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Dame letra, asere.

Por Rodolfo de la Fuente Escalona.

Hace unos días estaba con mi hermano Benito en los estudios Abdala, y un conocido cantante y autor, horcón de la música popular cubana de los últimos
30 años, le dijo en medio de una conversación sobre el disco que grababa y la necesidad de colaboración: -Dame letra, asere.

Como no estaba al tanto de los detalles de la plática, pensé inicialmente que se refería a la Letra del Año, que emiten dos grupos de Babalaos
cubanos. Pero no, estábamos en Octubre y esta letra se conoce en Enero.

Tampoco era un pedido de información sobre algún asunto. No. El popular cantante quería  letra para sus canciones.

Me vino a la mente esa anécdota cuando escuchaba  los discursos de clausura del pasado congreso de la Asociación Hermanos Saíz, al ver-oir algunas de las
intervenciones, sobre todo en el campo de las letras de la música popular y en particular del reguetón.

Debo comenzar diciendo que no me gusta el reguetón. Por razones estéticas y éticas e incluso dietéticas. Pero que no me guste a mi no es motivo para
despreciar una cosa. No soy el ombligo del mundo y lo que yo piense o crea es sólo eso: lo que pienso y creo. Y tampoco es motivo para ofender o
humillar a nadie.

Lo primero que recordé al ver las intervenciones de clausura de ese congreso ( por cierto, ¿ no serán demasiados congresos?) es que desde fines de la
década de los 60s, y ya en los comienzos de la década siguiente, existía la Hermanos Saíz, y no sé a qué se deba ese embaraje de querer dotar a la
entidad de una edad de 17 años, cuando tiene más. Y agrupó a escritores que  fueron y son de primera línea, que de la mayoría de las cuales la cultura
nacional se siente honrada y a la mayoría de los cuales conocí en amistad y aun conozco ( los que están vivos, claro), amistad que permanece, estén
donde estén los ahora viejos jóvenes brigadistas.

Recuerdo que a finales de los años 60s integré la Columna Juvenil  de Escritores y Artistas de Oriente, (CJEAO) por medio de la cual participé en
numerosas actividades o encuentros, que eran para eso, para encontrarse, beber todo el Caney posible en aquellas botellas irrellenables y panzonas,
intercambiar textos, bajo la mirada amigable de los funcionarios de aquel CNC, siempre tan maltratado, en ese deporte nacional de jugar con la cadena.

Todavía me acuerdo de aquel cordial Walter Ferrás, director provincial de Cultura de Oriente (CNC), sacando del maletero de su carro viejo una
botellas de Caney  para darnos a Freddy Laborí  (Chispa), Ramiro Gutiérrez y a mí, cuando terminó el Festival de la Trova de Marzo de 1973.

Y me parece que también, en aquellos primeros 70s, yo estuve en la Brigada Hermanos Saíz y participé de algunas actividades, hasta que el Movimiento de
la Nueva Trova, (masonería tierna que aún permanece y nos une a todos aquellos que estuvimos ahí en aquellos años) llenaba todo mi tiempo e
ilusiones.

La Nueva Trova fue asesinada a traición y aun no logró saber bien por quién, aunque tengo mis sospechas. Y después de muchos años, he logrado percatarme
que mi alejamiento de los escenarios musicales  y lo que pudiera llamarse vida pública, comenzó cuando comenzó a morir la Nueva Trova, que era mi casa
y mi gozo, y lo sigue siendo en el recuerdo blindado y aguerrido.

Como voy a cumplir 40 años de ¨vida artística¨ en el 2014 ( bueno, en realidad ha sido en este 2013, pero cualquier excusa es buena), pues he decidido hacer algo que nunca me ha importado hacer: grabar un disco. Pero para que estén ahí todos mis compañeros de aquellos años en que la mayoría de las veces no había micrófonos, o solo había uno para guitarra y voz, o la actividad era en un campamento cañero, y un enorme etcétera que entonces no fué problema, y ahora, al recuerdo, es chiste juvenil donde estaban algunos rostros delgados todavía con pelo o pasa abundante, figuras que hoy tienen fama mundial.

Pero escuchando algunas intervención en la clausura del Congreso de la AHS, invocando la cultura, el buen gusto, en cruzada contra la chabacanería que
existe ( y no solo en Cuba: es una epidemia mundial) no pude sustraerme a recordar, en automático, que a todo lo más largo que ancho de esta isla esas
urgentes e impostergables discusiones se producen cada quinquenio o decenio, y hasta el momento (siempre se queda diluida como noria)  se retoma con
gravedad  congresional o mediática, como si fuera algo nuevo, como una tarea histórica para salvar la Patria.

¿Será que alguna gente no tiene memoria o la prisa posmoderna produce olvido, o simplemente es tiniebla, decir jamás, sin aves que suelan volver
al nido?

Ya José Antonio Saco había advertido de cosas similares en su libro sobre la vagancia, en el XIX fundacional.  Y  Alberto Lamar S., en los años 30, nos
dejó un retrato del cubaneo, con tonos grises, desesperanzados y rencorosos. Y en los 40 Mañach nos dotó de su Indagación al Choteo, clásico del tema*. Y
en los 50s, el profesor Luis Aguilar León (cubanazo de primera al que tuve ocasión de conocer en Miami a comienzos de los 90s, recién fallecido) nos
dejó otro clásico que pasa por anónimo pero no lo es: El profeta  habla de los cubanos.
 
Las causas de nuestra chusmería, rueda dentada en medio del enorme reloj planetario de la chusmería universal; el paso del choteo de Mañach a esa
conducta que no tiene límites de respeto (que pudiera pasar por democrática y popular - y antiimperialista, para el que le guste-en realidad es reacción
anárquica y es respuesta sublimada ante otros problemas.

