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Una obra de arte para no ser cómplices del silencio

Acción perfomática del momento en que es trasladado el prisionero fuertemente encadenado hacia su visita con el abogado, durante la inauguración de la instalaci

Acción perfomática del momento en que es trasladado el prisionero fuertemente encadenado hacia su visita con el abogado, durante la inauguración de la instalaci
La Habana, 7 abr (RHC) En el Museo de Bellas Artes, en la capital cubana, una instalación del artista de la plástica Kcho, replica en dimensiones exactas la celda de castigo de 15 por 7 pies conocida como El Hueco, donde los Cinco héroes cubanos permanecieron durante diecisiete meses...

Cinco cubanos: Fernando González, René González, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero y Ramón Labañino, además de asistir a un juicio desleal, en el que se les condenó sin pruebas, permanecieron en la Unidad de Albergamiento Especial conocida como El Hueco, en el Federal Detention Center de Miami, por 17 meses, a pesar de que el reglamento de prisiones de Estados Unidos considera 60 días el tiempo máximo de castigo. ¿Qué hicieron? Defender a su país del terrorismo que se gesta y se financia desde Miami.

En el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, una instalación de uno de los más grandes exponentes de la plástica contemporánea cubana, Alexis Leyva Machado, Kcho, replica en dimensiones exactas El Hueco e invita a los visitantes a experimentar durante cinco minutos la vivencia de permanecer envuelto en un overol anaranjado y encerrado en el breve espacio de una celda de aproximadamente quince por siete pies.

Por supuesto, hasta a la magia del arte se le escapa la posibilidad de replicar la desesperación, la soledad, la tristeza de un día tras otro en aquellas condiciones, la indignación, la furia, la impotencia, pero «No agradezcan el silencio», la obra que Kcho acaba de inaugurar, me recordó inmediatamente una pregunta retórica de cierta canción de Silvio Rodríguez: «¿Qué silencio en nosotros ha colgado inocentes?».

Y es que somos culpables de lo que no decimos, cómplices de lo que callamos, pues la injusticia levanta muros de silencio para pasar inadvertida, pero Kcho, martiano, fidelista, creador, se levantó sobre una certeza sin fronteras para convertir una idea en un hecho y, otra vez, el arte en una poderosa herramienta de la verdad.

La certeza, martiana: «¡Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército!». La idea la planteó René González, uno de los cinco cubanos víctimas del rencor y la hostilidad imperialistas contra esta pequeña islita insurrecta.

El arte, puesto al servicio de la libertad, honesto, bello, ha abierto un espacio para la reflexión, para ejercer el legítimo derecho de saber, de leer, de pensar, de exigir justicia…


Para ellos, que regresaron a casa luego de cumplir íntegramente sus condenas, la libertad solo será completa cuando la compartan con sus hermanos, por eso agradecen este «hueco» que va contra la venganza y apela a la conciencia y la sensibilidad humanas.

«Yo creo que es una acción plástica de mucha importancia y le agradecemos a Kcho y al Museo por haber dado la facilidad para que se hiciera aquí», afirma Fernando, y agrega: «Creo que es muy importante en la lucha por traer a Gerardo, a Ramón y a Tony que las personas que visitan el Museo tengan la posibilidad de experimentar por unos minutos las condiciones en las que nosotros estuvimos por diecisiete meses, porque por mucho que se hable y que se describa con palabras, dibujos o pinturas, no es lo mismo que experimentar la sensación… Algunos conocerán ya del caso, tendrán ciertos detalles; los que no lo conozcan, van a impresionarse y van a tener la curiosidad de saber; y lo que les pediría es que se documenten sobre los hechos del caso y que continúen en la lucha, estoy seguro que después de esta experiencia van a sentirse un poco más cerca del caso y van a contribuir a la lucha de una forma u otra».

René consideró: «Lo más importante de esta muestra es que tenemos que recordar que hay tres hermanos que pueden ser llevados a esa situación cada vez que se le ocurra al gobierno norteamericano, y eso es lo que debemos impedir, esperamos que esto sea un instrumento para que ellos regresen a casa. Siento que mientras ellos no estén aquí, seguimos Fernando y yo presos junto con ellos y tenemos que traerlos».

«Yo creo que la muestra de por sí tiene el impacto que necesitamos, creo que las personas sensibles sentirán lo opresivo de la situación y se sentarán a pensar, y se darán cuenta de que cuando nosotros demandamos justicia, estamos hablando de cosas como estas; de que cuando pedimos que se ponga fin a este abuso, estamos hablando de cosas como estas.

Yo estoy seguro de que las personas van a reaccionar como lo han hecho muchos jóvenes que durante este proceso de construcción han estado junto a nosotros, y que con tan solo la explicación o un pequeño esquema de las condiciones en que estábamos, han reaccionado con indignación.

«Aquí vienen muchos norteamericanos, ya hemos visto algunos de ellos, se han dirigido a nosotros con muestras de apoyo por Los Cinco, algunos conocen del caso y yo creo que es importante que ellos vean la situación en la que su gobierno nos mantuvo y que por lo menos cuando salgan de aquí, traten de informarse sobre el caso, porque nuestro propósito desde hace quince años ha sido que el pueblo norteamericano conozca del caso, que el pueblo norteamericano sepa que nosotros éramos supuestamente individuos muy peligrosos para la sociedad norteamericana, para su sociedad, y sin embargo, a ellos se les negó el conocimiento del caso en el que fuimos juzgados en Estados Unidos, y creo que cualquier persona con una capacidad mediana se preguntará: bueno, ¿y por qué a mí se me negó el conocimiento de este tema? Esperamos que el pueblo norteamericano, que el norteamericano común se interese y hurgue en el caso. Yo creo que la persona que entre al caso con honestidad, al final saca las conclusiones correctas».

