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¿Por qué gustan los policiacos cubanos?

por  Yuris Nórido

No son las telenovelas, como podría pensarse, el producto estrella ahora mismo de la producción dramatizada de la Televisión Cubana. El lugar cimero, según las investigaciones, lo comparten el humorístico Vivir del cuento y las dos series policiacas habituales: UNO y Tras la huella.

De hecho, están entre las poquísimas propuestas cubanas que los vendedores de series, películas y videos clips incluyen en sus catálogos.

Series de policías y delincuentes abundan en la parrilla, sobre todo estadounidenses. La variedad ha llegado a ser apabullante y la factura, como era de esperar, óptima.

A las series cubanas les falta mucho en ese sentido. No son perfectas, dramatúrgicamente hablando. Y las puestas en pantalla todavía tienen algunos puntos débiles.

Pero los televidentes parecen preferirlas. Y la razón es obvio: el atractivo de lo local, la cercanía, la recreación de un contexto conocidísimo.

Quizás a nuestros casos les falte un poco de suspenso, quizás nuestros policías y delincuentes podrían estar mejor concebidos… pero son nuestros casos y nuestros policías. Los estudiosos de la comunicación lo tienen claro: cuando lo local está dignamente realizado, parte con una ventaja frente a lo “global”.

El caso de Tras la huella es singular. Hubo un tiempo en que ese espacio tuvo que sufrir dolosas comparaciones con el célebre Día y noche. Y no era para menos: aquellos primeros capítulos ignoraban las más elementales normas de la dramaturgia y la realización.

Más que capítulos de una serie dramatizada parecían expedientes policiales para un archivo: no había intriga, los personajes —policías y delincuentes, pero sobre todo los policías— parecían de cartón, era notable un didactismo ramplón…

Afortunadamente, se corrigió el tiro. Ahora, en unos capítulos mejor que en otros, ya es posible seguir una historia.

UNO salió con mejor pie. Desde el principio tuvo identificados los móviles de un policiaco: tiene que haber peripecia y conflicto. Los personajes estaban mejor construidos, las historias mejor estructuradas. Y la puesta siempre fue más que digna.

En la temporada que se transmite ahora, incluso, han sorprendido con excelentes efectos, como el accidente del ómnibus en uno de los capítulos. Son pródigas las tomas aéreas, que aportan una singular espectacularidad.

Hay un debate sobre la recreación de la realidad. Si bien en Tras la huella se advierte que los capítulos están inspirados en casos de la vida real, en UNO se toman más licencias.

Hasta el punto de que muchos televidentes se quejan de que el nivel de violencia o los despliegues policiales no tienen que ver con el día a día de la sociedad cubana.

Es discutible, pero en todo caso una serie de ficción no tiene que ser un documento acucioso. Y algo está claro: si no hay tiroteo, persecución, interrogatorios, ciertos niveles de violencia… difícilmente podrá haber policiaco.

De cualquier modo, el público tiene la última palabra…

 



(CubaSí )

Editado por Maria Calvo
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