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Artesanía en la Trinidad de Cuba, tradición de generaciones

Por: Guadalupe Yaujar Díaz

Trinidad, en la zona central de Cuba, acaba de ser declarada Ciudad Artesanal del Mundo. En el mundo, solo han merecido tal condición una treintena de urbes y cuatro en Latinoamérica; en este caso como premio a su excelencia en deshilados, cestos, cerámica y bordados.

La presencia de una auténtica tradición textil mantenida por cinco siglos de práctica vital y parte inseparable de su idiosincrasia y cultura, está confirmada en los argumentos que le concedió a la urbe la candidatura, recogidos en el expediente elaborado en 2015 por la Asociación Cuba a de Artesanos Artistas.

El mérito obtenido abre las puertas a nuevas oportunidades de cooperación y competitividad entre artistas de esta rama en otras partes del mundo; al tiempo que la ubica en una selecta lista donde aparecen países como China, Dinamarca, India, Irán y Chile.

El título otorgado por el Consejo Mundial de Artesanías (WCC, por sus siglas en inglés), organización no gubernamental afiliada a la Unesco, fundada en 1964 en Nueva York, reconoció el trabajo de sus artesanos en un entorno de gran valor patrimonial.

En declaraciones a la prensa, el uruguayo Alberto de Betolaza, presidente del WCC para América Latina, catalogó como muy valiosa la herencia y rescate de estas manualidades en la central ciudad cubana.

Él y sus colegas de una decena de naciones -como Chile, Colombia, Guatemala, México, entre otras- visitaron el taller de la familia Santander, de larga herencia en la alfarería, además de la galería de la pintora Yudit Vidal, quien trabaja con artesanas bordadoras.

Según declaró De Betolaza, resulta sui géneris cómo en Trinidad se mantiene vivo el arte de confeccionar manualidades, heredado de antaño.

El especialista destacó, además, que esta actividad no solo sea el modo de subsistencia de varias generaciones de sus pobladores, sino también un patrimonio del lugar, basado en el conocimiento colectivo y la enseñanza de las tradiciones, una herencia que distingue a esta ciudad en Cuba y en toda América Latina y que es apoyada por instituciones como la Oficina del Conservador de Trinidad y el Valle de los Ingenios.

En la visita, el experto declaró: “Estoy sorprendido porque todo lo que nos han contado tiene un gran valor, sobre todo porque es una tradición que se fue desvaneciendo y ahora se retoma. Me parece que es lindísimo que la gente se preocupe por investigar, ir a los museos, mirar técnicas, puntos y hacer de esto una parte del futuro de Trinidad".

Las prácticas trinitarias están avaladas por la cotidianidad e identidad de los pobladores de un territorio que tiene la génesis de su trabajo artesanal en los ancestros españoles y su experiencia preservada en las manos de generaciones de féminas locales.

Tesoros de antaño

Quizás lo más interesante sea la antigüedad acerca de las manualidades, documentada en 1520 cuando un mercader asentado en la villa recibe como pago 4 700 maravedíes por un tejido de terciopelo traído desde Sevilla.

Más tarde, en 1587, aparece un anuncio: «un vecino de la villa nombrado Cristóbal Martel ofrece mercadería propia para obras de lencería, cordones de seda, botones, cintas, hilos y agujas». Este es el primer indicio sobre la presencia de labores manuales en el área: labores de aguja.

Desde 1518, solo cuatro años después de fundada, Hernán Cortés había dejado prácticamente despoblada la zona cuando reclutó a sus habitantes camino de la conquista de México.

Hacia 1570, Trinidad comenzaba a repoblarse, mientras en el Caribe se iba instalando una intensa circulación ilícita —comercio de contrabando— que resultaba una alternativa a las disposiciones españolas que imponían el monopolio comercial.

Por ese mar llegaron a Trinidad el café, la caña de azúcar y hasta la imagen del crucificado que aún se venera.  “Con destinatario, pero sin remitente”: también así llegarían las labores manuales y los saberes que las acompañan.

Pero para poder auto sustentarse en su aislamiento, los habitantes adquirieron oficios y habilidades y, de ese modo, enfrentaron las necesidades más perentorias, hasta la mitad del siglo XVIII, fecha que marcó el desarrollo en la zona del cultivo y procesamiento de la caña de azúcar.

Del siglo XIX se conservan hermosos exponentes de lencería en los abundantes museos de la localidad.

Un texto literario recogió para entonces la siguiente noticia: “Un pañuelito primorosamente bordado en Trinidad por María Lema Insúa, obtuvo Medalla de Oro en la Exposición Universal de París de 1867”. Era un pañuelito bordado en el patrón de randa (deshilado), conocido como “baraúnda”, que reproducía la silueta de uno de los pabellones europeos en la Exposición.

Trinidad, tercera villa fundada por Diego Velázquez en la mayor de las Antillas (1514), cuyo Centro Histórico fue declarado en 1988 Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco junto al Valle de los Ingenios, atesora una larga tradición, asentada en familias dedicadas a confeccionar joyas de un auténtico arte intangible, reclamado en el país y especialmente por los turistas.

Como parte esencial del patrimonio y de la memoria colectiva de la comunidad, la artesanía popular cubana está ligada a las más antiguas tradiciones de su pueblo.

Editado por Nuria Barbosa León
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