Continúa disminución de hielo en la Antártida

Foto:Internet.

Por: Lorenzo Oquendo

En el extremo sur del planeta está la Antártida, superficie cubierta de hielo que disminuye sistemáticamente por aumento del calentamiento global provocado por los gases de efecto invernadero del cambio climático.

En estos tiempos la Antártida perdió 40 gigatones de hielo equivalentes a 40 mil millones de toneladas de pérdida en su capa helada que incrementa simultáneamente el nivel del mar.

Con una superficie de 14 millones de kilómetros cuadrados en este continente más austral de la tierra las estaciones meteorológicas registraron altas temperaturas en el segundo mes del presente año que provocaron derretimientos generalizados en los glaciares cercanos.

Se conoció igualmente que una ola de calor azotó durante nueve días del mes de febrero de este año el extremo norte de la Antártida donde se derritió una cuarta capa de la superficie de nieve con perjuicio del ecosistema donde las colonias de pingüinos desaparecieron en más del 75 por ciento durante el último medio siglo como resultado del cambio climático.

Los pingüinos, focas y ballenas dependen para su alimentación del Krill, un pequeño crustáceo de tres centímetros de largo y dos gramos de peso parecido al camarón, que se desplaza por el océano en grandes bancos que comienzan a disminuir precisamente por los derretimientos de hielo.

El Krill antártico como información adicional puede convertirse en uno de los alimentos más importantes del futuro por sus propiedades nutricionales y terapéuticas en su contenido especial de aceite que combina ácidos grasos homega tres, fosfolípidos y antioxidantes de fundamental importancia para el sistema celular de la salud humana.

Sin embargo, el Krill también está impactado en áreas como la Antártida en constante pérdida de hielo por alta temperatura global que perjudica no solo a la especie animal de ese continente más austral de la tierra, sino igualmente a la Humanidad que puede beneficiarse alimentariamente con esos crustáceos, pero de manera contradictoria son los propios humanos los generadores del envenenamiento atmósferico que devasta regiones como la Antártida.

Editado por Bárbara Gómez



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