos dos y después el grupo fue creciendo. Los nombres de cada colaborador que conozco siempre resuenan en mi mente: Omar, Humberto, Ismary, Deysi, Natalia…”

En el año 2007 realizaban los ejercicios en un espacio pequeño. Tres años más tarde abrieron el CDI y empezaron a hacerlos en el estacionamiento. A medida que se incorporaban ancianas decidieron comprar un equipo de música para efectuar la bailoterapia. “Nuestro profesor toma fotos y nos dice que en Cuba los viejitos no bailan”

“No solo quisiera volver a visitarla. Me gustaría vivir allá. Pero la Revolución está aquí, somos necesarios y tenemos que estar porque la nuestra empezó cuando la de ustedes tenía 40 años. Es una lucha de vida o muerte todos los días. No hay un momento de descanso. La existencia de los jóvenes hay que defenderla”

María Mercedes Lecuna ya no se siente sola como la pajarita de papel. Cuba la enseñó a ser libre y nunca más estuvo atada.

Por: Danay Galletti Hernández.
 

 

Editado por Katia Madruga Marquez
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