Radio Habana Cuba

Una voz de amistad que recorre el mundo

  • Síguenos en

#PorSiempreFidel #LegadoDeFidel

¿Sólo la receta tiene problemas?

Por Pablo Soroa Fernández

En orden descendente, quien acude al hospital, policlínico o farmacia lo hace por un problema de salud que, según la clásica división de los partes médicos, pueden ser de cuidado, regular o grave.

La única diferencia reside  que en la botica (no confundir con  la ostentosa “boutique”) resulta raro  ver de la parte de afuera del mostrador a los incluidos en la  última categoría (por lo general ingresados o guardando reposo en el hogar)  y su lugar lo ocupan familiares o amigos.

Pero todos acuden por algún ruido orgánico, propio o ajeno, y la lógica y la condición humana aconsejan que deben ser objeto de un trato más exquisito que el dispensado por el bodeguero, el barman o el de la tienda recaudadora de divisas.

A veces esa diferenciación brilla por su ausencia, por causas objetivas o  subjetivas.

Entre las primeras figuran la falta de algunos medicamentos muy solicitados, debida a las dificultades del país para adquirir materia prima en el exterior para confeccionarlos  y  las plantillas incompletas, y entre las segundas,  la deficiente información y la excesiva demora en la atención.

Resulta harto frecuente ver el local atestado y solo una dependienta o dos inmersas en esa tarea, mientras un número mayor  desarrollan otras labores, en franca  violación de una  indicación de la empresa,  según la cual, los autorizados para la dispensación de medicamentos están obligados  a despachar  y postergar  cualquier otra función  mientras existan personas en espera de ser atendidos.

En esas dependencias se llevan a cabo múltiples labores y el trajín del despacho, cobro, entrega del vuelto, atención al teléfono y laboratorio (donde lo hay) crea cierta tensión a determinadas horas del día, pero ello no justifica que a la contrariedad de estar enfermo o tener un familiar en esas condiciones, haya que soportar el rechazo de una receta.

No es ocasional, ni voluntario, el regreso de un ciudadano al policlínico u  hospital donde le fue prescrito el tratamiento, por errores en el certificado médico (que ampara al llamado tarjetón y de los cuales él es inocente) o en las indicaciones que le entregó el facultativo.

Y el rechazo no tiene gradientes: puede ser por un cuño ilegible (el del galeno o el de la institución hospitalaria), el empleo de dos tipos de tinta, una tachadura, la ausencia del número de hoja clínica, pero por cualquiera de ellas no hay otra opción que tomar las de Villadiego.

Los directivos de la  Empresa de Farmacia y Ópticas o del Ministerio de Salud Pública de Cuba deben reflexionar que si esos  deslices profesionales abundan tanto es por falta de exigencia y rigor, y naturalmente, porque se aceptan como casi normales esos viajes de ida y vuelta a la farmacia, cuestión que llueve sobre mojado, y que el único a quien la lluvia salpica es al pueblo.

La máxima voltariana de que no siempre podemos complacer, pero siempre podemos hablar de manera que complazca, resulta ineficaz aún cuando se empleen las palabritas más amorosas, si lo que trasmiten estas es “lo siento, pero debe volver al médico para que le haga una nueva receta, porque…” el cuño no se ve bien.

O cuando  el receptor del mensaje decodifica que no trajo  el método, y el despachador, que rara vez lo pide, ese día recuerda que está incluido en las normas.

(Tomado de la ACN)

Editado por Martha Ríos
Comentarios
Deja un comentario
  • En Contacto 25-08-19
  • En Compañia del Doctor 25-08-19
  • El Mundo de la Filatelia 25-08-19
  • Agenda 21 24-08-19
  • Entre Cubanos 23-08-19
  • Opiniones de radialistas de la CMHW, en Villa Clara
Contador de Visitas

6281261

  • Máximo: 19729
  • Ayer: 3532
  • Hoy: 2055
  • En Línea: 124
  • Total: 6281261