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Matanzas, la ciudad Atenas de Cuba

Por Wilfredo Alayón*

La tricentenaria y occidental ciudad de Matanzas es, casi seguro, la urbe que más sobrenombres posee en esta nación caribeña, algunos de ellos vinculados a su geografía atravesada por tres corrientes fluviales.

Esa característica motiva que la villa, fundada por familias de Islas Canarias el 12 de octubre de 1693 y a 100 kilómetros al este de La Habana, ostente entre sus motes el de Ciudad de los Ríos y el de Ciudad de los Puentes.

Gentil Yucayo, Venecia cubana, Nápoles de América, Ciudad dormida, Ciudad de los poetas, Tiro de los mares de occidente y Ciudad yumurina son, entre otros, algunos de los apodos por los que ha sido nombrada desde su constitución, próxima a los 323 años.

Sin embargo, el más usado y precisamente el que más disfrutan, agradecen y satisface a sus pobladores es el de La Atenas de Cuba, denominación surgida el 17 de febrero de 1860 en las actividades inaugurales del Liceo Artístico y Literario.

Pero esa distinción no fue fruto del azar, o de intelectuales trasnochados, sino de un movimiento cultural ejecutado fuera de la oficialidad colonial española, que buscó una expresión emblemática en un sello definitorio.

Agunos apuntes históricos

Como apuntamos al inicio, el 12 de octubre de 1693 nació esta localidad con una misa solemne oficiada por el Obispo de Cuba en una pequeña elevación a la vera del río San Juan y designada como San Carlos y San Severino de Matanzas.

La metrópoli nació con características que llevan a considerarla única en el país, según apuntes del reconocido historiador local Arnaldo Jiménez de la Cal.

"No fue villa desde su origen, sino ciudad, aunque en realidad no pasó en aquellos años de ser un pobre villorio. Su fundación se hizo planificadamente mediante un plano, bajo la cuadrícula española y a regla de cordel, como solía señalarse", comenta el investigador.

Jiménez de la Cal especifica que el enclave poblado fue, al mismo tiempo, una ciudad militar, ya que su castillo se levantó al unísono con la población, debido a que "los soldados se incrementaban, en caso de necesidad, con los propios habitantes".

"Posteriormente se unirán varias fortificaciones para crear un verdadero cinturón defensivo que aseguraba la retaguardia de San Cristóbal de la Habana", asegura.

A juicio del experto, esta última condición es la exclusiva razón política del Rey de España en la edificación de Matanzas, así como la ausencia de un sustento económico por el cual el enclave languidece durante todo el siglo XVIII.

Despegue económico y cultural

La ciudad  debe muy poco a la centuria décimo-octava, pero, en los finales, la rebelión en Haití y otros factores posibilitaron el desarrollo en la mayor de las Antillas de los cultivos del café y la caña de azúcar mediante la mano de obra esclava.

Escritos historiográficos reconocen dos aspectos que apuntalaron la economía matancera: la constitución del gobierno político/militar (1815) y la habilitación, tres años después, del puerto para el comercio mundial.

 "El peso de este proceso lo llevaron los terratenientes criollos y otras fuerzas sociales interesadas en el adelanto del país, los cuales constituían un núcleo sumamente ligado a la cultura y a la ciencia", destaca Jiménez de la Cal.

Investigaciones de la época reconocen que la llegada de la imprenta en 1813 y la creación de la Diputación Patriótica en 1827 forjaron proyectos como el periódico La Aurora, considerado entre los mejores de España y de sus dominios.

Otras iniciativas resultaron en el surgimiento de la Biblioteca Pública y el fomento de escuelas para la niñez (blanca y negra) del territorio.

 "La economía floreciente en manos criollas permitió crear la Sociedad Filarmónica y más tarde el Liceo Artístico y Literario, y el Teatro Principal cubrió una gama de amplios espectáculos variados", acota Jiménez de la Cal.

En este favorable escenario para la cultura es oportuno precisar el caudal artístico y cultural que comenzó a aportar el Teatro Sauto, mientras que el intelectual Domingo del Monte tuvo una favorable acogida en sus tertulias.

No es difícil imaginar que poetas y dramaturgos como José Jacinto Milanés y Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), tuvieran un camino fértil para sus producciones literarias.

El obligado recuento incluye la música, que tuvo expresiones de alto rigor en la voz de Úrsula Deville y las cuerdas del violín de José White, en tanto la educación encontró un sitio de excelencia en el colegio La Empresa.

"Llegamos entonces a la búsqueda, por este movimiento, de una expresión emblemática, un sello definitorio, y aunque surgieron varios, no llenaban cabalmente las aspiraciones de aquel grupo", expone Jiménez de la Cal.

Es el 17 de febrero de 1860, en las actividades inaugurales del Liceo Artístico y Literario, cuando su director, Rafael del Villar, proclama a Matanzas como la Atenas de Cuba, para compararla con la polis griega del siglo V de Pericles y reconocer el desarrollo cultural.

"Desde entonces y hasta hoy es el apelativo mediante el cual se identifica y califica con más justicia a nuestra urbe yumurina", asegura Jiménez de la Cal.

 

 

Editado por Maria Calvo
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