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Postales de La Habana

Foto: Archivo.

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Por: Gardenia Companioni

La Habana, 31 may (RHC) No es ningún secreto que La Habana Vieja se estructura en torno a sus plazas, cada una con su abanico de atractivos.

Y entre ellas, la de la Catedral, dedicada a la Virgen María de la Concepción Inmaculada, uno de esos bellos lugares del casco histórico de la ciudad capitalina.

En su entorno, varios palacios elegantes, embellecidos con pórticos para dar sombra y protección contra las tormentas tropicales, que una vez alojaron a los aristócratas y comerciantes más importantes de la ciudad.

Escenario de todo tipo de celebraciones tales como ejecuciones, corridas de toros, autos de fe, representaciones teatrales, fiestas, torneos, canonizaciones y proclamaciones, la Plaza de la Catedral ha cambiado de nombre hasta en 10 ocasiones, dependiendo de las diferentes etapas de la historia de Cuba.

Antiguo terreno pantanoso

En 1560, la Plaza de la Catedral era un espacio pantanoso denominado la Plazuela de la Ciénaga, que fue drenada, y tomó forma con la construcción de una Ermita dedicada a San Ignacio, a partir de la cual surgió la Iglesia y el Real Colegio de la Compañía de Jesús.

También se construyó la Catedral de La Habana, por lo cual se pavimentó la plaza convirtiéndose en el lugar preferido de las familias más ricas de la ciudad para edificar sus palacios.

La Catedral es el principal atractivo turístico de la Plaza, gobernada por el templo barroco que parece haber sido esculpido en piedra ahí mismo. Su soberbia fachada está adornada por columnas adosadas, y arcos ondulados que asemejan una ola del mar.

Casi al final del siglo XVIII, albergó los restos mortales de Cristóbal Colón hasta la salida de los españoles de la Isla, y que ahora descansan en la Catedral de Sevilla. (Fuente: Radio Reloj)

 

Editado por Lorena Viñas Rodríguez
Comentarios
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Mario Marti-Brenes dijo:

UN TEMPLO DE LA MÁS RADICAL ESCUELA BORROMINESCA La fachada de la Catedral de La Habana, con sus columnas toscanas o etruscas, de inspiración en el barroco italiano, es obra del arquitecto gaditano Pedro Medina, quien trabajó también en el Palacio de los Capitales Generales, el Arco de Belén y en otros importantes edificios de la vieja villa de San Cristóbal de La Habana. Al respecto, el renombrado historiador y arquitecto cubano Joaquín M. Weiss dijo que “estilísticamente este edificio va mucho más allá que cualquier otro monumento de nuestro sobrio barroco setecentista: La concavidad de su muro de fachada, con las columnas dispuestas en ángulo; el grado a que han sido llevadas la inscripción e intersección de los elementos arquitectónicos y el contorsionismo de sus líneas, lo hermanan a las obras más radicales de la escuela borrominesca romana” [por el arquitecto italiano - suizo Francesco Borromini el más talentoso del barroco romano]. El arquitecto Pedro de Medina y Galindo (Puerto de Santa María, Cádiz 1738 – La Habana 1796). Llego a Cuba a los veintiséis años acompañando al ingeniero Silvestre Abarca después de la devolución de La Habana en 1762. Sus trabajos en edificios habaneros ponen de manifiesto la asimilación de formas propias de la arquitectura andaluza dentro del contexto constructivo de la villa antillana en la segunda mitad del siglo XVIII, así como la enorme influencia que sobre el gaditano tuvo arquitecto italiano - suizo Francesco Borromini. El alto nivel arquitectónico y decorativo que exporta Medina desde Cádiz hasta La Habana se constata en dos de los más singulares edificios de la capital cubana: La Catedral y el Palacio del Segundo Cabo. Sus trabajos en el Palacio del Segundo Cabo estuvieron subordinados al arquitecto don Antonio Fernández de Trebejos y Zaldívar, coronel de ingenieros del Ejército quien dirigió la obra. Hay otro ejemplo [que yo sepa] dentro del Reino de España de este estilo Borrominesco, la Puerta de los Hierros de la Catedral de Valencia, claro que no tan desafiante en su planteamiento de ondas como en la Catedral de La Habana. Francesco Castelli, llamado Francesco Borromini (Bissone, actualmente en el cantón del Tesino, Suiza), 25 de septiembre de 1599 - Roma, 3 de agosto de 1667) fue un arquitecto italiano, considerado uno de los máximos exponentes del barroco romano. El arquitecto Maderno, junto con Borromini y Carlo Fontana eran los líderes de una banda de artistas que conspiraron para sacar a la arquitectura de su tranquilo reposo, del hieratismo tradicional, que sustituyeron por una turbulenta movilidad. LA FACHADA DE LA CATEDRAL DE LA HABANA ES UN HURACÁN DE MOVILIDAD.

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