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La iglesia de Paula, un reto a la modernidad

Foto: PL.

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Por: Gustavo Robreño Díaz

La Habana, 4 nov (RHC) La iglesia de Paula, en el Centro histórico de La Habana es hoy, sin dudas una de las más atrayentes reliquias de la época colonial que pese a numerosas transformaciones conserva su valor patrimonial.

Encontrar la historia del lugar se hace un tanto difícil debido a que un incendio provocado por el tristemente célebre corsario francés Jacques de Sores, en el asalto y saqueo de la ciudad a mediados de 1555, incineró los archivos del Cabildo habanero anteriores a 1550.

No obstante, documentos históricos refieren que casi veinte años después del fatídico acto de barbarie, se reemplazó el mísero bohío “carente de ornamentos y demás utensilios religiosos” que hacía las veces de iglesia por un inmueble “de cal y canto” llamado Parroquial Mayor destinado a celebrar “decorosamente” la liturgia católica.

Casi un siglo después, el 25 de abril de 1665, se hace público el testamento del prelado Nicolás Estévez Borges (1617-1665), a la sazón rector de dicha Parroquial Mayor, que lega parte de su patrimonio para erigir una hermita o capilla “con la debida decencia” consagrada a San Francisco de Paula. Especificaba además que “si el remanente de dichos bienes fuere suficiente fundar, agregado a dicha hermita y con incorporación de ella, un hospital en que se curen mujeres pobres”.

Bajo la advocación de San Francisco de Paula

Los terrenos, de aproximadamente una manzana y con uno de los costados colindante con la Bahía, se escogieron en lo que entonces se conocía como Barrio de Campeche, por ser asentamiento de ciudadanos procedentes de México.

Allí se encontraba enclavada la primitiva y muy pobre hermita del Humilladero, punto final de la procesión del Via crucis, que partía religiosamente de la plaza de San Francisco.

Se desconoce la fecha exacta de inicio y terminación del hospital, pero de la iglesia se sabe que comenzó a edificarse el 27 de febrero de 1668 y abrió al culto cuatro años después, en 1672.

También está documentado que, como premonición de una tormentosa existencia, un violento temporal que azotó La Habana el 26 de septiembre de 1730 destruyó parcialmente tanto el hospital como la iglesia, y ambos fueron reedificados en 1745.

Nuevos retoques fueron ejecutados a partir de 1770, año en que nombraron como capitán general de la Isla a Felipe Fons de Viela, marqués de la Torre, procedente de la ilustrada corte de Carlos III y quien es considerado el primer urbanista de La Habana colonial.

Al conjunto que conformaban la iglesia y el hospital, el marqués De la Torre añadió una senda para el entretenimiento y recreo de la sociedad habanera, que denominó Alameda de Paula, el cual constituyó el primer paseo colonial de la ciudad.

Irrupción desproporcionada de modernidad

Como parte de la compra despiadada de cada pedazo de Cuba, derivada del escamoteo de los Estados Unidos a la independencia de la Isla mediante intervención militar en 1898 y onerosos acuerdos posteriores, en 1907 se produjo la expropiación forzosa del antiguo hospital e iglesia de Paula.

Al tomar posesión de dichos bienes, en 1909, la recién creada corporación ferroviaria de capital norteamericano Havana Central Railroad Co. demolió toda la parte del inmueble que daba a la bahía y estableció allí vías férreas.

Aunque no tenía que ver con aquel entorno colonial, la empresa buscaba facilitar el tráfico hacia los recién apropiados y ampliados espigones del muelle.

El resto del hospital y la iglesia fueron convertidos en vulgares almacenes, hasta que vencido por la desidia oficial, abandonado y en deplorable estado, el hospital se rindió y vino al suelo. Lo que de él quedó, impregnado de historia y tradición, fue demolido.

Cuando se pretendió dar igual final a la vetusta pero histórica iglesia, las denuncias de un grupo de intelectuales cubanos, liderados por el entonces historiador de La Habana Emilio Roig de Leuchsenring, lograron que en 1944 la Iglesia de Paula fuera declarada Monumento Nacional.

Nuevamente en 1946, Roig de Leuchsenring salió en defensa del vilipendiado inmueble cuando el Ministerio de Obras Públicas valoró nuevamente la idea de demolerlo para prolongar y ensanchar la Avenida del Puerto.

En aras de que no quedara en desuso, argumento básico para los que abogaban por 'sacarlo del medio de la calle', a instancias del incansable Roig de Leuchsenring se instala allí en 1949 el Instituto Musical de Investigaciones Folclóricas.

Esa institución promovió en 1956 la restauración del inmueble y acogió uno de los más importantes fondos documentales de la época colonial, además de comenzar a funcionar como sala de conciertos, exposiciones y conferencias.

Desafiando al tiempo

La fachada de la Iglesia de Paula, de verdadero valor estético, se asemeja a la de la iglesia de Santo Domingo, en Guanabacoa, y del convento de San Francisco de Asís, en la Habana Vieja, erigidos también durante el siglo XVIII.

El detalle de su pequeña cúpula es de belleza singular y hacia ella conduce una pequeña escalera que, aunque mutilada hoy en su parte inferior, se conserva escondida en los restos de un arco que coronaba una de las salidas al desaparecido hospital.

A través de la contigua Alameda de Paula arribamos a un sitio arqueológico, donde se muestran los cimientos de la sacristía original y evidencias de las costumbres funerarias en el interior de los templos.

Hallazgos obtenidos como resultado de las excavaciones llevadas a cabo durante su rehabilitación capital, iniciada en 1996 y concluida en el año 2000.

Más tarde, a inicios de 2008, retornó a la Iglesia de Paula su órgano original, construido por la casa francesa Daublaine-Ducroquet entre 1845 y 1855, el cual conserva el estilo neogótico de su caja de resonancia y sus más de 400 tubos.

Se dice que es el único instrumento de su tipo que se preserva “íntegro y funcional” en su lugar de origen.

Como resultado del trabajo de restauración y conservación de la Oficina del Historiador de la Ciudad, vuelven a ser Iglesia, Hospital y Alameda de Paula un mismo espacio sociocultural, pese a las embestidas de despiadada modernidad contra su invaluable entorno colonial. (Fuente: PL)

Editado por Lorena Viñas Rodríguez
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