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La Atenas de Cuba en sus inicios

Foto: Radio 26.

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Por: Wilfredo Alayón

Matanzas, Cuba, 8 oct (RHC) La ciudad de Matanzas, conocida desde el siglo XIX como la Atenas de Cuba y situada en la costa norte, fue fundada el 12 de octubre de 1693 pero sus inicios se remontan a 1509.

Ubicada alrededor de una majestuosa bahía homónima, a 100 kilómetros al este de La Habana, desde épocas tempranas la zona se utilizó por comerciantes contrabandistas y como recalo de buques en recorrido entre América y la metrópoli.

La importancia geográfica de la rada aparece registrada en mapas del siglo XVI, y según especialistas los aborígenes que la habitaron nombraban al asentamiento Yucayo y al futuro importante puerto como Guanima.

El primero en adueñarse de propiedades de la región fue el propio Adelantado Diego Velásquez, quién también entregó entre 1514 y 1518 partidas de aborígenes a Juan de Rojas, nombrado el primer encomendero de Matanzas y fundador del pueblo Caneymar.

Arnaldo Jiménez de la Cal, un reconocido historiador de esta occidental urbe, señala que esa locación tuvo una efímera duración al parecer por los abusos brutales de los españoles, la falta de alimentos y las rebeldías de los esclavizados.

A todo ello se unieron, explica- epidemias de viruelas por los años 1519 y 1530, enfermedad contra la cual los primitivos moradores carecían de defensa.

Las bondades geográficas de la ensenada motivaron la presencia de colonizadores procedentes de asentamientos habaneros, y de la demarcación de Trinidad y de la actual provincia de Cienfuegos, ambas en el centrosur de la nación caribeña.

Agricultura, ganadería y corsarios

La ausencia de metales preciosos en la comarca llevó a los primeros colonizadores a dedicarse a la producción agrícola de alimentos, y en los terrenos que bordean el fondeadero prosperaron los sembrados de yuca o mandioca.

De las raíces feculentas y comestibles de esta planta indígena se extrae un producto, que una vez procesado de acuerdo con los procedimientos aborígenes, se saca el duradero cazabe, sustituto ideal del pan de harina de trigo.

Jiménez de la Cal indica que desde mediados del siglo XVI, de las estancias de lo que sería la villa matancera se enviaban importantes cantidades de reses para abastecer a la capital cubana.

“Más o menos en esos años también comenzó en la zona la conjunción azúcar-esclavos (africanos) y aparecen reportes de desembarcos de cautivos procedentes de África en 1585”, explica.

“En 1598 Juan de Maldonado Barnuevo, gobernador de la isla en el período 1594-1602, informó a la Corona Española la existencia de cañaverales en este territorio desde hacía 40 años”, expresa.

Y añade: “por lo tanto no es descabellado pensar que los negros desembarcados se emplearon en el azúcar, idea que se corrobora al existir indicios en la región del que se supone fuera el trapiche San Sebastián hacia 1602”.

A pesar de estos destellos productivos y de condiciones naturales como tierras fértiles y abundancia de agua, durante los siglos XVI y XVII el territorio solo logró una economía exclusiva de subsistencia.

Destaca Jiménez de la Cal que las limitadas producciones, el aislamiento de la zona con un relativo despoblamiento, la poca presencia de productos europeos, la falta de comercio interior y ausencia de autoridades, hizo florecer el contrabando.

Los pobladores tenían para ofrecer azúcar, mieles, cera, carne salada, sal y otros artículos, y recibían a cambio importantes productos europeos de manera que a la bahía llegaban corsarios y piratas franceses, ingleses y holandeses.

Investigadores señalan que famosos depredadores del mar como Francis Drake, Jacques de Sores y Cornelis Cornelisioom, entre otros, utilizaron la bahía de Matanzas para su comercio, “el cual no siempre fue pacífico”.

“Quizás el hecho más connotado fue el asalto y destrucción de la Flota de la Plata por el avezado marino holandés Piet Heyn (Pieter Pieterszoon Heyn) en septiembre de 1628, hecho que comenzó en alta mar y concluyó en aguas de la bahía matancera”, comenta Jiménez de la Cal.

A juicio del experto, todos esos acontecimientos apuntaban a una posible intención de ocupar Matanzas por naciones europeas enemigas de España y utilizarla como punta de lanza contra La Habana.

“Se crearía entonces una situación peligrosa a la estabilidad de la colonia cubana, por lo que llevó a pensar a los gobernadores coloniales en la organización cívico-militar de estos parajes”, reflexiona.

Apuntes históricos indican que la importancia del golfo de Guanima fue señalada desde 1532 y ratificada tres décadas después, en tanto para 1567 el propio rey de España solicitó ampliar y dar más detalles de estas consideraciones.

El soberano ordenaría en 1621 levantar el plano de una fortaleza en la bahía de Matanzas, mientras en 1653 Francisco Gedler, Gobernador de la isla, solicitó al monarca poblar y fortificar el puerto de Matanzas.

Esta demanda fue reiterada en 1680 y 1681 hasta que el jerarca ibérico accedió y mediante Real Cédula aprobó el presupuesto al destinar en un inicio 30 mil pesos para la construcción de un fuerte o castillo.

Además determinó el envío de 30 familias procedentes de Islas Canarias, las cuales viajarían a costa del erario del Reino hasta Cuba para poblar las tierras a la vera de la bahía.

La primera remesa de 20 mil pesos llegó en 1683, pero la máxima autoridad española en Cuba alegó carecer de los 80 soldados requeridos para proteger las obras, los que a su vez formarían la futura infantería de la fortaleza.

El 25 de septiembre de 1690, Carlos II estampó su firma en Real Cédula donde ordenaba levantar una ciudad al fondo de la bahía de Matanzas, mandato que reforzado con otros surtió efectos en la lenta maquinaria burocrática española.

Tres años después, el 25 de enero de 1693, el Gobernador Interino de Cuba, Severino de Manzaneda, visitó la localidad junto con escribanos, ingenieros militares y otros personajes.

Apunta Jiménez de la Cal que este equipo de trabajo tuvo la misión de efectuar las primeras mediciones para la fundación de la ciudad y durante la estancia de 11 días planificaron la urbe, la fortaleza y los solares que ocuparían los canarios.

De su visita al lugar, Manzaneda expresó: “el lugar de la fundación no pudiera venir mejor, ni queriendo con lo marcado en las Leyes de las Indias, respecto a sus aguas, temperamento y terreno...”.

Así todo quedó preparado para la fundación de la futura ciudad de Matanzas, hecho que ocurriría el 12 de octubre de 1693. (Fuente: PL)

Editado por Lorena Viñas Rodríguez
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