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Cementerio chino habanero atrae turismo

Imagen de Archivo

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Entre los atractivos cubanos que atrapan a viajeros de todo el mundo destaca el turismo funerario, y como una curiosidad puede mencionarse el Cementerio Chino de La Habana.

La nacionalidad cubana, existe gracias a la fusión de españoles y africanos, pero le siguen chinos, alemanes, judíos, franceses, y más.

Por tanto, los chinos significan algo especial en la genealogía de los habitantes de la mayor isla de Las Antillas y su cementerio, modesto, pequeño y en una ruta que bien pudiera ser turística, representa tema de atención para muchos viajeros del mundo.

Algunos expertos recuerdan que Cuba es muy pequeña, ínfima, en comparación con China de donde llegaron sus primeros emigrantes en junio de 1847. Se trataba de culíes contratados para sustituir a esclavos africanos.

Los historiadores registran dos procesos inmigratorios en el siglo XIX y un tercero en el siglo XX, convirtiendo al archipiélago en asentamiento de la mayor colonia china en América.

Los chinos se adaptaron perfectamente a Cuba y a su contexto sociocultural pese a condiciones adversas y distintas, pero pudieron reconstruir sus tradiciones mediante asociaciones desde finales del XIX hasta el XX.

Aparecieron farmacias, teatros, hogares de ancianos, bancos, periódicos y, no podía faltar, un cementerio.

En la actualidad se rescatan sus costumbres y el Barrio Chino de La Habana florece y se repleta de turistas, sobre todo europeos y asiáticos.

El cementerio chino (en la actualidad Avenida 26 y Zapata, en Nuevo Vedado) fue construido por el arquitecto cubano Isidro A. Rivas.

Los iniciales enterramientos de chinos fueron en el cementerio de los ingleses, donde ahora se encuentra Colón, el más importante de Cuba.

Para el 11 de diciembre de 1882, el primer cónsul chino en La Habana, Liu Lia Yuan, inició las gestiones oficiales para construir el primer camposanto chino, refieren los historiadores.

La iglesia católica se interpuso y ello provocó que el permiso solo se concediera 11 años mas tarde, el 20 de mayo de 1893.

El costo llegó a 23 mil 700 pesos en un terreno propiedad de Federico Kohly y su superficie era de nueve mil metros cuadrados. Finalmente apareció en octubre de 1893.

Ahora ocupa ocho mil 198 metros cuadrados, divididos en cuatro cuadros irregulares que representan el cielo, la tierra, el mundo de los vivos y el de los muertos.

Allí se plantan obeliscos, capillas, nichos, bóvedas y falsas bóvedas, conocidas como muritos chinos; fosas excavadas en la tierra coinciden con los enterramientos.

Destaca allí la escultura de San Fancón, ejemplo ineludible de la transculturación religiosa entre chinos y cubanos. En ese interesante lugar solo pueden ser enterrados chinos, sus cónyuges y descendientes hasta segunda generación.

De cualquier manera, el lugar enriquece el panorama para visitantes de todo el mundo con la intención de conocer mejor a los cubanos. Ese cementerio fue declarado Monumento Nacional.

(Tomado de PL)

 

Editado por Martha Ríos
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