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El Varaentierra, parte de la cultura campesina cubana

Por Guadalupe Yaujar Díaz

Cuba enfrenta las consecuencias del poderoso huracán Matthew a su paso por la región oriental del país.

Como en otras ocasiones, acostumbrados a lidiar con este tipo de evento meteorológico, el Consejo Nacional de la Defensa comunicó oportunamente las medidas y provisiones necesarias para proteger y preservar la vida humana y los bienes económicos. De ahí que no ha faltado un llamado de la televisión nacional a no olvidar el varaentierra, refiriéndose a otra posibilidad de refugio, advertencia que provoco mi pequeña búsqueda sobre el tema.

Vale destacar la grafía separada, el guión intermedio y la fusión en un vocablo único (vara en tierra, vara-en-tierra, varaentierra) constituyen tres fases sucesivas por que atraviesa la combinación de palabras que se transforma en palabra única, explica Rafael Seco en su Manual de Gramática Española.

Sin embargo, si de vocablos se trata, en Cuba el pueblo que la crea para usarla según su necesidad, dice la última palabra y le pone el cuño.

Los usos del varentierra, utilizada antaño para preservarse de la intemperie o habitar transitoriamente cuando un campesino era puesto en el camino real, hoy su construcción típica detrás de la vivienda, sirve para guardar vituallas y aperos de labranza y también en la protección de la vida humana o de los animales.

Lo cierto es que desde tiempos inmemoriales los ciclones tropicales han hecho de Cuba, junto a sus vecinos geográficos, los principales blancos de su trayectoria, y aunque la mayor de las antillas posee un articulado Sistema de Defensa Civil para situaciones de catástrofes, el ingenio y la tradición campesina no faltan.

Porque realmente el Varaentierra, forma parte de la cultura arquitectónica de nuestros campos, aunque se fue perdiendo junto a nuestros abuelos y bisabuelos. Varios años sin huracanes de importancia y la dinámica de la vida, tendían a acabar con su existencia; pero una nueva etapa de actividad ciclónica iniciada en 1995 y la continuación de casi una decena de huracanes de gran intensidad que azotaron a Cuba en pocos años, los han revivido como una necesidad, un aporte de los campesinos cubanos a la protección de la vida ante el azote de los huracanes.

El Varaentierra posee un techo de dos aguas, de yagua o guano, con la techumbre o cobija en forma de un ángulo diedro, como si fuese el techo o caballete de una casa sobre la tierra, a modo de naipe doblado por el medio y puesto bocabajo.

No tiene horcones ni paredes, sino sólo dos aguas o aleros que descansan en el suelo, sin más respiradero que la puerta de enfrente. Típicamente se construía en un terreno algo más elevado, para evitar la entrada de agua de lluvia a su interior. Usualmente se prefería para ubicarlo al fondo del bohío o un lugar cercano a donde viviera la familia, y se profundizaba su piso hasta un metro por debajo de la superficie. El techo bajo le permite escapar a los efectos del viento.

Un Varaentierra puede describirse prácticamente como un hueco en la tierra con un techo de dos aguas encima, o lo que pudiera decirse como “una casa sin paredes”. Sin embargo, dentro del rústico espacio se encontraban todos los medios necesarios para la convivencia y sobrevivir al paso de un evento meteorológico extremo.

Con un área de unos 12 metros cuadrados, y escasos metro y medio de altura, del piso al caballete, en el recinto se puede albergar a toda la familia y además a varios vecinos que pudieran llegar, según el tamaño que tuviese.” (1)

A propósito interesante resulta que Cirilo Villaverde escribió en Cecilia Valdés (1882): “Una cabaña o bohío de los de vara en tierra”. Mientras en Negrita, el cuento de Onelio Jorge Cardoso se lee: “Esa misma tarde levantó su vara en tierra donde albergar la familia y pasar las noches y las lluvias bajo el techo de guano, resistiendo toda estrechez y durmiendo en el suelo limpio”. Y de más trascendencia histórica resulta la anotación del guerrillero Heroico Ernesto, Che, Guevara cuando escribió vara en tierra en Pasajes de la Guerra Revolucionaria; y en el Diario de Bolivia, el 17 de enero de 1967: “Día de poco movimiento; se acabaron las trincheras de la primera línea y el vara en tierra”.

Por otra parte no faltaría la sabrosa novela Juan Quinquín en Pueblo Mocho, Samuel Feijóo narra: “En tres días armaron los vara-en-tierra. Simulaban pequeños bohíos de guano sin paredes clavados en el suelo”.

Excilia Saldaña, en tanto, escribió en La noche: “Cuando yo era niña –decía abuela– vivía Tata Cuñengue en un varaentierra”. Igual que nuestro Cuentero Mayor en Abrir y cerrar los ojos (1969): “Su rancho donde vivía, un varaentierra sucio”; y Gustavo Eguren en Aventuras de Gaspar Pérez de Muela Quieta: “Con el recelo debido decidí arrimarme a un varaentierra algo apartado”.

También leemos en Por los senderos de Margarita “Cuentos de camino”, del venezolano José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco): “En  épocas de lluvia, cualquier rancho varentierra oculto entre los montes, o cualquiera

Por Guadalupe Yaujar Díaz

Cuba enfrenta las consecuencias del poderoso huracán Matthew a su paso por las provincias de la región oriental del país.

