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Heras León, entre el escritor vivencial y el educador

Por Miladys Borges

Maestro del cuento corto, el escritor cubano Eduardo Heras León lleva una veintena de años enseñando las técnicas narrativas a bisoños escritores del patio, en clases tan concisas y despejadas que no hay espacio alguno para la hojarasca. Es por eso que cuando se habla de un curso de periodismo literario a su cargo, todos los que ambicionan esa meta, corren a anotarse, como para no perderse el privilegio de beber de esa compendiosa fuente de conocimientos; es un mérito que cargan orgullosos y confesos quienes, a partir de sus lecciones, penetran los entresijos más complejos del arte de escribir historias; ni hablar de los que se gradúan en el Centro de Creación Literaria Onelio Jorge Cardoso, que él dirige.ç

La determinación de que el chino Heras sea centro de atenciones y ocupaciones en la cercana XXVIII Feria Internacional del Libro es bien merecida y ha sumergido al escritor en otra dimensión, que lo hace sentir maravillosamente bien, según confiesa en exclusiva para Radio Habana Cuba. A decir verdad, este adalid cubano de la buena literatura está sumamente emocionado con la noticia,  porque sabe de la gran cantidad de actividades que genera tal designación; a su edad, manifiesta, es un gran regalo espiritual que le da la vida.

¿Alguna expectativa especial llegado ese momento?

-Lo fundamental es que han vuelto a reeditar la mayor parte de mis libros, entre ellas tres obras nuevas, lo cual es un estímulo muy grande .Agradezco profundamente al Instituto Cubano del Libro, al Ministerio de Cultura y a la dirección del evento, que están haciendo el mayor esfuerzo para que el homenaje sea lo más completo posible.

Más allá de la narrativa, su contribución en la formación de los nuevos escritores cubanos es muy loable, ¿qué tanto le satisface?

-El magisterio es mi vocación fundamental, está mucho más acendrada, más dentro de mí que la del escritor. Puedo decir que desde niño siempre he sido maestro e incluso ahora, en los últimos años, he venido apostando por los jóvenes y en eso he recibido el inestimable apoyo de personas como Abel Prieto y el Comandante en Jefe Fidel Casetro, creador de Universidad para todos, aquel proyecto tan extraordinario que tuve el orgullo de inaugurar.

Algunos consideran que el centro de creación literaria que usted dirige es muy elitista, no resulta nada fácil entrar en él, dado el rigor selectivo, ¿qué opina?...

- Yo diría que, más que elitista, es exigente. Es cierto que la entrada es difícil, sólo podemos formar grupos de 25 a 30 jóvenes y todos los años se presentan más de cien aspirantes. No podríamos hacerlo de otra manera, nos abrumaríamos si dejásemos abierto ese campo.

Usted también es periodista y ha impartido cursos de técnicas narrativas para profesionales de la prensa. ¿Cómo ve el periodismo que ejercen los jóvenes actualmente?

- Los jóvenes periodistas son diferentes a los de antes, están más cercanos al hecho literario; es el nuevo periodismo, que en Cuba tiene antecedentes heroicos y extraordinarios, como el caso de José Martí, quien ya hacía periodismo de ese tipo desde su época.

Más acá en el tiempo, lo hizo también Alejo Carpentier…

- Y Alejo, ¡por supuesto!

Es indudable el aporte extraordinario que hace la literatura al periodismo, ¿qué piensa al respecto?

-Efectivamente .En América Latina tenemos ejemplos fabulosos, como Eduardo Galeano, uno de los grandes escritores, gran periodista también; para él, periodismo y literatura son la misma cosa pero con dos caras, estoy muy de acuerdo con ese criterio.

Ernst Hemingway, que vivió en Cuba por unos 20 años, es un ejemplo paradigmático de ese tipo de periodismo…

-Una página de Hemingway sobre la guerra en España vale más que tres tomos escritos sobre esa contienda.

¿Cuándo comenzó a ver usted a la literatura con altas pretensiones?

-Lo primero que estudié fue magisterio, era la carrera del pobre en aquella época y, además, yo tenía vocación. Después de terminar los estudios, estuve en el ejército, de voluntario en las Fuerzas Armadas, luego en las milicias y posteriormente comencé a estudiar periodismo. Recuerdo que había compañeros, como Renato Recio, Germán Piniella y Rogelio Moya, con estirpe de escritores, ellos influyeron considerablemente en mis aspiraciones.

Me uní a ese grupo e hicimos del periódico Alma Máter un cuartel general, lo convertimos en una publicación que trataba de hacer periodismo literario; por ahí empezó todo. Ayudado por ellos, fui también un lector tremendo, sobre todo por Piniella, quien ya había publicado un cuento que resultó muy elogiado por Onelio Jorge Cardoso, entre nosotros era una especie de dios. Así empecé a escribir mis relatos. Los dos primeros prefiero ni mencionarlos y el tercero fue el primer cuento de mi libro La Guerra tuvo seis nombres, a partir de ahí me dediqué a la narrativa y a la literatura.

Tengo la percepción de que, definitivamente, el cuento corto es su gran favorito, ¿es así?

- Así es. Hay escritores que son fundamentalmente cultores de un género. Hemingway, por ejemplo, tiene varias novelas escritas pero era, esencialmente, un extraordinario cuentista; Julio Cortázar, que tiene esa extraordinaria novela que es Rayuela, lo era también y el ejemplo supremo es Jorge Luis Borges que, en toda su vida, nada más escribió cuentos.

