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La Lonja del Comercio, signada por Mercurio

Por: Guadalupe Yaujar Díaz

El edificio de la Lonja del Comercio de La Habana, que llega hasta nuestros días es el sucesor de la Lonja de Víveres de La Habana, institución fundada en 1878 en el entorno de la Aduana,  y frente a la bella y concurrida Plaza de San Francisco de Asís.

El imponente inmueble de estilo ecléctico renacentista ubicado en la calle Lamparilla No. 2 esquina a Oficios, en el Centro Histórico de la capital, se alzó en una manzana de 2,370 metros cuadrados en una esquina conformada, también, por las calles Baratillo y Obrapía y que con los cinco pisos construidos extendió su área.

El proyecto de edificio, del arquitecto español Tomás Mur, fue ganador de un concurso convocado con ese fin en 1903, aunque su ejecución también contó con la colaboración del arquitecto cubano José Toraya Sicre.  El edificio se construyó entre 1097 y  1909 inaugurado el 28 de marzo, en presencia del entonces Presidente de Cuba, José Miguel Gómez.

Se trata de uno de esos inmuebles que no pasan inadvertidos dentro de la arquitectura colonial de la urbe, marcó un hito en su tiempo, por ser dueño de numerosos detalles de su fachada.   Al subir los pocos escalones de acceso a su recibidor,  puede encontrase el letrero que desde hace más de un siglo fue colocado con el nombre que lo identifica.

Las letras están realizadas con teselas cuadradas de color rojo con un fondo blanco, y en algunos casos se combinan ambos colores en el mismo trozo, para lograr los ángulos.   Los cuadrados, de más o menos 4 centímetros de lado, se han colocado de modo que las letras resalten, quedando enmarcadas por otras decoraciones que ocupan buena parte de los pisos de la planta baja del edificio.   Estos decorados de influencia morisca, se encuentran alrededor de un patio central que sirve como eje; pero el nombre de la entidad solo aparece dando la bienvenida en la puerta central de acceso.

Resulta interesante que en el momento constructivo de esta “obra de arte”, cada pieza debía ser colocada individualmente en el lugar donde se estuviera trabajando.

Esa labor asemeja a las realizadas en la técnica de trencadís por el catalán Antonio Gaudí, y que después fueran optados por el italiano Luis Mion para muchas de sus creaciones en pisos de Cuba.

Llama la atención el uso de los colores para la demarcación de los espacios y ver como los tramos entre las columnas también están trabajados con esta técnica de teselado regular —que usa figuras geométricas idénticas, en este caso cuadrados, cubriendo superficies planas—, utilizando los colores rojo y carmelita. . El piso tal parece que intenta imitar una alfombra tejida en sus bordes, y a su vez delimitando los soportes internos de la edificación.

La corona como remate una cúpula con una bella reproducción en bronce del Dios del Comercio "Mercurio", obra del escultor italiano Juan de Bolonia, que se colocó en 1909.  Ésta es una copia del original que se atesora en el Museo del Louvre, realizado en el siglo XVI por el escultor Juan de Bolonia, una prominente figura del renacimiento italiano y amigo de Miguel Ángel Bonaeroti.   

La imagen tiene 4 metros de alto y por muchos años desafió las inclemencias del tiempo, hasta que fuera abatido por la fuerza de los vientos el huracán Irene el 14 de Octubre de 1999, quebrándose en varios pedazos.   Al restaurarlo fue colocado en un mecanismo giratorio que lo hace oscilar por lo que ofrece menos resistencia a los vientos.

En 1990, iniciada la recuperación de la zona más antigua de la capital, por parte de la Oficina del Historiador de la Ciudad (OHC) y con la Empresa Mixta (cubana-española) Aurea, devinieron novedoso complejo de oficinas, acorde a la modernidad.

La rehabilitación, iniciada en 1995 culminó el 31 de julio de 1996,conservó mucho de lo original, aunque se hicieron algunos cambios a fin de introducir la actualización tecnológica de la instalación y que ahora dispone de unos 10 mil m² .

Los últimos trabajos acometidos en el edificio contemplaron la construcción de un ático sobre la sexta planta, retirado de la fachada y con paredes de cristalería, sede desde entonces de la emisora Habana Radio de la Oficina del Historiador; un atrio central terminado en cúpula, rematada por el Mercurio remozado despúes de 90 años.

En la planta baja abrió sus puertas el bar-cafetería Mercurio; de este nivel parten los cuatro ascensores panorámicos desde los cuales se divisa el interior del edificio.

A esta restauración se debe también la concepción de un logotipo para el inmueble, donde se entrelazan las letras L de Lonja y C de Comercio, y que se puede observar en algunas de las alfombras que se encuentran distribuidas por sus niveles, así como en alguna que otra puerta de cristal.
Podría decirse que La Lonja del Comercio de La Habana está signada por “Mercurio”, nada, desafíos de los dioses  del Olimpo tras el paso del tiempo.  
 

Editado por Nuria Barbosa León
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