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Trinidad y las huellas de un herrero francés

Entrada de la antigua casa hacienda del ingenio Manaca Iznaga, Foto: Archivo

Entrada de la antigua casa hacienda del ingenio Manaca Iznaga, Foto: Archivo

Por Tania Rendón Portelles

La ciudad de Trinidad, otrora tercera villa fundada por los españoles en Cuba (1514), preserva aún maravillas de antaño, huellas de un pasado colonial que la hacen única y obligan a amarla en toda su amplitud.

Tanto es así que uno de los tesoros que con más celo resguarda la localidad trinitaria son sus campanas, así como la pérgola de la Plaza Carrillo, obras de José Isabel Giroud, maestro herrero y fundidor nacido en Ferney, Francia, el 30 de abril de 1781.

Pese al tiempo, en el conocido Valle de los Ingenios se puede apreciar una monumental campana, cuya inscripción en bronce deja constancia del paso de Giroud por esta tierra, uno de los emporios azucareros más relevantes de la ínsula.

En la actualidad resulta común que la mirada de curiosos se detenga en ella, pues se ubica a la entrada de la antigua casa hacienda del ingenio Manaca Iznaga, aunque en la campana se lee: “Ingenio de Buena Vista de Don. Justo Germán Cantero.
Fundida en Trinidad en 1846 por José Giroud”.

Otras obras del herrero francés fueron la pérgola de hierro forjado situada en la Plaza Carrillo, actual Parque Céspedes, una de las plazas más grandes de la urbe.

La plaza describe un rectángulo, compartimentado en áreas de jardines que se complementan con dicha pérgola de hierro fundido en forma de cúpula y que termina en un conoide, y la cual continúa inmutable al paso del tiempo.

Gracias a ella, el parque es centro de reunión y otorga, además, una bella imagen frente al Iberostar Grand Hotel Trinidad, incluido entre los mejores del Caribe.

En 2005, el huracán Dennis asoló la ciudad trinitaria y afectó incluso esa pérgola, pero fue recuperada, y allí perdura como una de las obras de un francés que logró con ella embellecer el citado parque.

Asimismo, en el hoy Museo Nacional de Lucha contra Bandidos –en un inicio Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación de Utrera y luego, Convento San Francisco de Asís– se aprecian las huellas de Giroud, quien forjó también las campanas de dicho convento en el siglo XIX.

El francés falleció el 21 de junio de 1852 en este municipio, dejando para la posteridad las referidas maravillas que hacen singular a la ciudad, cuyo centro histórico fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.

(Tomado de la ACN)

 

Editado por Martha Ríos
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