Pero esto no es  objeto de este trabajillo. Aunque baste recordar la constante campaña de los medios y que, incluso, Raúl Castro dedicó casi el 70 % de uno de sus últimos discursos a tratar lo que sea dado en llamar las indisciplinas sociales, que no son sólo de hecho, sino de palabras ( y de gestos y sonidos) y de ahí es de donde brota, cual fértil campo, la cagástrofe actual en relación a la conducta de mucha gente, el irrespeto al prójimo, la respuesta brusca, el igualitarismo que no conoce grado ni categoría, excepto el grado y categoría que pueda dañar o reprimir. Pero pudiera remitir al lector a mi trabajuelo Indagación a la Chusmería, de 1982 ( cuando lo publique al fin…) donde se trata más particularmente este tema.

Revisé en mis archivos y vi una encuesta de la revista Revolución y Cultura de 1980, que salió en números sucesivos, donde eran siempre tres los
entrevistados.  Aparezco ahí en el medio, escoltado por Paquito de Rivera y Pello el Afrokán. Y noto con aburrimiento que ha sido lo mismo con lo mismo
de lo dicho en el decenio anterior, y lo mismo que se dice ahora. Pero lo que me llama la atención ahora, de un tiempo a esta parte, es la arrogancia
y el todo despectivo de algunos discursos, sea de artistas o funcionarios, donde se trata con desdén, se insulta, se humilla a esos jóvenes que cantan
y componen en esa onda trasnacional, que para mi tiene un sustrato delincuencial  y a veces grosero en textos y gestos, poca imaginación
musical, pero que no es privativo de Cuba.
 
Y en algunos casos hasta se truena con tono que envidiaría Luis XIV de leyes, resoluciones u otros instrumentos legales para prohibir, limitar, dividir, multiplicar (por cero)  y un etcétera  que ya sufrimos antes, y no condujo a ninguna parte, solo a errores que muchas veces no han sido reparados de la manera debida, sin una excusa pública por la pública exclusión y humillación.

¿No se dan cuenta quienes emiten esos discursos desde una obra hecha o desde un alto cargo burocrático que insultan y humillan a personas, ciudadanos cubanos como ellos, con los mismos derechos y deberes? ¿Y que de paso -y esto es grave también-  insultan y humillan a miles y miles de jóvenes en todo el país, gente que trabaja y estudia, que se sacrifica y trata de ser buenos ciudadanos?

¿ Y porque a ninguno  se les ocurre utilizar las instituciones culturales que existen en todo el país para tratar de vincular ( pero de verdad, no con burocratismos y acechanzas) a estos jóvenes con los jóvenes poetas, pintores, ponerles un pomo no ya de Caney, pero sí de Havana Club o Coronilla, y crearles el marco para que se interrelacionen, se conozcan, se pasen ideas de ida y vuelta, salgan a ligar juntos, o al cine o un conferencia en la UNEAC o a bailar en la Tropical con los Van Van.

Si Matamoros, Ñico Saquito, Arsenio Rodríguez y otros hubieran tenido a estos censores que ejercen desde su cultura y sentimiento elitista, por encima del bien y el mal, pero lindando con el peor, lo más probable es que Arsenio ni hubiera hecho Mira como traigo la Yuca, conocida como Catalina, El Guayo de Catalina y similares.

Y Matamoros no hubiera escrito años antes su cuarteta, precursora del surrealismo:  ¿Qué te parece, Rufina, Mirar por el farallón. Ver cómo rueda el trombón/Hasta que se desafina?

Las autoridades de Santiago en aquellos años 30s de seguro le hubieran prohibido tocar y grabar eso al trío Matamoros, con sentimiento totalitario y excluyente, con prepotente invocación a la decencia, los valores católicos (siempre, la historia del mundo llena de  algún dogma en función de generar limitaciones…)

Nada, que a este paso en cualquier momento resucita Tarajano, aquel Censor de la Comisión de Ética, de la Decencia y las Buenas Costumbres para el sector farandulero de antaño. Buena gente y del comercio.

Todo el mundo sabía que en Santiago, esa cuarteta circulaba y que su original sustituía la palabra trombón por mojón. Porque en ciertos farallones santiagueros la gente hacia sus necesidades en letrinas donde el resultado de éstas se despeñaba...
 
En fin, sin ánimo de réplicas ni de discusiones estériles, lo único que quiero, modestamente y como trabajador de la cultura que nunca ha trabajado en Cultura,  es invitar a quienes así piensan, a quienes humillan desde publicitadas tribunas a estos jóvenes y con ellos a miles y miles de jóvenes en todo el país, para que usen las instituciones  no como estaciones de policía o fiscalías o tribunales, sino como eso, centros propiciadores de cultura, y pongan en marcha el plan o Misión Cultural ¨Dame Letra, Asere¨.

30 de Octubre de 2013.

*Por cierto, hace unas semanas abrí una página de internet medio dormido, y vi un artículo en un medio digital cubano hecho en Madrid que se titulaba
Indagacion de la chusmería, y en mi neblinez pensé, muy sorprendido, qué cómo se había filtrado ese artículo hasta allí, que no había  nunca enviado
a nadie y estaba en solo mi computer haciendo parte de un librejo de ensayos… Pero se trataba de uno otro  escrito por un joven y talentoso
intelectual cubano,  Duanel Diaz, a quien escribí, pero parece que no recibió mi email. Resulta que hacia 1982 escribí un artículo titulado
Indagacion a la chusmeria, de igual contenido.
Editado por Pedro Manuel Otero
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