No soy del criterio de que haya que escribir novelas para ser un escritor, sencillamente tengo una visión tal vez un poco más sintética y me siento más cómodo en el cuento. En definitiva, un buen cuento es tan importante y tan valioso como una buena novela.

¿Cuáles son los mayores riesgos que corre el escritor del relato corto?

- El cuento breve es muy complejo. Lograr decir lo que tú quieres en tan poco espacio, requiere más técnicas, más afinación en lo que se escribe, mientras que una novela tiene el campo mucho más amplio. Fíjate que nosotros (Centro Onelio J. Cardoso) nos centramos más en el cuento porque, si tú ganas la batalla con el cuento, ganas una cantidad de cuestiones técnicas que te van a servir también para la novela.

Dentro de la estructura del cuento, es quizás el cierre la parte más complicada, ¿me equivoco?

-Aunque casi todas las partes son importantes, cerrar un cuento es bien difícil, ahí ayuda mucho el conocimiento técnico del autor, de qué cosa es un dato escondido, por ejemplo.

Particularmente a la hora de usted escribir, ¿cuál elemento se impone en primer orden?

- El tiempo

¿Psicológico o real?

-Soy un escritor realista, vivencial, pero trabajo con las técnicas narrativas, la caja china, los vasos comunicantes, las mudas, los datos escondidos que son elementos que ayudan considerablemente a la construcción de un relato. También con los tres puntos de vista, el espacial, el temporal, y el del nivel de realidad; categorías que he ido desarrollando, me he entrenado en ellas.

El hecho de enseñar esos métodos, de analizar didácticamente cómo son empleados por los grandes escritores, ¿le ha facilitado mucho más las cosas a la hora de escribir sus propias historias?

-Me enriquece mucho. He aprendido de ellos, pero también de los jóvenes a quienes enseño. Hay una especie de entrecruzamiento, de vías de comunicación entre lo que escriben esos nuevos narradores y lo que escribimos nosotros. En nuestro Centro ofrecemos las técnicas narrativas pero no fabricamos escritores, como muchas gentes piensan, sencillamente, enseñamos esos procedimientos y cada cual escribe los temas que quiere y en la forma que quiere; sólo incentivamos la vocación, sobretodo de una manera independiente. Siempre le decimos a los jóvenes que deben estar abiertos a toda crítica y luego pensar con cabeza propia.

Según su criterio, por dónde va la narrativa cubana contemporánea?

-Te diría que a partir del año 2000 ha estado irrumpiendo una nueva promoción de jóvenes narradores, abiertos mucho más al mundo; son mucho más cosmopolitas, están más influenciados por literaturas como lo último que se publica en España, Estados Unidos o Francia. Son jóvenes mucho más abiertos a las influencias externas pero con un talento enorme; jóvenes de apenas 20 años, capaces de escribir una novela con grandes resultados. Con esto te quiero decir que la narrativa cubana goza de buena salud, creo está transitando un período de riquezas, una etapa importante que va a dar grandes obras. Cuba fue considerada antes un país de poetas, sigue siendo un país de poetas, pero ahora es también un país de narradores.

¿Pudiera citar algunos nombres?

-Ahí tienes el caso de Amel Echevarría, Jorge Lage, Raúl Flores, entre otros.

¿Y por regiones del país, cómo se comporta la situación?

Algo que ha hecho el Centro Onelio Jorge es haber influido de cierta manera en el desarrollo de la narrativa cubana, en el hecho de que hemos cambiado un poco el mapa literario de Cuba. Ahora se escriben cuentos en los lugares más apartados del país; hemos puesto nuestro granito de arena en ese sentido, hemos desarrollado zonas donde antes apenas se escribían obras literarias y ahora cuentan con jóvenes que ganan premios nacionales e internacionales, de lo cual me enorgullezco en estos 20 años de la institución.

Su obra más preciada, ¿cuál es?

-Los pasos en la hierba, que es mi segundo libro; sobre todo por la historia que tiene, los avatares que sufrió en el período del quinquenio gris. Fue un libro no comprendido en aquellos momentos, cosa que afortunadamente se superó. Precisamente por eso es mi libro más querido. Trata sobre la formación de las milicias y está enmarcado en un período anterior a Playa Girón, donde fui combatiente.

Mi primer libro fue La guerra tuvo seis nombres, que narra mis experiencias y las de otros compañeros en los combates de Playa Girón. Escribí ese segundo libro que, por lo que cuenta, es cronológicamente anterior a los acontecimientos que se narran en el primero. No está escrito con sentido didáctico pero sí tiene el propósito de hacer llegar a los jóvenes de nuestro país cuánta sangre, cuánto sudor, cuántas lágrimas costó hacer la revolución que tenemos y ese libro ayuda a fortalecer ese conocimiento.

La Revolución, en la mira del chino Eduardo Heras León, ¿qué es?

-Lo es todo. Nosotros éramos una familia extremadamente pobre, cuando llegó la Revolución nos abrió todas las puertas y todos pudimos estudiar. La hemos sentido como nuestra siempre, por eso la defendí con las armas en la mano y estoy dispuesto a defenderla todavía.

¿Y si volviera a nacer…?

-Sería lo mismo, pero sobretodo maestro, mi mayor vocación.


 


 


 


 

Editado por Pedro Manuel Otero
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