Tony y Adriana, dolor y valor compartidos

Los testimonios de Fernando y René y los dibujos de Antonio Guerrero fueron las más importantes fuentes de información que sirvieron al empeño de Kcho de recrear con la mayor exactitud El Hueco.

Los familiares de Los Cinco, madres, hijos, esposas, manifestaron la radical diferencia entre escucharlo y verlo, aunque sea brevemente. Tony, el hijo de Antonio Guerrero, declaró:

«Realmente es impactante, uno se emociona muchísimo cuando ve el lugar donde mi padre permaneció diecisiete meses en confinamiento solitario, y después de los diecisiete meses, pues una y otra vez en la prisión de máxima seguridad donde permaneció alrededor de ocho años, es una injusticia lo que se ha cometido y lo que se sigue cometiendo.

Para mí y para todos los familiares que han pasado por ese pedacito de ahí es algo muy fuerte y muy impactante y nos sentimos muy emocionados al escuchar las palabras de Kcho, al explicar esta obra, al explicar sobre la llamada que le hizo mi padre, sobre las muchas más obras como esta que se pueden replicar para comentar todas las situaciones que ellos han afrontado en estos largos años.

Agradecerle también a René, a Fernando, a todos los que hicieron posible que esta obra tuviera lugar aquí en este magnífico Museo de Bellas Artes. Las personas que ahora pueden entender un poco lo que sufre un hombre en una prisión solitaria, esto es una muestra de lo que ellos han pasado y de lo que pueden seguir pasando».

Así mismo, con una fuerza que parece inagotable, Adriana, la esposa de Gerardo, expresó: «Lo más significativo es que es un escenario, es un lugar al que todavía ellos pueden ser llevados de forma arbitraria.

Remontarnos a ese tiempo atrás en el que todos sufrimos muchísimo, pero en especial ellos, porque tres de ellos, Gerardo, Fernando y Ramón tenían total incomunicación con la familia por tener falsa identidad, el pecho se te encoge de imaginarte cómo en un espacio tan reducido, cómo en esas condiciones, cómo con esa humedad, con ese frío que aunque no se siente aquí, Fernando contaba que eran momentos de mucha frialdad, que ellos hayan vivido diecisiete meses, pero no solo que lo hayan vivido, que lo hayan aguantado con la misma entereza con que han aguantado estos dieciséis años, para mí fue un impacto, yo ese sentimiento no lo puedo describir. Hace muchos años intenté hacer lo mismo en el baño de mi casa y aunque pude aguantar unas cuantas horas, el saber que tienes la libertad y la posibilidad de abrir la puerta y salir cuando tú dispongas, cambia por completo lo que tú sientes ahí dentro.

Verlo en un instante, por supuesto, fue remontarme a ese tiempo, volver a vivir un momento difícil, algo que nunca vamos a olvidar, pero que tampoco queremos que nos siga haciendo huellas más allá de las que ya tenemos; por lo tanto, como ha dicho Kcho, es un lugar para reflexionar, para entender por qué Cuba sigue resistiendo, por qué Los Cinco pudieron resistir, a pesar de todas las presiones, de todas esas torturas psicológicas, a pesar de todo el empeño por negociar sus principios, aquí podemos entender la clave».

Adriana y René, el sacrificio y la felicidad

¿Por qué un artista de la talla de Kcho haría una obra como esta? ¿Por qué vale la pena vestirse como un preso y trancarse cinco minutos en una celda? ¿Por qué sentarse en un pupitre de madera a leer sobre cinco hombres a los que uno no conoce? ¿Por qué insistir en un caso que ya agotó todas sus posibilidades jurídicas?

La propia obra tiene las respuestas: porque es un memorándum de la infamia y la venganza que pretende generar honestidad y nobleza; porque no es sobre el resentimiento del pasado, es sobre el desafuero del presente y por un futuro inmediato de justicia.

Porque ayuda a comprender mucho más que a cinco hombres, a un pueblo testarudo, incorruptible, del que son hijos esos incorruptibles y testarudos tipos que han dejado la juventud, la mitad de la vida, por defender a once millones de hermanos que no conocen.

En cada milímetro de este Hueco tocado por el arte, en las acuarelas de Antonio Guerrero, en la literatura sobre Los Cinco, en la experiencia como un todo, se iluminan las razones de Adriana: «Por mucho que se intente, habrá personas inconformes, disgustadas, insatisfechas, pero nuestros principios valen mucho más que eso, vale mucho más nuestra dignidad, nuestra voluntad de ser firmes ante cualquier intento por doblegarnos, así que yo espero que para todos los que puedan visitar el lugar, no solo cubanos, sino también los extranjeros, puedan entender por qué con Los Cinco no pudieron, por qué con Cuba hoy no se puede».

Y las compensaciones de René: «Por un lado nos trae los recuerdos del maltrato, de todo lo que se trató de hacer para romper nuestro espíritu, pero por otra parte también siempre digo que nosotros éramos felices antes de entrar al Hueco y salimos de allí siendo felices, porque la felicidad nuestra no está en manos de nadie, ellos nunca tuvieron la fuerza moral para rompernos a nosotros y nada de lo que hicieron, ninguna de las fuerzas que aplicaron, ninguna cantidad de abusos les permitió alcanzar el nivel moral que tenemos nosotros».
Editado por Bárbara Gómez
Comentarios
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ARIANA dijo:

HUMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM

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