Como en otras ocasiones, acostumbrados a lidiar con este tipo de evento meteorológico, el Consejo Nacional de la Defensa comunicó oportunamente las medidas y provisiones necesarias para proteger y preservar la vida humana y los bienes económicos. De ahí que no ha faltado un llamado de la televisión nacional a no olvidar el varaentierra, refiriéndose a otra posibilidad de refugio, advertencia que provoco mi pequeña búsqueda sobre el tema.

Vale destacar la grafía separada, el guión intermedio y la fusión en un vocablo único (vara en tierra, vara-en-tierra, varaentierra) constituyen tres fases sucesivas por que atraviesa la combinación de palabras que se transforma en palabra única, explica Rafael Seco en su Manual de Gramática Española.

Sin embargo, si de vocablos se trata, en Cuba el pueblo que la crea para usarla según su necesidad, dice la última palabra y le pone el cuño.

Los usos del varentierra, utilizada antaño para preservarse de la intemperie o habitar transitoriamente cuando un campesino era puesto en el camino real, hoy su construcción típica detrás de la vivienda, sirve para guardar vituallas y aperos de labranza y también en la protección de la vida humana o de los animales.

Lo cierto es que desde tiempos inmemoriales los ciclones tropicales han hecho de Cuba, junto a sus vecinos geográficos, los principales blancos de su trayectoria, y aunque la mayor de las antillas posee un articulado Sistema de Defensa Civil para situaciones de catástrofes, el ingenio y la tradición campesina no faltan.

Porque realmente el Varaentierra, forma parte de la cultura arquitectónica de nuestros campos, aunque se fue perdiendo junto a nuestros abuelos y bisabuelos. Varios años sin huracanes de importancia y la dinámica de la vida, tendían a acabar con su existencia; pero una nueva etapa de actividad ciclónica iniciada en 1995 y la continuación de casi una decena de huracanes de gran intensidad que azotaron a Cuba en pocos años, los han revivido como una necesidad, un aporte de los campesinos cubanos a la protección de la vida ante el azote de los huracanes.

El Varaentierra posee un techo de dos aguas, de yagua o guano, con la techumbre o cobija en forma de un ángulo diedro, como si fuese el techo o caballete de una casa sobre la tierra, a modo de naipe doblado por el medio y puesto bocabajo.

No tiene horcones ni paredes, sino sólo dos aguas o aleros que descansan en el suelo, sin más respiradero que la puerta de enfrente. Típicamente se construía en un terreno algo más elevado, para evitar la entrada de agua de lluvia a su interior. Usualmente se prefería para ubicarlo al fondo del bohío o un lugar cercano a donde viviera la familia, y se profundizaba su piso hasta un metro por debajo de la superficie. El techo bajo le permite escapar a los efectos del viento.

Un Varaentierra puede describirse prácticamente como un hueco en la tierra con un techo de dos aguas encima, o lo que pudiera decirse como “una casa sin paredes”. Sin embargo, dentro del rústico espacio se encontraban todos los medios necesarios para la convivencia y sobrevivir al paso de un evento meteorológico extremo.

Con un área de unos 12 metros cuadrados, y escasos metro y medio de altura, del piso al caballete, en el recinto se puede albergar a toda la familia y además a varios vecinos que pudieran llegar, según el tamaño que tuviese.” (1)

A propósito interesante resulta que Cirilo Villaverde escribió en Cecilia Valdés (1882): “Una cabaña o bohío de los de vara en tierra”. Mientras en Negrita, el cuento de Onelio Jorge Cardoso se lee: “Esa misma tarde levantó su vara en tierra donde albergar la familia y pasar las noches y las lluvias bajo el techo de guano, resistiendo toda estrechez y durmiendo en el suelo limpio”. Y de más trascendencia histórica resulta la anotación del guerrillero Heroico Ernesto, Che, Guevara cuando escribió vara en tierra en Pasajes de la Guerra Revolucionaria; y en el Diario de Bolivia, el 17 de enero de 1967: “Día de poco movimiento; se acabaron las trincheras de la primera línea y el vara en tierra”.

Por otra parte no faltaría la sabrosa novela Juan Quinquín en Pueblo Mocho, Samuel Feijóo narra: “En tres días armaron los vara-en-tierra. Simulaban pequeños bohíos de guano sin paredes clavados en el suelo”.

Excilia Saldaña, en tanto, escribió en La noche: “Cuando yo era niña –decía abuela– vivía Tata Cuñengue en un varaentierra”. Igual que nuestro Cuentero Mayor en Abrir y cerrar los ojos (1969): “Su rancho donde vivía, un varaentierra sucio”; y Gustavo Eguren en Aventuras de Gaspar Pérez de Muela Quieta: “Con el recelo debido decidí arrimarme a un varaentierra algo apartado”.

También leemos en Por los senderos de Margarita “Cuentos de camino”, del venezolano José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco): “En  épocas de lluvia, cualquier rancho varentierra oculto entre los montes, o cualquiera simple cueva natural agrandada a punta de machete (…) eran utilizados como simples refugios para medio guarecerse de las calamidades del tiempo”.

Como podemos ver el Varaentierra tiene una bien ganada fama que renace en tiempos de ciclones; y como también diría en un artículo el destaco meteorólogo cubano José Rubiera “el varaentierra es un invento cubano.”

(1) http://oncubamagazine.com/ciencia/un-invento-cubano-contra-los-ciclones/ José Rubiera.


 

 

Editado por Pedro Manuel Otero
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