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Tras las huellas del gavilán caguarero

Imagen / VaCuba

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Por Guadalupe Yaujar Díaz

El gavilán caguarero (Chondrohierax wilsonii), el mayor de los falconiformes de Cuba, aparece entre las joyas de la avifauna caribeña, con posibilidades de revertir su actual diagnóstico de especie en peligro crítico de extinción.

Este otrora morador de los bosques de galería en varias regiones de Cuba, se incluye actualmente entre los vertebrados cubanos refugiados exclusivamente en zonas montañosas compartidas por las orientales provincias de Holguín y Guantánamo, en la Reserva de Biosfera Cuchillas del Toa, la mayor del Caribe Insular.

Avistamientos y colectas notorias

 En el libro Las aves de Cuba. Especies endémicas, Florentino García Montaña, refiere que, en el siglo XIX, a esta especie podía encontrársele en la Ciénaga de Zapata y en la región oriental de Cuba.

Recuerda que el eminente zoólogo Juan Gundlach cazó un macho en 1850 en un hato de la ensenada de Cochinos, en la hoy occidental provincia de Matanzas. Después (1857) colectó un par a poca distancia del río Cauto, en el oriente de Cuba.

El cuarto ejemplar lo encontró en 1858 en Yateras, Guantánamo. En 1887, colectó otro par en la costa de la bahía de Guantánamo. Estaban muy cerca el macho y la hembra. Otro par, en 1889, en un monte al este de Yateras; también uno junto al otro; y un discípulo de él encontró otro par, lo que permitió corroborar que vivían en parejas.

Entre los avistamientos más notorios de las últimas décadas, se incluye el ocurrido en 1973, cuando el ornitólogo cubano Orlando Garrido vio un ejemplar en la provincia de Guantánamo. Por esa fecha, su colega soviético E. Kurotchkin encontró algunos en la localidad de Nuevo Mundo, perteneciente al actual municipio de Moa, en la colindante provincia de Holguín.

El último reporte de su existencia, científicamente avalado, ocurrió el 28 de noviembre de 2009, en la cuenca del río Los Lirios, en el norte del montañoso municipio guantanamero de Yateras, tras casi medio siglo de permanecer oculto a los ojos de la ciencia.

La alentadora experiencia la vivió un equipo de especialistas guantanameros y del Instituto de Ecología y Sistemática, con sede en La Habana, quienes, en ardua expedición, rastrearon el hábitat donde era posible hallar a esta ave. En esa oportunidad, divisaron en vuelo tres ejemplares de la especie: una pareja adulta -macho y hembra- y un juvenil.

Sobrevolaban la zona conocida como Zapote de mal nombre, incluida entre las más de 70 mil hectáreas terrestres del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, en el nororiente de Cuba.

Huellas esperanzadoras

En las últimas décadas, nadie ha podido fotografiar a este gavilán, cuyo alimento principal son los caguares, caracoles grandes a los que debe el nombre.

Después del avistamiento de 2009, solo se sabe que vive por el allazgo de huellas inequívocas de su existencia en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, Sitio de Patrimonio Mundial de la Naturaleza, perteneciente a la Reserva de Biosfera Cuchillas del Toa, la mayor del Caribe Insular.

Frescos residuarios de conchas perforadas por el pico del animal para digerir los moluscos del interior, se encuentran entre las evidencias probatorias de su establecimiento en tales áreas boscosas del oriente cubano, donde abundan los ríos y arroyos propios del hábitat natural de esta especie.

Especialistas de la Unidad de Servicios Ambientales del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en Guantánamo elaboraron un proyecto para la protección de esta especie endémica del territorio cubano, la cual ha sido víctima, durante años, de la persecución por los campesinos, al confundirla con las que habitualmente se alimentan de sus pollos.

El plan incluye preservar las condiciones naturales donde viven los caguares y mantener las prohibiciones de cazar al también conocido como gavilán sonso, denominación que ha ganado al permitir que el hombre se le aproxime.

El proyecto comprende, igualmente, aspectos esenciales de educación ambiental en los asentamientos humanos situados dentro o en la periferia de esta región ecológica, como vía fundamental para contribuir a evitar la desaparición de una de las más importantes aves cubanas en peligro crítico de extinción.

Editado por Maite González Martínez
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