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Henry Reeve: el estadounidense que peleó y murió por Cuba

Henry Reeve, un estadounidense al servicio de la independencia de Cuba. Foto: Internet

 Henry Reeve, un estadounidense al servicio de la independencia de Cuba. Foto: Internet

Por Guadalupe Yaujar Díaz

Henry Reeve, identificado por el pueblo cubano con el sobrenombre de El Inglesito o Enrique el Americano, peleó contra el colonialismo español en favor de la independencia de Cuba.

Símbolo de internacionalismo y solidaridad por la libertad, enarboló para el mundo una frase de respeto y temeridad: “Yo soy de allí, donde se muere”.

Nació en Brooklyn, Nueva York, el 4 de abril de 1850, en el seno de una familia de la clase media, que le propinó una esmerada educación.

Era un adolescente cuando ocurrió el asesinato del presidente norteamericano Abraham Lincoln, lo cual dejó en el joven una huella antiesclavista; participó en la

Guerra de Secesión de su país vistiendo el uniforme del ejército del Norte que luchó contra los sureños partidarios de la esclavitud.

Llevado por sus propios sentimientos, a los 19 años contactó con los revolucionarios cubanos emigrados en Estados Unidos y atraído por las ideas que difundían decidió apoyarlos incorporándose a la lucha en nuestra tierra.

Abandonó de manera secreta su hogar y se enroló en la expedición del Vapor Perrit, con el nombre de Henry Earl y bajo las órdenes del general Thomas Jordan, identificado con la causa y jefe de esa expedición, desembarcó el 11 de mayo de 1869 por la península de El Ramón, en la bahía de Nipe, en la costa norte de provincia de Oriente.

Participó en alrededor de 400 acciones combativas, entre ellas el rescate del entonces General de Brigada Julio Sanguily, el 8 de octubre de 1871, temeraria acción encabezada por el propio mayor general Ignacio Agramonte.

Llegó a ser el segundo de Agramonte y a la caída de este el 11 de mayo de 1873 comenzó a combatir bajo la jefatura del insigne dominicano Máximo Gómez, con el tiempo General en Jefe del Ejército Libertador.

En el ataque al poblado costero de Santa Cruz del Sur, en septiembre del propio año, se ganó los grados de brigadier y perdió para siempre la movilidad de su pierna derecha a causa de las heridas recibidas al dominar una pieza de artillería.

La herida lo envió al hospital por el resto de 1873 y parte de 1874. Convaleciente, recibió las estrellas de brigadier, luego se reincorporó a las filas. Se le adaptó una prótesis metálica a la extremidad afectada, que había quedado más corta. También hubo de crearse un dispositivo que lo mantuviera firme sobre su cabalgadura.

Junto a Maceo y Gómez macheteó duro, comisionado para llevar la guerra a Occidente, al ser nombrado jefe de la vanguardia mambisa. En apenas seis meses asaltó más de 50 ingenios y destruyó no pocos bienes con los que los españoles sufragaban los gastos de la guerra.

Llegó a dominar el castellano utilizando como manual un ejemplar de Don Quijote de la Mancha, requisado a una fuerza enemiga.

Su carta al Mayor General Julio Sanguily, del 24 de agosto de 1875, es una muestra de entrega y desinterés personal:

“…a mí no me importa la posición. Yo dejaría lo que tengo por el mando de cualquier fuerza que vaya a vanguardia”.

Atado con correas a su montura, comandaba la extrema vanguardia del Ejército Libertador que trasladaba las acciones bélicas al Occidente, cuando libró su último combate.

Enfrentado a fuerzas hispanas que cuadriplicaban sus efectivos, Reeve intentó proteger la retirada de sus hombres. Recibió primero una herida en el pecho y después otra en la ingle. Fue derribado del caballo, sufrió otra en el hombro y cuando el enemigo mató su corcel, sin el cual no podía valerse, su ayudante le ofreció otro, pero lo rechazó y ordenó que se retirara porque lo iban a matar.

Con un machete en la mano y un revólver en la otra se defendió hasta que, agotadas las fuerzas y las municiones, se dio un tiro en la sien para no caer vivo en manos del enemigo.

Contaba solamente 26 años de edad, de los que dedicó siete de su juventud a la causa libertaria de nuestro país.

Despúes de su caída en combate, el 4 de agosto de 1876, en la llanura de Yaguaramas, jurisdicción de la central región de Cienfuegos, un grupo de patriotas cubanos escribirían a la madre de El Inglesito:

“Movido de sus generosos impulsos, pisó estas playas, joven y fogoso legionario de la libertad, sin más títulos que su ardoroso entusiasmo y su firmísima resolución de luchar por la independencia de Cuba, a la que desde entonces adoptó y amó como su patria.”

En su honor y por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro, en 2005 se fundó la brigada médica internacionalista cubana que lleva el nombre del general del Ejército Libertador.

Los galenos de la Mayor de las Antillas tienen en Reeve un ejemplo de lucha, en sus solidarias misiones de salud en otras tierras del mundo.

Editado por Pedro Manuel Otero
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